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Terapia sin filtro es una comedia divertida. También es un drama muy penumbroso y complicado de digerir por los temas tan reales que trata: psicología, enfermedad, familia, muerte, duelo… Pero para Jason Segel, su protagonista y uno de sus cocreadores, en realidad todo se resume en las “conexiones”: “Mi pensamiento espiritual es que al final de nuestro camino lo único importante será las conexiones personales que hayas tejido”, explicaba a EL PAÍS el pasado diciembre: “Conversar y vivir en comunidad hace que no nos sintamos tan solos”.
Guatemala atraviesa un momento en el que el Estado está siendo puesto a prueba no solo por la violencia criminal, sino por la fragilidad acumulada de sus propias instituciones. La oleada en enero de motines carcelarios y asesinatos de policías no es solo un desafío de seguridad: recuerda hasta qué punto la corrupción, la captura del sistema judicial y el abandono social han erosionado la autoridad pública durante décadas. El Gobierno de Bernardo Arévalo se enfrenta hoy a las pandillas, pero también a un país que heredó un Estado deliberadamente debilitado.
El pasado día 10, Daniel Ortega cumplió 19 años consecutivos en el poder, superando con creces a Anastasio Somoza García, Tacho Viejo, fundador de la dinastía del siglo XX, quien gobernó Nicaragua durante 16 años y, después de su muerte, continuaron en el poder sus hijos Luis y Anastasio.
La Transición española orbita en torno a dos fechas. La primera, y más obvia, es 1978. Los antiguos griegos daban el mismo nombre al régimen que a la Constitución que lo rige, politeía, de ahí que el 78 se haya convertido en la referencia obligada. Nuestra norma fundamental fue la culminación formal de la que habría de derivarse toda nuestra arquitectura institucional tras años de dictadura.
Trump no es irracional. Es irreverente, obstinado y performativo. Un hombre fuerte, narcisista y con tendencias autoritarias, que solo entiende el lenguaje mercantilista. Utiliza la prueba y el error para condicionar a sus rivales, en una lucha por el poder y el protagonismo. Sus últimas acciones ayudan a definir los contornos de la nueva política exterior de Estados Unidos, y lo que nos exaspera no es la imprevisibilidad de sus acciones, sino que sean consecuentes con sus exabruptos, hablados y escritos.

La propuesta de financiación recién presentada tiene un incierto futuro. No está claro su recorrido legal, ni la disposición de las partes a aceptar cambios que acaben desnaturalizando lo pactado. Pese a los reproches de unos y otros, la propuesta presentada que se conoce no supone un nuevo sistema de financiación. No es singular para Cataluña. No sale ésta del régimen común. No es el fiel reflejo del acuerdo de investidura del presidente Illa. No es un pacto con concierto solidario. No se compromete con la deseada ordinalidad. No es tampoco la propuesta por la que trabajó durante casi un año la comisión catalana de reforma de la financiación que impulsó la Generalitat de Cataluña. No es un modelo basado en las capacidades fiscales de cada Comunidad. No incorpora responsabilidad fiscal efectiva en ingresos, migrando del modelo garantista de estimación de necesidades de gasto. No es cierto que salde los déficits de las balanzas fiscales y salga gratis a las comunidades ricas ya que tarde o temprano deberán pagar con impuestos los déficits públicos adicionales que genere.
Ojalá no tuviera que escribir hoy esta columna, porque eso significaría que las 45 personas que fallecieron en el accidente de Adamuz seguirían enredadas en sus vidas cotidianas. Unos estarían aguardando la nota de los exámenes de la oposición a la que se presentaron en Madrid y otros, saboreando los recuerdos de ese partido soñado en el Bernabéu. Todos estarían con sus familias y sus amigos, transitando por esas rutinas que a veces vivimos como un lastre, pero se convierten en un tesoro cuando constatamos que un drama como el vivido estos días puede fulminarlas de golpe. La tragedia de Córdoba nos marcará a todos, pero, paradójicamente, nos regala el mejor y más reciente ejemplo de cómo una ciudadanía más formada y solidaria, junto al trabajo de instituciones responsables y reactivas, puede convertir las redes sociales en el mejor instrumento de comunicación y apoyo en una situación de emergencia. Contrariamente a lo que sucedió en octubre de 2024, cuando la dana de Valencia arrastró casas, vidas y también una parte sustancial de la verdad, en esta ocasión el ruido no ha ganado la partida.

Lo podría llamar el contrato social del PAU madrileño. El crecimiento a base de barrios del tamaño de una capital de provincia como la inminente colonización de Los Berrocales promete a los compradores una nueva vida con garaje, piscina y jardín, a cambio de largas esperas hasta que funcionen los coles, centros de salud o el Metro. Sin embargo, hay algo aún peor. Los pioneros, quienes inauguran la zona, padecen condiciones extremas de las que poco se habla. Es la historia de madrileños como Virginia, Tonín, Juanma o Raquel, los primeros vecinos del último PAU (Programa de Actuación Urbanística) que se estrenó en Madrid, en marzo hará diez años, El Cañaveral. Literalmente, estos pauers empezaron un barrio desde cero, en mitad de la nada.


EL PAÍS puso en marcha en 2018 una investigación de la pederastia en la Iglesia española y tiene una base de datos actualizada con todos los casos conocidos. Si conoce algún caso que no haya visto la luz, nos puede escribir a: abusos@elpais.es Si es un caso en América Latina, la dirección es: abusosamerica@elpais.es