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El paso de Jerome Powell por la Reserva Federal deja una curiosa paradoja. El presidente del banco central de Estados Unidos abandonará el cargo el próximo viernes, pero se mantendrá como miembro de la junta de gobernadores durante un tiempo más. Un movimiento casi inédito en los 113 años de historia de la institución financiera que rige los destinos del dólar. El único precedente fue el de Marriner S. Eccles, quien en 1948, después de abandonar la presidencia, permaneció en la Fed durante tres años para defenderla de los ataques del entonces presidente Harry Truman. Eccles pasó a la posteridad como el gobernador que construyó el muro de defensa de la independencia de la Fed.
Joseph Oughourlian (París, 54 años), presidente del grupo Prisa, editor de EL PAÍS, mira el futuro de la compañía y del periódico con optimismo después de años difíciles. Y defiende, en contra de todas las nostalgias, que hoy en el diario se hace mejor periodismo que nunca porque el lector es más exigente. El empresario francés, fundador de Amber Capital, dueño de un 29% del capital del grupo de medios y educación, viene de participar, el lunes en Barcelona, en los actos del 50º aniversario de EL PAÍS, presididos por los Reyes. En marzo presentó el plan estratégico de Prisa 2026-29, que prevé mejoras de los ingresos y de la rentabilidad y una reducción de la deuda. Muestra su pesar por la muerte, el martes, de Soledad Gallego-Díaz, referente del periodismo español y directora de EL PAÍS cuando él llegó a la presidencia de Prisa en 2021. “Tuvimos una relación estupenda. Siempre me pareció una persona de una integridad increíble, muy respetada en la Redacción, en el mundo institucional y económico, en España y fuera de España”, dice.
“Desafortunadamente, el mundo entero se ha convertido en una especie de casino”. Así reaccionó Donald Trump después de que estallara el caso contra el sargento mayor Gannon Ken Van Dyke, un integrante de las fuerzas especiales de Estados Unidos que ganó más de 400.000 dólares en apuestas por internet relacionadas con la captura de Nicolás Maduro, una operación que él mismo ayudó a planear y ejecutar en Venezuela. Nunca antes se había visto algo parecido. Por primera vez, un militar estadounidense se sienta en el banquillo de los acusados por hacer uso de información confidencial en los llamados mercados de predicción, un puñado de plataformas que se han convertido en un fenómeno mundial bajo la promesa de hacer millonarios a quienes sean capaces de predecir el futuro.

Tres décadas antes de que la prensa especializara se deshiciera en elogios cada vez que Zoë Kravitz y Harry Styles hacen acto de presencia, era el padre de la actriz, Lenny Kravitz, y su pareja de entonces, la también cantante y actriz Vanessa Paradis, quienes copaban los titulares por las mismas razones. Su capacidad para coordinar estilismos sin pretenderlo, su forma de representar lo cool sin buscarlo y una relación tan discreta que convertía cada una aparición conjunta en todo un acontecimiento hicieron de ellos una de las parejas más enigmáticas de la década de los años noventa. Ahora que la única hija del músico se ha comprometido con el cantante de Watermelon Sugar y que cada foto juntos es digna de autopsia estilística, resulta pertinente acercarse un poco más a la intimidad de una pareja relativamente fugaz —estuvieron juntos cinco años, desde 1992 a 1997— que, sin embargo, merece la pena recordar por motivos obvios: ambos eran famosos, guapos y ricos, pero su historia no logró sobrevivir a las exigencias de dos trayectorias, vitales y profesionales, que avanzaban a toda velocidad.
Viéndola recorrer el mundo para reunirse con líderes en Europa, con empresarios en California u ofrecer entrevistas en YouTube, muchos concluyen que María Corina Machado (Caracas, 58 años) es una bala perdida: una líder en suspenso, atrapada en un limbo que le impide regresar a Venezuela. Allá la espera la misión que se autoimpuso: llevar hasta el final la tarea de sacar del poder al régimen chavista. Según esa visión, cada día que pasa afuera es una ganancia para los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, presidenta y presidente de la Asamblea Nacional, respectivamente, y el hombre fuerte Diosdado Cabello, y una deuda creciente con los millones de venezolanos que la esperan. Pero esa no es la impresión que ella transmite en persona.
Fareed Zakaria (Mumbai, 62 años) es uno de los periodistas y analistas geopolíticos más influyentes de Estados Unidos. Escribe una columna semanal en The Washington Post y presenta los domingos GPS, un programa sobre política exterior que es un oasis en la parrilla de la CNN, cadena de televisión por cable tan ensimismada como el pensamiento de rebaño que domina el debate intelectual en la capital estadounidense al que tanto contribuyen sus tertulianos.

