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Haga usted memoria. Piense en todas las películas o series que ha visto en su vida en las que aparecían prostitutas. Tal vez no reparó demasiado porque las prostitutas aparecían como un elemento más de la decoración de un club en el que los hombres hablaban de sus negocios o sus crímenes, que era el asunto crucial de la trama. Lo más habitual en esa lista que usted está haciendo es que las historias le vengan a la memoria asociadas a directores varones, porque los retratistas del mundo prostibulario han sido ellos. Prostitutas en comedias, analfabetas y graciosas, prostitutas que no cobran si se encuentran con un follador prodigioso, prostitutas que aparecen en fichas policiales, prostitutas que salen de una tarta, que se contonean en una barra, que se meten billetes entre las tetas, que son asesinadas junto al gobernador de turno, prostitutas de buen corazón, prostitutas que hacen su servicio junto a la cuna del bebé. Qué poco se nos contaba de ellas. Qué poco sabemos aun encabezando el ranking de más puteros de Europa. ¡Y el tercero a escala mundial!

1. En el aeropuerto internacional José Martí de La Habana hay una línea aérea con destino a otros países cuya fila tiene una reveladora peculiaridad: entre los pasajeros que se disponen a chequear, siempre hay varias familias que incluyen niños. Todos los días. Durante muchos días. Un empleado de esa aerolínea me ha dicho: cada semana se va un aula escolar. Cada dos meses sale del país una escuela, concluye. El dato, absolutamente empírico es, sin embargo, tan real que provoca, cuando menos, preocupación. La nación pierde así parte de su futuro y esa es una coyuntura que provocará muchas consecuencias.

Mientras José María Aznar (FAES) alerta del fin de la monarquía si Pedro Sánchez mantiene el poder, Iván Espinosa de los Monteros (Atenea) pide votar en la urna para evitar el sospechoso sufragio por correo. Mientras Jaime Mayor Oreja (NEOS) llama a la movilización electoral masiva, Ignacio Arsuaga (Hazte Oír) intenta colocar el aborto en la agenda. Mientras los propagandistas católicos reclaman una política de inspiración cristiana, un laboratorio de ideas alineado con Javier Milei difunde informes para rebatir que la economía vaya tan bien como dice el Gobierno.


Hubo un tiempo en el que Isabel Preysler logró que el Tribunal Constitucional y el Tribunal Supremo se enfrentaran. Y no fue la única. Los Albertos, Alberto Cortina y Alberto Alcocer —financieros, primos, casados ambos con las hermanas Koplowitz, empresarias españolas—, también propiciaron durísimos reproches entre ambos órganos. Hubo un tiempo, incluso, en el que el Supremo condenó a los magistrados del Constitucional a pagar una indemnización a un abogado. Cada miembro del tribunal tuvo que abonar 500 euros.

“No estamos pidiendo que se prohíba a los adultos comer en un McDonald’s. Preguntamos si es adecuado instalar una macrohamburguesería de estas características frente a un colegio con 2.200 alumnos”. Esta es la queja que un grupo de vecinos del centro de San Sebastián y padres de alumnos del Colegio Aldapeta María han planteado contra la próxima apertura de un establecimiento de la citada multinacional de comida rápida a escasos metros del mayor centro educativo de Gipuzkoa. “Entre todos tenemos que hacer algo para impedirlo. Está en juego la salud de nuestros menores”, afirma Ramón, vecino de la calle Lizarra, donde se ubicará el citado restaurante.

Tino, su hermano Ricardo y el sobrino de ambos siguen sin creerse que Manuel Moreno esté muerto. Los hermanos visten de riguroso negro. “Hasta que pase el dolor”, responden cuando se les pregunta hasta cuándo mantendrán el luto. Manuel, de 49 años, fue asesinado presuntamente por su compañero de celda, Ismael Boutaleb, el pasado 17 de septiembre. Según la investigación, le propinó una paliza. Fue hallado con una sábana alrededor del cuello. “Le dejó una cara…”, se lamenta Tino, tocándose a sí mismo el rostro. “No me quito de la cabeza que se podría haber evitado”, añade el hombre, de 39 años, que aún no entiende por qué ningún funcionario intervino antes en la celda 105 del módulo de sancionados de la cárcel de Quatre Camins, donde un preso de al lado declaró que escuchó a Manuel gritar y golpes durante una hora. “El culpable es él, que lo pague. Pero también la cárcel, y la Generalitat. Que acepten que se han equivocado”, se queja.

El Rey ha sido operado en la noche de este sábado de una catarata en el ojo izquierdo, según ha informado la Zarzuela a través de un mensaje. Felipe VI, que ha sido atendido en el Instituto Oftalmológico Fernández-Vega, en Oviedo, se encuentra bien y ya ha abandonado la clínica para regresar a Madrid hoy mismo.

Es una reunión de coordinación de equipos, como cualquier otra en una empresa en España. De repente, alguien encarga 10 kilos de melocotones “que queden bonitos en cámara” y otros preguntan si las algarrobas se pondrán pochas en el armario antes de emitir su reportaje. Por muy atípico que suene, algo así pasa cada semana en la reunión de atrezzo de Aquí la Tierra. Y quizás esa particularidad es por la que se ha erigido en el segundo programa más visto de TVE, uno que desde su estreno hace más de 12 años casi ha doblado su audiencia media.






El clamor es global. De Bangladés a la Plaza de la Bastilla, de Nueva Delhi y Madagascar a la Puerta del Sol y las calles de Tirana y Belgrado. Cuesta imaginarse sociedades y realidades económicas y políticas tan distantes, y reivindicaciones más dispares. Pero lo que comparten las manifestaciones de los últimos meses en estos países —algunos con economías precarias y dirigentes autoritarios y otros ricos y con democracias consolidadas— es algo muy real. Quienes protestan nacieron todos entre finales del siglo XX y los primeros años del actual. Son los jóvenes que crecieron con la crisis financiera de 2008 y la pandemia. Los que aprendieron a ser ciudadanos en un entorno digital. Los que llegan a la edad adulta en plena explosión de la inteligencia artificial con las oportunidades y amenazas que plantea. Lo que estos jóvenes reclaman tiene particularidades locales: la corrupción y el nepotismo de los gobernantes, el encarecimiento de la vida y el coste de la vivienda, la pérdida de oportunidades educativas o la precariedad laboral. Pero reflejan un malestar común. Las instituciones y los gobiernos se han revelado incapaces de responder a sus demandas y, para muchos de ellos, el futuro ha dejado de ser una promesa. Es una amenaza.
Era como una ciudad dentro de la ciudad, cuentan los historiadores del lugar. Había sido un convento y, después de la Desamortización, se transformó en la Fábrica de armas de La Vega. Estamos en Oviedo. A finales de los años veinte del siglo pasado el edificio de la Escuela de Artes y Oficios empezó a ser operativo. Hoy es testimonio de un pasado industrial que define la identidad de la comunidad del mar y la mina. En una de las aulas de la escuela se lee este lema en la pared: “El trabajo todo lo vence”. En el distribuidor del que salen las escaleras para subir al primer piso otro lema dirigido a los que aprendieron cifras, letras y un oficio: “Amad y respetad esta escuela”. La fachada es de ladrillo visto y para entrar en el edificio hay unas escalerillas donde el jueves se montó el escenario. Allí cantó Patti Smith. Allí esa viejecita princesa con trenzas infantiles y camisa de leñador no pudo disimilar su alegre emoción: el público que la escuchaba era un coro que acompañó su interpretación de People have the power. En el estribillo dejó que cantasen y ella incrustó algunas verdades: votad, manifestaros, creedlo. Momento mágico.