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Grandes esperanzas estaban depositadas en Digi. La filial española de la teleco low cost se estrenó el jueves con un desplome del 8%. Nada hacía prever el naufragio. La demanda se situaba en los 1.300 millones, unas cuatro veces el importe de la oferta, según las fuentes financieras consultadas, y el arranque fue fulgurante con una subida del 7% al marcar el primer precio. Pero la acción fue desinflándose con el paso de los minutos y se hundió al cierre un 8% en el peor estreno desde el de Ecoener en 2021. La última hora de negociación de Digi el jueves fue clave. Una avalancha de órdenes de venta perturbó la acción, mientras que Barclays, el agente de estabilización, fue incapaz de frenar el ataque. Este lunes, la operadora ha recuperado el precio de referencia.

Dos niñas se hacen amigas en una ciudad mexicana fronteriza con Estados Unidos. Son los últimos años noventa y la violencia que definirá la literatura del país durante las décadas siguientes (Roberto Bolaño, Emiliano Monge, Fernanda Melchor, Eduardo Ruiz Sosa, y la lista sigue hasta algo parecido al agotamiento) vive su apogeo. Las chiquillas se refugian en las melodías de las Spice Girls, en las personalidades prefabricadas pero rutilantes de esas cinco lejanas estrellas pop, mientras corretean por un barrio pobre en el que no faltan ningún ingrediente de la mitología del norte mexicano o del sur gringo: narcos, predicadores, feminicidios, alcohol e incluso un campamento gitano que representa la magia, la sensualidad, la otredad expiatoria. A esa mitología, que es estrictamente idéntica a la realidad, se acoge Elma Correa para construir la novela que ganó el premio Biblioteca Breve 2026.

“El barrio de Salamanca es un manifiesto político. Una concreción urbanística del proyecto liberal”. Así comienza este atípico libro, a medio camino entre la crónica y el ensayo, dedicado a una calle del Madrid señorial algo menos célebre que la Gran Vía: Ortega y Gasset, antes llamada Lista.

Los veranos de mi infancia sonaban a gaita. Empezaban con una toma aérea de una playa rocosa y una divinidad surgiendo de las aguas del Mediterráneo. Sabían a gelato de café en una copa de plástico, y olían a cuero y acero, como el que llevaban puesto los héroes de mis mañanas televisivas. Era suficiente con escuchar “en la era de los antiguos dioses, de los señores de la guerra” para viajar en el espacio y en el tiempo. De Bitonto en los años dos mil a la antigua Grecia, en una extraña mezcla de eras: desde la caída de Troya a los entrenamientos con Quirón, pasando por la regencia de Julio César y los vikingos.

El domingo noche, terminada la primera parte de la prórroga, las cuatro personas con las que vi el partido aprovecharon para ir a avituallarse a la cocina y me quedé sola, en la terraza de casa de un amigo, frente a la tele. “Va a ser ahora”, pensé. No había nada épico, ni lógico, ni místico en ese absurdo pálpito. Podría haber sido o no.
Remco Evenepoel se acuesta tarde el domingo porque, futbolista como ha sido, no puede perderse la final de un Mundial y aguanta hasta el último minuto de la prórroga el partido de la gloria española. “Fue una buena forma de relajarme para empezar el día de descanso”, dice en teleconferencia. Por la mañana, mientras él madruga, se monta en la cabra y se entrena en las laderas onduladas del lago Léman entre Évian y Thonon los 26 kilómetros de la contrarreloj del martes, y los turistas se empapan y refrescan con el aerosol del gran chorro del mismo charco en Ginebra, les deslumbra la luz y les alegra la vida la belleza de algunos Chagall alegres, ¡la cabra verde!, en una galería, no muy lejos de allí, a orillas de otro lago, en Annecy, Jonas Vingegaard, el brazo derecho sujeto con una venda, se embarca con una sonrisa en un avión con destino a Copenhague, donde el martes le operarán de su clavícula fracturada. Habla. Asume su error en la rotonda criminal al seguir la mala trayectoria de una moto, dice que el control antidopaje de la víspera a las dos de la mañana no ayuda pero que tampoco su la razón de su distracción y asegura que lo de la clavícula no es nada comparado con lo que se rompió hace dos años en el País Vasco.
El domingo, en el Plateau de Solaison, Evenepoel resistió dos ataques de Del Toro en los últimos 800 metros y batió a Pogacar. Es su primera victoria de montaña en el Tour, que le aúpa al segundo puesto en la general. Sin embargo, la etapa quedará marcada por la ambulancia que se llevó a Jonas Vingegaard, con la clavícula rota, cuando Visma articulaba el asalto a la subida final. Este evento inesperado y la victoria de Evenepoel están irónicamente relacionados: con Visma fuera de juego, el lanzamiento que el belga pidió y no obtuvo de Lipowitz hace nueve días se lo proporcionaron ayer sus rivales. El tempo de Pogacar tirando para Del Toro, y los dos arreones finales de este último (magullado tras la caída con Vingegaard) marcaron ritmo y momentum a Evenepoel; Pogacar, gastado tirando para su joven compañero, llegó sin margen, si es que quiso disputarlo.
La unión de la primera sílaba de Mallorca y las dos últimas vocales de Nicaragua forman Maüa, un nombre que fusiona al dedillo la relación entre dos continentes que representa la primera marca de chocolates bean to bar de la isla balear. Detrás de este proyecto están Jaume Martorell, oriundo de Palma y con experiencia profesional en la industria del chocolate, y Silvia Sánchez, del municipio nicaragüense de San Ramón en Matagalpa, quien creció entre cacaotales en la finca de sus abuelos. Para ella, el cacao es memoria, sabor y familia. Valores que ha llevado a la isla donde se crió su marido y que se ha convertido en su hogar, donde han formado una familia junto a su hijo Gabriel. En Maüa elaboran de forma artesanal tabletas y bombones con cacao fino de origen. Se pueden degustar allí y aprender los secretos del chocolate con sus experiencias. Pero sus productos tienen más recorrido, se encuentran en tiendas gurmet y en los mejores hoteles de la isla, donde el producto local es el más apreciado.
El verano invita a rodearse de objetos especiales, que acompañan en el día a día. Esta selección captura los destellos estivales e invita a imaginar nuevos tiempos y formas de descanso.
A. F. A.
Cristina Serrano
Maitane Huidobro
Rubén Cortés
Marina Marco