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La Audiencia Provincial de A Coruña juzga estos días el caso de quien podría ser el afortunado con menos suerte del mundo. Se trata de un vecino del barrio coruñés de Monte Alto que selló en 2012 una Primitiva bendecida con 4,5 millones y nunca lo supo. Murió apenas dos años después de que aquel boleto se quedase en la administración de loterías del centro de la ciudad a la que acudió para comprobar si le había tocado algo. El tribunal deberá decidir si condena al lotero de ese establecimiento, Manuel Reija, por estafar a su cliente y apropiarse del resguardo para luego cobrar el premio. Con él se sienta en el banquillo su hermano Miguel, acusado de ayudarlo en el engaño aprovechando su cargo de delegado de Loterías del Estado en A Coruña y las brechas de un sistema que él conocía bien.

En el archivo personal del criminal de guerra Vjekoslav Luburić se puede leer: “El escudo croata está compuesto de 25 campos cuadrados en cinco líneas horizontales y cinco verticales. Los cuadros son blancos y rojos alternativamente”. Desde 1976, siete años después de su asesinato, tal escudo adorna la tumba de Luburić en el cementerio de Carcaixent, a 48 kilómetros de Valencia. Hasta ahora: el Gobierno acaba de incluir este inquietante panteón en el Catálogo de Símbolos y Elementos contrarios a la memoria democrática. El escudo debe ser retirado de inmediato y el lugar incorporará paneles informativos sobre las actividades del muerto: las matanzas de serbios, judíos, gitanos…en los campos de concentración de la Croacia aliada del nazismo durante la Segunda Guerra Mundial. Maks (el carnicero) Luburić sorprendió por su determinación y violencia hasta a los jerarcas del III Reich.



Laia Bonet (Valls, 54 años) es la primera teniente de alcalde del Ayuntamiento de Barcelona. La mano derecha del alcalde Jaume Collboni es la responsable de las políticas de ecología, urbanismo y movilidad.

El 6 de octubre de 1970, el buque de perforación en aguas profundas Glomar Challenger regresó al puerto de Lisboa, Portugal, con un cargamento que cambiaría la historia. Durante su viaje de 54 días, el Challenger había perforado 28 agujeros en el fondo del mar Mediterráneo. Las muestras recuperadas apuntaban a una conclusión sorprendente: hace unos 6 millones de años, el mar se había convertido en un desierto: una vasta cuenca árida y salina de más de dos kilómetros de profundidad. Medio millón de años después, el océano Atlántico irrumpió por lo que hoy es el estrecho de Gibraltar y desató la mayor inundación de la historia.



Fatih Akin es lo más parecido que tiene Alemania a Pepito Grillo. El cineasta, nacido en Hamburgo hace 52 años, de familia turca, lleva décadas susurrando al oído de su país las cosas que están mal, los traumas que no han logrado superar y las huellas del pasado que atenazan sus decisiones en el presente. Desde que lograra la fama con su cuarto largometraje, Contra la pared (2004), Akin no ha levantado el pie del acelerador. Ha cambiado de géneros (thriller, infantil, drama histórico) y de formato (documental, ficción); sin embargo, no ha perdido la rabia, su pulcra forma de rodar, ni su potencia. Y todavía, cuando se apagan las luces de las salas, el público oirá su cuchicheo: “Así hemos llegado hasta aquí; así somos”.


Un sol sonriente que dice: “¿Nuclear? No, gracias”; los pañuelos blancos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, y los verdes, símbolo de la lucha por el derecho al aborto en Argentina; una bandera con seis franjas: roja, naranja, amarilla, verde, azul y morada; una bata blanca con una pintada: “Sanidad pública”; una pancarta que exclama: “¡Manolo, la cena te la haces solo!”... Todos, símbolos reconocibles de movimientos sociales, algunos con muchas décadas de trayectoria. Estas reclamaciones forman parte de la historia, la que construyen los ciudadanos, no la que se escribe en los centros de poder, desde la oficialidad. Una memoria que merece ser guardada, cuidada, difundida y reconocida. Con estos objetivos, surge en 2021 en España el Archivo Histórico de los Movimientos Sociales (AHMS), aunque no es hasta 2025 cuando echa a andar con el nombramiento de su directora.



