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Aunque a veces no lo parezca, la vida es insólita. Especialmente en sus detalles cotidianos. Basta pararse un minuto en cualquier esquina de cualquier ciudad del mundo y observarla con detenimiento. Al aplicar una cierta distancia en la mirada se descubrirán gestos y acciones que pasaban desapercibidos. Al asombro inicial de encontrarse con lo extraordinario le seguirá la aceptación de lo rara que es la realidad.
La noticia llegaba como una bomba el pasado día 21: Ubisoft cancelaba varios videojuegos en desarrollo y se precipitaba en Bolsa. ¿La razón? Una reestructuración profunda de la compañía por los recurrentes problemas de gestión, retrasos continuos y a la necesidad de reducir costes tras varios años de resultados financieros negativos. La noticia ha generado un fuerte malestar en la comunidad de jugadores y ha evidenciado la crisis interna que atraviesa la empresa, pero viene de un problema difícil de ignorar: al gigante francés no le salen las cuentas, y de una valoración bursátil de 11.000 millones de euros en 2018 ha pasado a apenas 606 millones hoy. Además, proyecta pérdidas de 1.000 millones de euros para 2026. ¿Qué hacer entonces?
Sarah Nyirongo estaba sola de guardia a las dos de la madrugada en una clínica de Lusaka cuando una mujer llegó con contracciones, a punto de dar a luz. El bebé venía atravesado en el útero. “Llamé a una ambulancia porque necesitaba ir a un hospital para que le practicaran una cesárea, pero no aparecía por ninguna parte, así que tuve que hacer una versión cefálica externa para intentar girarlo… y lo saqué”, relata Nyirongo, presidenta de la Asociación de Matronas de Zambia, en una entrevista por videollamada con este diario.
No hay lugar donde las criptomonedas no lleguen. El mercado crece, los inversores se multiplican y la industria atrae a nuevos actores a esta presunta mina de oro. Una de las vías de negocio que genera este hype es simple: atesorar bitcoin. Strategy, la tesorera que más bitcoins posee (un 3% del total), se ha convertido en un modelo para cientos de empresas en todo el mundo que acumulan activos digitales en sus balances esperando que se revaloricen, atraer inversores y comprar más criptos. Muchas firmas, startups y pequeñas y medianas empresas, quieren emular este modelo cotizando en Bolsa. En Europa ya hay varios ejemplos, y España no es ajena a esta tendencia. Cuatro compañías ligadas a los activos digitales han tocado a las puertas de BME el año pasado: algunas con el objetivo de debutar; otra, que ya cotiza, sopesa cambiar su modelo de negocio y virar hacia las criptomonedas, destacan fuentes financieras.
Muchos se llevaron las manos a la cabeza cuando Donald Trump anunció que Estados Unidos cerraría sus puertas a personas migrantes con obesidad. Tras la lectura de Grasa (editado en noviembre en España por Plasson e Bartleboom), del historiador estadounidense Christopher E. Forth, quizás no sorprenda tanto. Ya en el siglo XVI, “el filósofo Nicolò Vito di Gozze propuso que las ciudades deberían cerrar sus puertas a las personas gordas y monitorizar con detalle los cuerpos de las personas jóvenes, argumentando que no había que escatimar esfuerzos para promover hábitos saludables”. Para ello, incluso proponía un tiempo para dejar de amamantar a los bebés, no fueran a ser demasiado rollizos (18 meses para las niñas, dos años para los niños) y declaraba, inspirándose en la mítica Esparta, que si para los 14 años esos jóvenes no estaban delgados, había que deportarlos.
En el restaurante de la Hospedería Real (Carretera Factoría, Las Mestas) es un día de semana tranquilo. Es temporada baja y apenas hay turistas. Anastasio Marcos, El Tío Picho para los vecinos, es uno de los grandes productores de miel de la zona y todo un personaje local. Ataviado con un jersey de lana de pico y su mítico sombrero de ala, comenta con otros dos oriundos un atropello en Sevilla; sin saber cómo, la conversación deriva hacia la eutanasia y, a partir de ahí, enlazan un sinfín de temas rocambolescos.