Los datos objetivos importan cada vez menos en el debate público. En abril, España ha alcanzado los 22,1 millones de afiliados, un nuevo récord. El paro ha caído de nuevo. La inmigración explica buena parte del crecimiento de la economía que lleva a esos datos. La regularización extraordinaria, que tiene el apoyo no solo del Gobierno y de toda la izquierda, sino también de los empresarios, que son los que más la reclaman porque necesitan mano de obra legal, y de la propia Iglesia, está resultando como se esperaba: se están apuntando decenas de miles de personas que ya viven y trabajan en España, por lo que solo generará beneficios para ellos y para el sistema, porque implicará más ingresos. El Ejecutivo confía en que la próxima visita del Papa a España sirva también para darle un impulso al discurso en positivo sobre la inmigración.
A Guillermo Rayo se le ocurrió un formato televisivo. Aprovechando su oído para sacar canciones al vuelo (“mis amigos me llamaban el jukebox”, cuenta), el programa transcurría como una entrevista musicada con un personaje conocido: en la conversación se entreveraban canciones significativas en la vida del invitado que cantaban a dúo, Rayo a la guitarra. Invirtió unos 8.000 euros en grabar dos episodios piloto con la presencia de un par de amigos, el actor Julián Villagrán y la actriz Alba Alonso. En 2007 registró el resultado en el Registro de la Propiedad Intelectual. El título: B.S.O. (siglas de Banda Sonora Original). “Me parecía una forma emotiva de entrar en el mundo del entrevistado”, dice el artista. La cosa prometía.

Siento terror ante las imágenes de drones que matan gente, cómo persiguen unos puntitos, en realidad seres humanos, y los eliminan sin piedad. También me inquietó un reportaje sobre robots en China, cada vez más sofisticados, con la foto de unos androides recolectando hojas de té. No apretando tornillos en una fábrica, no, trabajo campesino. Pero, ya entre nosotros y hablando de sustituciones, me desconcierta aún más ver una persona después de unos años y que parezca otra. Te dan un cambiazo humano. No me refiero al paso del tiempo, que de por sí impresiona bastante, e incluso tú mismo a veces no asumes que ese del espejo eres tú, sino a la gente que se opera a ultranza. No hablo de retoques para ser más guapo, sino de cambios tales que te impiden reconocer a alguien, te hacen dudar realmente de que se trate de la misma persona. Me ocurrió hace poco con alguien, y pensé: ¿bueno, y si de verdad fuera otra persona? Porque ya aceptamos creer que alguien, aunque no se parezca nada a una persona, sí es esa persona, solo porque nos lo aseguran. Ya no tienen sentido esas historias, como El príncipe y el mendigo, de Twain, o Historia de dos ciudades, de Dickens, en que era necesario un parecido asombroso, un sosia, para sustituir a alguien. Ya se puede poner a cualquiera, basta que se suponga que se ha operado. Ayuda que a menudo las personas parezcan intercambiables. Mañana aparece Espinete sentado en el Despacho Oval diciendo que es Donald Trump y es que te lo tienes que creer. Saldrían legiones de comentarios en redes sociales a favor y en contra, y sería otra cuestión de opiniones. Hemos llegado a los límites de la realidad, donde todo es posible. Desde luego es un lugar muy curioso, pero donde es difícil orientarse.