Estamos de celebración: cuatro meses después, una serie española producida por RTVE llega al horario de máxima audiencia de La 1. Hemos tenido que esperar hasta abril para que la televisión pública apostara, por fin, por llevar una serie española de producción propia a su prime time (programó Anatomía de un instante en febrero, pero fue una adquisición de Movistar Plus+). La elegida —en realidad, casi la única opción que tenía, porque solo tiene en cartera la coproducción Los 39 y, en rodaje, el policiaco Rojo sobre blanco, y pare usted de contar— ha sido Barrio Esperanza, que, tras su estreno este domingo, se emitirá los miércoles después de La Revuelta.


“Necesitamos ganar un título”, venía proclamando en público y en privado Diego Pablo Simeone durante los últimos meses. El sábado, en la sala de prensa del estadio de La Cartuja, con el dolor de la derrota en plena digestión, volvió a reiterarse cuando le demandaron que ejerciera, con uno de sus mensajes totémicos, de sanador y revitalizador del club, del vestuario y de los 25.000 hinchas rojiblancos desolados que asistieron a otra de esas tragedias que ya marcaron a fuego la historia del Atlético en otras finales pérdidas. “La gente no necesita mensajes, la gente necesita ganar”, zanjó con sequedad el preparador argentino.
De pronto un relámpago tremendo y feliz de la memoria en Sevilla: aparece en la televisión un hombre ya mayor en el palco del estadio de La Cartuja, parece que grabando con el móvil las celebraciones de los jugadores de la Real Sociedad. Conserva buen pelo y una mandíbula clásica, hollywoodiensemente dibujada, que no deja espacio a la duda: ese hombre alto y bien parecido es el responsable de que el portero de la Real, Unai Marrero, lleve la camiseta retro elegida para la final, responsable directo también de que la Real ganase la final de 1987 al Atlético y en los penaltis, responsable de que España llegase a la final de la Eurocopa en 1984 tras un torneo memorable empañado por una tragada en un disparo de Platini en la final; es, por encima de todo, un mito cuya fama en los 80 llegaba todas partes, y quien se ponía en la portería de cualquier colegio de España se exigía, también, el deber de ser él, el deber de ser Arconada.
Marie-Louise Eta debutó el sábado como primera entrenadora del Unión Berlín. Fue la primera vez que una mujer dirigía un banquillo de uno de los clubes de las cinco grandes Ligas europeas masculinas. “Espero que en los próximos años todo esto sea aún menos importante y que solo el fútbol sea el factor decisivo”, afirmó la técnica, de 34 años, antes de su estreno, en el que perdió 1-2 ante el Wolfsburgo. El nombramiento de Eta, una exfutbolista de élite alemana que hasta ahora estaba al frente del conjunto sub-19 del club y que ya contaba con experiencia como asistenta en el primer equipo, ha ocupado titulares en la prensa de todo el mundo. Su caso ha sido un hito y, como tal, una excepción. “Es histórico, un paso enorme hacia la igualdad de género, el respeto y el reconocimiento de competencias. Y una visibilidad que ayudará a nivel social a educar, a normalizar: si ya es visible, ya pasó, entonces es posible para cualquier otra mujer”, reivindica Vero Boquete, la primera mujer española en ganar la Champions y jugadora del Como. Natalia Arroyo, entrenadora del Aston Villa, coincide: “Es un hito y ojalá sea una puerta abierta. Es una maravillosa excepción, la consecuencia de un camino profesional que ha trazado muy bien y es el salto natural de cualquier entrenador. La diferencia es que se trata de ella, y no de él. Tenemos que subrayarlo como algo novedoso todavía, pero que ojalá sirva para abrir un escenario de futuro y que lo normalicen como un camino natural más: exjugadora, se forma y da los pasos adecuados para aprender hasta dar el salto”.