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Dónde nacemos condiciona nuestra mirada. Andrea Ropero (Binaced, Huesca, 43 años) lo hizo en una familia de agricultores que tuvo que exiliarse por la Guerra Civil. Estudió en Barcelona con las becas de la educación pública. Y no se rindió gracias a su abuela. “Pasé una época muy mala y estuve a punto de dejar la carrera. ‘Mi mayor pena sería morirme y no verte de periodista’, me dijo. Al final, me vio en La Sexta. Antes del informativo, llamaba casa por casa en el pueblo para avisar a los vecinos”. Al recordarlo, los ojos verdes le brillan un poco más.
Hace apenas unos días, la revista norteamericana Inside Hook publicó un contenido periodístico del todo infrecuente. Lo firma el escritor neoyorquino Jaed Coffin y viene a ser un elogio del hombre “normal” como alternativa al superhombre nietzscheano de las redes sociales, además de una exhortación a dejarse de tanto gimnasio, “madurar bien” y aceptar con elegancia la derrota que nos impone el paso del tiempo.

El ser humano —y no digamos ya el gallego, que posee la patente de la morriña— tiende a la nostalgia, la “tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida”, según la RAE. La melancolía es vaga por naturaleza, paralizante, y cualquier tiempo pasado no siempre fue mejor, por mucho que siempre será más agradable recibir una carta de amor escrita a mano que un sexting intempestivo en el WhatsApp. Quizá es mucho decir que las campañas electorales de antes nos causaran “dicha”, pero en las de ahora, claramente, ha habido pérdidas: sobriedad, buen gusto, sentido del ridículo... Desde que los comicios generales tienen fecha, cuesta diferenciar las jornadas de precampaña en redes de cualquier episodio de La hora chanante, y cada vez es más difícil distinguir la realidad de las desternillantes sátiras de El Mundo Today.

A la decisión del Tribunal Supremo, confirmando la suspensión cautelar del reconocimiento de nacionalidad realizado al amparo de la denominada Ley de nietos, se ha sumado el rechazo “por prematuro” del recurso de amparo ante el Tribunal Constitucional presentado por el Defensor del Pueblo. De este modo, todo apunta a que si el Supremo no adopta una resolución sobre el fondo de la controversia pendiente, avalando su corrección jurídica en tiempo útil, antes de que se celebren las elecciones generales el próximo 29 de noviembre (lo que resulta altamente improbable), las personas afectadas (unas 163.000) no podrán ejercer el derecho fundamental de sufragio.
¿Qué estará haciendo mi hijo? ¿Habrá ido a la mani? ¿Se habrá metido en algún lío? Son algunas de las preguntas que seguramente habrá inquietado a más de un padre o madre estos días al ver las imágenes de los graves altercados en Barcelona. Unas acciones que se convocan por redes sociales o por grupos de mensajería con cientos de personas y que las familias no acostumbran a controlar. “Las familias estamos muy preocupadas porque ves las imágenes de los disturbios y van a lo que van, a reventar cosas”, comenta Núria, madre de un adolescente a punto de cumplir 15 años.
La reforma de la ley de seguridad ciudadana, la conocida por sus detractores como ley mordaza, se ha convertido en la eterna asignatura pendiente de todos los gobiernos de Pedro Sánchez. Siempre prometida, pero nunca alcanzada. Durante la legislatura a la que acaba de poner fin el adelanto electoral, el proyecto ha navegado en una marejada de discrepancias entre los partidos que apoyan cambiar la norma hasta desembocar en una zozobra que se vislumbraba desde hace meses. A pesar de que, en octubre de 2024, el proyecto pasó su primer trámite parlamentario, en los dos años transcurridos desde entonces no ha llegado a reunirse la ponencia ―grupo de parlamentarios que estudian los proyectos legislativos antes de su envío a comisión y, si es aprobado, a pleno― precisamente por las diferencias entre los partidos que debían sumar sus votos para sacar adelante la iniciativa: PSOE, Sumar, EH Bildu, PNV, ERC, Podemos y Junts. Es la tercera vez que se frustra la reforma. En 2019, la causa fue la disolución anticipada de las Cortes. Y en 2023, el acuerdo sobre el texto entre socialistas, Unidas Podemos y los nacionalistas vascos fue rechazado por ERC, Junts, EH Bildu y BNG al considerarlo insuficiente.
Temor a la tribu, maltrato homosexual, obligaciones militares, miedo a la familia, disputas por una herencia e incluso amenazas en TikTok. La justicia ha comenzado a resolver ya los recursos con todo tipo de argumentos que los migrantes que están en Ceuta han desplegado ante la Audiencia Nacional, como última vía para lograr quedarse en España. La Sala de lo Contencioso-Administrativo ha denegado ya, al menos, 45 solicitudes de protección urgente, la mayoría de ellas de Marruecos (30), de acuerdo a los escritos que el propio órgano ha publicado.
Ramón Espinar (Madrid, 40 años) se sienta en las escaleras del Planetario de Madrid, posa para las fotos y comienza a hacer bromas con una locuacidad casi supersónica. Dice que empezó en política muy joven y que joven era cuando salió ella, aunque en la conversación todo girará en torno a ella. A veces da la sensación de que es de los que lleva la procesión por dentro y saca el humor como legítima arma de defensa. Habrá hueco para hablar de orfandad y enfermedad, pero enseguida se abrazará a la risa.


No hay más cabellos de lo habitual en el desagüe de la ducha y tampoco se aprecian nuevas entradas al apartarse el flequillo o recogerse la melena al llegar a casa. Sin embargo, al hacerse una coleta, la goma necesita una vuelta más. La escena resulta familiar: cada vez más mujeres sienten que tienen menos pelo. Concretamente, según un estudio sobre salud capilar hecho público esta semana por Iraltone, un 46% de mujeres refiere más caída en el último año y un 28% de ellas, menos densidad (frente a un 36% y 24% respectivamente de hombres). El censo publicado en 2025 por la Sociedad internacional de cirugía capilar registró un aumento del 16,5% en el número de pacientes femeninas sometidas a cirugía capilar entre 2021 y 2024. El dato no demuestra que haya más alopecia, solo que más mujeres llegan a tratarla. En España, la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) calcula que la alopecia androgenética afecta a entre el 5% y el 10% de las mujeres y subraya una diferencia esencial: que se caiga más pelo no siempre significa que se esté perdiendo densidad. Entonces, ¿tenemos menos pelo o estamos prestándole más atención?
La sociedad argárica perduró unos 650 años (2200 a 1550 a. C.) y se extendió por un territorio de unos 35.000 kilómetros cuadrados en las actuales provincias de Murcia, Almería, Granada, Alicante, Jaén y Ciudad Real. Se desconocen las causas de la desaparición de esta sociedad que debatía sus problemas en una especie de parlamento (un espacio de deliberación política que numerosos expertos consideran el primero de la historia), estaba dividida en clases sociales, sufría una enorme violencia social, dominaba la orfebrería y habitaba ciudades encaramadas en altozanos fuertemente protegidos.
