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Emiratos Árabes Unidos es uno de los mayores propietarios de yacimientos de petróleo del mundo, con una producción diaria cercana a los tres millones de barriles, según el último informe anual de la OPEC, la organización que une a los grandes productores. Desde hace una década, esta federación de siete emiratos intenta desengancharse del monocultivo del petróleo y rebajar sustancialmente su peso respecto al Producto Interior Bruto (PIB). “El pasado año logramos alcanzar el máximo en la historia de la nación, ya que el 85% del PIB procede de actividades no ligadas al petróleo, lo que supone un avance de 16 puntos en cuatro años”, resalta Abdulla Bin Touq Al Marri, ministro de Economía y Turismo de Emiratos Árabes Unidos, en una entrevista con este periódico en el marco de la última edición de la Feria Internacional de Turismo (Fitur).
Minneapolis amaneció este domingo desierta, con un aire fantasmal y aún incrédula por la versión dada por el Gobierno de Estados Unidos —todo indica que cuajada de falsedades— en defensa de los agentes de la policía migratoria de Donald Trump que la víspera mataron a un enfermero de 37 años mientras estaba en el suelo. También con una mezcla de rabia, indignación y cansancio tras casi un mes de resistencia al despliegue de 3.000 agentes federales que no son bienvenidos en estas calles.
El Gobierno de Estados Unidos está tratando desde el sábado de vender como un “acto de defensa propia” el hecho de que un grupo de agentes federales matara a tiros a un enfermero estadounidense llamado Alex Pretti en Minneapolis, cuya muerte ha desatado una fenomenal bronca política entre el Gabinete republicano y las autoridades demócratas del Estado de Minnesota. Pero incluso para el presidente Donald Trump, alguien que ha construido su carrera política sobre un muro de mentiras, esta vez no será fácil: el mundo entero ha visto ya millones de veces los vídeos de lo que sucedió. Y, a falta de conocer las revelaciones finales de la investigación, dejan lugar a pocas dudas.
La fecha, 2029, se ha convertido en un estribillo en boca de líderes políticos y militares europeos: el momento en el que Rusia podría estar en condiciones de atacar a un país de la OTAN y la Unión Europea. Es un horizonte cercano, solo tres años, quizá un poco después o un poco antes. Y las amenazas de Donald Trump a la occidental Groenlandia, territorio integrante de un país aliado como es el Reino de Dinamarca, no han hecho más que subrayar la vulnerabilidad en el flanco oriental. ¿Quién da por seguro ahora que Estados Unidos ayudaría a Europa ante una hipotética agresión rusa?

Los anuncios han vuelto a la televisión, a los periódicos y a las marquesinas de autobuses. “Comprométete”. “Convierte tus dudas en coraje”. “Francia se sumerge en un mundo inestable donde las crisis se multiplican”, anuncia una voz en el spot audiovisual. Tiene razón. El clima geopolítico es propicio y los teléfonos de la centralita del centro de reclutamiento de París, junto a la escuela militar y al imponente palacio de los Inválidos, donde reposan los restos de Napoleón, no deja de sonar. “Sí, aquí es…”, responde una de las recepcionistas, vestida con uniforme de camuflaje del Ejército de Tierra. En la misma sala esperan dos chicos jóvenes, de unos 20 años, para comenzar las entrevistas. “Quiero servir a mi país en tiempos difíciles”, dice uno de ellos, a punto de entrar en una sala para empezar el procedimiento de reclutamiento convencional para el ejército.



El Mezquital no es un barrio y tampoco una colonia. Surgió como tal, pero ahora es una superposición abigarrada de viviendas grises y techos de lámina en las afueras de Ciudad de Guatemala. Desde aquí, los edificios de la capital se ven a lo lejos como lucecitas, tan inalcanzables como las zonas ajardinadas, los centros comerciales o los centros de salud. Los viejos school bus amarillos irrumpen ruidosos y humeantes por la calle principal, con vecinos silenciosos que viajan con el teléfono móvil escondido. De aquí salieron las pandillas Barrio 18 y Salvatrucha, que han puesto en jaque al país y al Gobierno de Bernardo Arévalo, que ha declarado el estado de sitio. Aunque el decreto cumplió este domingo una semana en vigor, en las calles de El Mezquital solo aplican las viejas leyes de siempre: “Ver, oír y callar”.
La presentación que el yerno de Donald Trump, Jared Kushner, hizo el pasado jueves en el Foro de Davos del futuro de Gaza como una especie de Dubái lleno de rascacielos dedicaba una diapositiva al comité de tecnócratas palestinos que gestionará el día a día de la Franja. Pero el megalómano proyecto ha sido concebido tan lejos de Gaza que nadie se dio cuenta de que el nombre en árabe del comité era incomprensible: escrito de izquierda a derecha (el árabe va a la inversa) y con las letras desconectadas. Mientras Kushner hablaba de las oportunidades de inversión, los bombardeos israelíes en Gaza (que oficialmente está en pleno alto el fuego) mataban ese mismo día a cinco personas, un bebé perecía de hipotermia y cientos de miles se refugiaban de las lluvias y el frío en tiendas de campaña.

Desde que irrumpió en la escena global, la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, ha dado muestras de que tiene casi tanto de estrella del rock —tocó en una banda en su juventud— como de líder política. Calibra la comunicación, cuida cada imagen, se defiende en los tiempos brevísimos que exige la trituradora mediática de nuestra era.

El presidente de Esquerra, Oriol Junquera (Barcelona, 56 años), se pone la armadura para defender el acuerdo de financiación singular alcanzado con el Gobierno. La crisis ferroviaria, desatada por los accidentes en Córdoba y Barcelona, tensiona su relato sobre que vale la pena apoyar a un Ejecutivo si es útil para la ciudadanía. Este domingo ha pedido la dimisión del ministro de Transportes, Óscar Puente, y de la consejera catalana de Territorio, Sílvia Paneque.



La salida de vía de un tren de alta velocidad de la operadora Iryo (6189 Málaga-Madrid) el pasado domingo, invadiendo el gálibo de la contraria (vía 2) a las 19.43 horas, deja algunas evidencias y muchas incógnitas, que tratan ahora de despejar los miembros de la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF). El Alvia de Renfe (2384 Madrid-Huelva) que viajaba de frente no puede eludir de ningún modo el choque, nueve segundos después de que descarrilara el primer convoy, y salir despedido hacia un terraplén de cuatro metros de profundidad. El siniestro deja 45 víctimas y decenas de heridos.