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Pocas personas han producido tanta diversión y felicidad en las últimas siete u ocho décadas como René Goscinny, de cuyo nacimiento se cumplieron 100 años el 14 de agosto. Fue el creador de Astérix y Obélix, que dibujaba Albert Uderzo; del infame Iznogud, que quería ser califa en lugar del califa, y a quien retrataba Jean Tabary; de Lucky Luke, el vaquero que era más rápido que su propia sombra y que dibujaba Morris; o del pequeño Nicolás, ilustrado por Sempé.
A veces lo único que nos hace falta es que alguien nos escuche. Descargar el dolor, la frustración o la rabia que nos produce algo. Así de simple. ¿Por qué digo esto? Porque es más común de lo que parece que lo que te encuentres sea a alguien que te diga “anímate” o “no te preocupes” o “no estés triste, mujer”. Pues claro que no quiero estar triste. Pero a lo mejor, solo a lo mejor, ese día concreto lo que necesito es descargar, es liberar una emoción y que no me la invalides. Nos ayuda a aligerar la carga emocional y nos da nuevas perspectivas, porque no hay nada como verte a través de los ojos de un amigo, de una pareja, o de un familiar para entender que probablemente aquello que te ocurre no sea nada del otro mundo y que la solución está más cerca de lo que creías. A veces la respuesta está simple y llanamente en la escucha activa de quien tenemos a nuestro lado.
A finales de 1956, tras una accidentada travesía a bordo del yate Granma, Fidel Castro desembarcaba en Cuba al frente de un pequeño grupo de revolucionarios, dando así el pistoletazo de salida a tres años de lucha guerrillera contra la dictadura de Fulgencio Batista. Uno de los instructores militares de aquella heterogénea fuerza combatiente era un antiguo oficial del Ejército Popular de la República española, el aviador Alberto Bayo Giroud. No en vano, veinte años antes, el entonces capitán Bayo, jefe de la Aeronáutica Naval de Barcelona, había organizado y liderado otro desembarco en una isla, la Mallorca de 1936.


Los Mossos d’Esquadra tienen previsto incorporar 14 equipos infrarrojos para analizar muestras de distintas drogas. Para ello, han comprado unos lectores portátiles basados en la tecnología Near Infra Red, NIR. La adquisición pretende aliviar la carga de trabajo de la policía científica de los Mossos, según consta en la memoria justificativa. La intención es que los equipos NIR puedan determinar el tipo de droga y su pureza en un máximo de cinco segundos, mejorando exponencialmente la eficiencia de los procesos tradicionales de los laboratorios de la policía científica.
En la fachada del ayuntamiento de Gori, una capital de provincias georgiana conocida por ser la ciudad natal de Stalin, todavía se pueden apreciar las marcas de decenas de disparos, cicatrices de la batalla que aquí enfrentó a tropas georgianas y rusas en 2008. Tras nueve largos días de ocupación, el Ejército ruso se acabó retirando de la urbe, pero no se alejó demasiado. Sus unidades están desplegadas a unos 20 kilómetros, aunque la frontera rusa reconocida por la comunidad internacional se halla a un centenar de kilómetros. Entre ambas demarcaciones se encuentra Osetia del Sur, una provincia secesionista de Georgia. Sumada a Abjasia, una región en una situación parecida, Moscú ocupa un 20% del territorio georgiano, un porcentaje similar al que controla en Ucrania.
En las localidades de Israel que sufrieron el ataque de Hamás en octubre de 2023, todo lo que llegue desde Gaza genera preocupación. Incluso si se trata, como en las últimas semanas, de cometas infantiles. Entre los kibbutzim de Beeri y Nahal Oz, a menos de un kilómetro de la Franja, han caído una decena en el último mes y el Gobierno de Benjamín Netanyahu ve detrás una estratagema de Hamás para testar sus límites. El domingo, amenazó con asesinar a los responsables y hasta con expulsar a la fuerza a la población de las zonas de donde salen las cometas. Cuatro días más tarde, la Junta de la Paz (el organismo presidido por Donald Trump que supervisa la aplicación de la tregua de Gaza) volvió a alinearse con las tesis de Israel y pidió el fin de “toda actividad militante” en el enclave palestino, “incluido el volado de cometas”. Desde entonces, se suceden en Gaza las imágenes de adultos rompiendo cometas enfadados o de niños llorando por no poder volarlas. Los comités populares (que administran los refugios y campamentos de desplazados) exhortan a los padres a impedir a sus hijos jugar con ellas “a fin de proteger sus vidas inocentes”.


Una niebla fría se eleva cuando Danielle Aparecida da Silva abre la puerta del congelador. Su mano, cubierta con guantes de plástico, toma un pequeño frasco con tapa de rosca. Dentro hay un líquido amarillento y blanco, congelado. Es leche materna.


