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Paz Padilla (Cádiz, 56 años) se muestra feliz, divertida ante la cámara, atenta con los periodistas y cercana con aquel que le dedica un segundo de su tiempo. Pero ese estado —en el que prima la emoción por la publicación de su nuevo libro, Alzar el duelo (HarperCollins Ibérica)— cambia en el instante en el que comienza la entrevista. El duelo, el recuerdo y los sentimientos florecen. También aparece Mari Paz, la persona que se esconde detrás del personaje y que en los últimos cinco años ha tenido que hacer frente a la pérdida de tres de las personas más importantes de su vida: su marido Antonio, su madre y su hermano Luis. “Sin darme cuenta, la gente me ha puesto como referente y me dice que el verme a mí superar mi duelo les ha ayudado a ellos”, asegura la presentadora de televisión.

Varias jóvenes se dan cita ante el portón cerrado de una escuela y posan, de espaldas o con los rostros cubiertos, enseñando sus libros de texto o las pantallas de sus teléfonos móviles durante una clase online. Segundos después, salen corriendo hasta perderse por las calles de Herat, en el oeste de Afganistán, temerosas de que lleguen los talibanes y terminen apaleadas y detenidas. “Es nuestra manera de protestar y de mostrar que seguimos intentando estudiar y aprender”, explica Soha, una de las jóvenes, pidiendo que su apellido no sea publicado.

En la franquicia John Wick, interpretada por Keanu Reeves, el actor encarna a un hombre oscuro, mercenario, justiciero, un asesino formidable que nunca deja vivo a su objetivo y al que, con terror, llaman Baba Yaga, que en la tradición rusa significa “aquel que reina sobre los bosques”. Devora niños y doncellas. A la vez, respeta a la naturaleza, de la que extrae sus dones mágicos. Es capaz de resucitar —como en la saga cinematográfica— de la muerte. “Los bosques rusos tienen tres veces más árboles que la galaxia que habitamos. Copan una quinta parte de los existentes en este orbe de agua y tierra”. Con estas frases arranca el ensayo The Oak and the Larch: A Forest History of Russia and Its Empires (el roble y el alerce: una historia del bosque ruso y sus imperios, 2026, editorial W. W. Norton & Company, sin traducción al español), en el que la profesora de Literatura Comparada de la Universidad de Cornell Sophie Pinkham ha examinado la relación entre Rusia y sus árboles.
Frente a libros trufados de autojustificaciones de elegantísima petulancia y sobreactuada equidistancia —pienso en La justicia amenazada, de Manuel Marchena—, el periodista Rafael Méndez practica la humildad descriptiva y conjetural de quien ha empezado a aprender algo y sabe que le faltan dos tercios del océano por explorar. Pero en lugar de esperar pacientemente a la era postantropocena para publicar sus hallazgos prefiere hacer camino al andar, como el otro santo varón, y hablar cuanto antes “de lo que no se habla”, como dice literalmente. Pese a la evidente exageración del título, que toma prestado de un artículo de Xavier Vidal-Folch, Los dueños del Estado ofrece múltiples argumentos para que el rótulo no sea solo un eslogan de márketing editorial sino un lujo genuinamente democrático.

Si hace unos días hablábamos de la broma que la compañía japones Capcom hacía a cuenta de la posible pertenencia de su nuevo juego, Pragmata, al universo Mega Man, una vez que el juego ha salido hay que reconocer que es de todo menos una broma: Pragmata es uno de los grandes juegos del año, una novedad excepcionalmente refrescante y una obra solidísima en lo narrativo que sabe innovar en lo mecánico. Un juego imprescindible, vaya.
Es Europa, es Asia. Es Estambul, bulliciosa y ecléctica, ciudad turca que huele a café, especias y humo. Por sus calles aún perdura el sabor de lo que fue el imperio bizantino, Constantinopla y todas las capas de sus 2.600 años de historia, que se mezclan con las propuestas de arte contemporáneo que aparecen en los rincones más insospechados de la ciudad del Bósforo. Este es un recorrido más allá de sus atractivos turísticos clásicos.
En las últimas semanas, el algoritmo de las redes sociales parece tener una fijación clara: Carolyn Bessette-Kennedy. La serie sobre su romance, Love Story: John F. Kennedy Jr. & Carolyn Bessette (Disney+), y el renovado interés por el minimalismo de los noventa han rescatado incansablemente las imágenes de su estilo. Y con ellas, el que sigue siendo uno de los vestidos de novia más influyentes, el que llevó en su boda secreta con John F. Kennedy Jr., celebrada el 21 de septiembre de 1996 en una pequeña capilla de Cumberland Island (Georgia), ante apenas 40 invitados. La pieza elegida fue un sencillo slip dress satinado en color perla, diseñado por Narciso Rodriguez, su amigo íntimo y entonces diseñador en Calvin Klein. Del enlace apenas se hizo pública una fotografía de la pareja a la salida de la capilla. Fue suficiente. Aquel vestido-camisón se convirtió en uno de los más copiados por las novias a lo largo de las décadas y en una tendencia eterna.
La adolescencia es un período de muchos cambios, tanto hormonales como físicos o psicológicos, que también afectan al descanso nocturno a partir de los 11 años. Los padres suelen achacarlo a la pereza o los malos hábitos de sus hijos, pero no es así. “El sueño de los jóvenes tiene características propias, como dormirse más tarde por la noche, necesitar entre 8 y 10 horas de descanso o no precisar de echar la siesta todos los días”, explica Ana Pérez, miembro del Grupo del Sueño y Cronobiología de la Asociación Española de Pediatría (AEP).

Poco a poco se empieza a notar la subida de la temperatura en toda España. Atrás quedaron los días de llevar abrigo, guantes y gorro y ahora con una camiseta básica y una chaqueta ligera es más que suficiente. Cuando estamos en casa, puede que con abrir la ventana un poco valga, pero cuando empieza a hacer más calor, hay que buscar otras soluciones.





Mientras en el semidesierto del Karoo sudafricano una constelación de antenas —parte del mayor radiotelescopio del mundo— rastrea el origen del universo, en España, investigadores analizan esas señales. Y también en ese semidesierto, empresas energéticas españolas desarrollan tecnologías que ya alimentan plantas solares en suelo sudafricano. Entre ambos extremos se dibuja una relación aún discreta, poco mediática, pero cada vez más relevante y permeada por la urgencia climática y la pugna por los recursos: la que une a España y Sudáfrica a través de la ciencia. Adaptando la máxima de Carl von Clausewitz, la ciencia opera como una continuación de la política por otros medios.