Etiopía conserva una identidad cultural, religiosa y étnica única en el continente africano. Pero no es un país, sino varios dentro de unas fronteras históricas que han sufrido modificaciones a lo largo de los siglos, la última de ellas no hace mucho con la escisión de Eritrea (1993) tras una larga guerra civil. De entre esos países que habitan en uno mismo, el más singular de Etiopía es el gran sur, una de las zonas más fascinante del planeta desde el punto de vista antropológico. El extremo meridional es completamente distinto al norte. Para empezar, se asienta sobre la gran falla del Rift, que parte África en dos, con un paisaje de grandes llanuras semiáridas y sábanas arbustivas. Luego está el clima, que aquí es muy cálido y seco, con temperaturas extremas que superan los 40°. Y para terminar, la casi ausencia de infraestructuras ha impedido que la globalización y la modernización lleguen a este extremo del país. El caldo de cultivo perfecto para que hayan sobrevivido en esta remota zona de África medio centenar de tribus y etnias que conservan con fiereza sus tradiciones, su vestuario y estilo de vida, su cultura, su lengua y sus ritos.
Un enano deslenguado, un joven en silla de ruedas y una mujer en ropa interior esperan a que un cómico, caramelo mentolado en boca, se disponga a lamer genitales. ¿La premisa de un chiste? No, esta es una de las múltiples y grotescas situaciones que se dan en el espectáculo de Juan Dávila (Madrid, 47 años). Antes y después habrá más: el cayetano que resulta ser expareja de Victoria Federica de Marichalar y Borbón, llamando a la sobrina del rey Felipe VI en altavoz para decirle —de forma impostada— que la echa de menos; o el manco que busca a un cojo para alcanzar “el combo perfecto”. Todo esto ocurría el pasado 14 de enero en el Movistar Arena de la capital ante unos 15.000 espectadores que animaban, interrumpían y berreaban con cada nueva extravagancia. Un hito en la historia de la comedia nacional. Lo ha conseguido alguien que dejó un puesto fijo de funcionario para dedicarse plenamente a la interpretación, y que cumple dos décadas en ese camino poblado de incertidumbre donde unos se caen, otros mantienen el paso y unos pocos lo dinamitan. Su caso es el tercero: de curtirse en teatros de barrio con obras deficitarias o captar clientes a pelo en plena Gran Vía a llenar estadios y protagonizar una película.

La periodista, sexóloga y activista feminista Mara Mariño (Madrid, 32 años) se ha convertido en una referente en el ámbito digital por su labor en promover en redes la importancia de la igualdad en las relaciones contemporáneas. Con casi 200.000 seguidores entre sus cuentas de Instagram y TikTok, ha sido galardonada por el Ministerio de Igualdad con el Premio Menina 2025 por su contribución en la lucha contra la violencia machista como creadora de contenido. En sus vídeos aborda a menudo muchos de los temas que ahora recopila en #S3XPIDEMIA (Loto Azul Editorial, 2025), su primer ensayo sobre cómo la tecnología y las redes sociales están multiplicando, agudizando y perpetuando las violencias machistas.
Las organizaciones agrarias Asaja, Upa y Coag llevarán a cabo esta semana, entre los días 26 y 30 de enero, una serie de movilizaciones y protestas por todo el país. El sector reclama cambios en la política agraria para que siga siendo una actividad rentable, y advierte de que la supervivencia de miles de pequeñas y medianas explotaciones agrícolas y ganaderas corre peligro. Las acciones culminarán con una tractorada en Madrid el 11 de febrero. Las fechas escogidas no son casuales. Los primeros meses del año han sido tradicionalmente escenario de las protestas más importantes, coincidiendo con los meses agrícolas más flojos, y este año no será una excepción.