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El 23 de septiembre, Derimán Alemán (29 años), un interno de la prisión Las Palmas II en Gran Canaria, falleció durante su traslado al hospital en un furgón de la Guardia Civil. Su hermana Nisa relata sus últimas horas. “Llevaba tiempo diciéndome que le dolía el cuerpo, que tenía dolores en el pecho, en la espalda, en el estómago. No podía caminar, tenía los labios y las fosas nasales violetas... Pedía médicos, pero los funcionarios le decían que se aguantara”. Pasó días entre dolores hasta que fue demasiado tarde. Han transcurrido ocho meses, y Nisa Alemán mantiene su lucha en los tribunales y contra la deficiente atención médica en los centros. “Sufría de trastorno esquizoafectivo, y eso le hizo verse involucrado en delitos menores que pagó con su libertad”, recuerda. “Por eso, me tranquilizaba pensar que estaría más seguro en prisión. Pero fue precisamente allí donde perdió la vida”. Su fallecimiento le ha impulsado a reclamar cambios en la gestión de los centros penitenciarios. “Casos como el de Derimán suceden más de lo que nos imaginamos”.
La productora Andalucía Digital Multimedia (ADM) fue condenada el 19 de agosto de 2024 por la Inspección de Trabajo por acoso laboral a una de sus trabajadoras, una infracción administrativa muy grave que llevó aparejada una sanción de 7.501 euros, que fue confirmada por la Viceconsejería de Empleo de la Junta de Andalucía en septiembre del año pasado. Esta es la empresa que más programas produce para Canal Sur y cuyo consejero delegado, Gustavo Fuentes, está siendo investigado por un Juzgado de Violencia contra la Mujer de Sevilla por delitos de agresión y acoso sexual sobre una de sus reporteras. En su denuncia, la víctima también incluyó el delito de acoso laboral, pero el instructor determinó que ese tipo penal quedaba fuera de sus competencias, indican fuentes conocedoras del caso. La sección sindical de CC OO en RTVA, que fue quien impulsó la investigación de la inspección de trabajo contra la empresa ―no contra sus responsables―, puso en conocimiento de la dirección de la entidad pública la sanción y le trasladó el malestar por el clima laboral dentro de la productora, instando a que adoptara medidas, pero no respondió a su petición.

Aurora es víctima de violencia machista y, cuando por fin se atrevió a denunciar, no sabía que los procesos son tan lentos que la espera acabaría siendo una compañera más en casa. A eso se dedica: a esperar. Su nombre es ficticio porque vive aterrada. Para su caso, se pidió una valoración del equipo técnico del juzgado, formado por un profesional de la psicología y otro del trabajo social. Un documento que certificará el daño que ha sufrido, cómo la violencia la ha atravesado y qué consecuencias ha tenido en su vida. Estuvo ocho meses esperando a que le realizaran esa valoración. Han pasado otros tres desde entonces, esperando el resultado sin saber nada. Su caso no es aislado: la saturación en muchos de estos equipos genera retrasos insoportables en los juzgados, que pueden llegar a superar el año en procesos por violencia machista y sexual, e incluso los dos años en tribunales de familia, para asuntos como la custodia de los hijos en casos de divorcio.
Los mensajes de la vicepresidenta primera de la Generalitat, Susana Camarero, el día de la dana en un chat de altos cargos revelan detalles inéditos de cómo fue la jornada que dejó 230 muertos en Valencia el 29 de octubre de 2024. Estas son las principales conclusiones del análisis de estas misivas que la dirigente autonómica ha aceptado entregar a la jueza de Catarroja que indaga la desgracia, Nuria Ruiz Tobarra, después de declarar ante ella como testigo.
Vega (Córdoba, 47 años) escribe al periodista un largo mensaje de texto poco después de colgar: “Por primera vez en mi vida quiero calma y luz. Ya vitalmente”. Una de las artistas más inclasificables y genuinas de la música española, una de las cantantes y compositoras más respetadas, decidió hace muchos años inventarse un carril propio y no el que la industria le ofrecía; precisamente ella, que hizo fama en Operación Triunfo. El resultado es una relación más cómplice con su público, discos y canciones que salen sin la injerencia de directivos y un sello suyo, La Madriguera, con el que trabaja a destajo.
El término love bombing —o bombardeo amoroso— se ha adentrado con fuerza en el léxico relacional gracias a las redes sociales. Aunque el concepto data de 1970 y se vincula a la Iglesia de la Unificación, una organización frecuentemente señalada como secta que empleaba demostraciones intensas de afecto, elogios y atención para atraer e incorporar nuevos miembros, se ha trasladado a las relaciones amorosas cuando alguien muestra su afecto de manera excesiva desde el primer momento. Precisamente cuando las amistades cobran más fuerza que nunca al esforzarse cada vez más mujeres por no poner las relaciones románticas en el centro de sus vidas, el love bombing da paso al friend bombing es decir, al bombardeo de la amistad. Este comportamiento puede manifestarse mediante mensajes constantes, el empeño de pasar juntos cantidad de tiempo o confesiones íntimas prematuras. Y así, de la noche a la mañana, dos personas que apenas se conocen pasan a ser mejores amigas.
No hay ningún motivo para asumir como una fatalidad la entrada de un partido como Vox en gobiernos autonómicos y quizá algún día en el Gobierno de España. No es inevitable. Que hay alternativas lo demostró el martes el socialista Álvaro Sánchez Cotrina, jefe de la oposición en el Parlamento de Extremadura, donde el Partido Popular decidió pactar con la formación de Santiago Abascal tras las elecciones del pasado diciembre.

Hace unos días, en un vuelo a São Paulo, entré en el avión muy tarde y, cuando llegué hasta mi plaza, había en el asiento una niña. No era una aparición. Se llamaba Antonela. Era una niña minúscula y morena, de pelo crespo y ojos negrísimos, vestida con un pijama peludo de color rosa tachonado de estrellitas blancas. Tenía un año y medio y viajaba a Brasil con su mamá de vuelta a casa tras haber visitado a unos parientes en Portugal. Al ver a Antonela, que me miraba fijamente, no pude dejar de sucumbir a su desarmante belleza, pero tampoco dejar de pensar con una cierta contrariedad: “Qué viaje tan difícil me espera”.
Vivimos en una era de escasez fabricada. En un mundo más rico que nunca, más de una décima parte de la población mundial sigue viviendo en la pobreza extrema. Millones de personas no pueden permitirse alimentos suficientes, vivienda o atención sanitaria básica, mientras una ínfima minoría acumula niveles sin precedentes de riqueza y poder. Al mismo tiempo, las sequías, los megaincendios, las inundaciones y las olas de calor nos recuerdan que nuestras economías están empujando al planeta más allá de sus límites.