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Difícil, o muy difícil. Así lo han querido los comisarios Parreño, Labrador, Fontán y Capa, y eso hace honroso el esfuerzo, un esfuerzo enorme. Primero por no haber sucumbido —del todo— a la vigente interpretación histórico-sociológica de todas las cosas, también las del arte, a la manera de un reportaje de Informe Semanal. Además, 60 años es mucho tiempo; porque ¿se puede llamar, propiamente, transición (estética o lo que sea) a lo ocurrido durante ¡60 años!? Sin embargo, uno de los aciertos consiste en haberse alejado lo más posible, hacia adelante y hacia atrás, de la Transición política española, cuya narración ya se encuentra tan solidificada como la de un mito. Todo —todo lo que llamamos moderno— comenzó mucho antes, como mínimo en la época de Luis González Robles y la exitosa exportación internacional de la abstracción, y nunca terminará, como el tiempo que fluye. Por no decir que el poder cultural hacía mucho que estaba en manos del antifranquismo.
Lo queremos todo bien grande. Bien emocionante. Bien de patrocinios y sudaderas a 80 euros. Todo cargado de mensajes para la posteridad, porque ya no se habita el momento, el momento es algo que se guarda para no se sabe muy bien cuándo ni para qué, pero se guarda. Y como cada vez tenemos menos capacidad de retener nada, lo que hoy guardamos, mañana lo perdemos. Esto, en el mundo de la música, que ha cambiado mucho pero aún mantiene la capacidad para encapsular lo mejor y lo peor de cada época, ha redundado en una abrumadora cantidad de discos destinados a la grandeza que se diluyen en las redes al cabo de dos semanas; de entregas de premios más competitivas que unos Juegos Olímpicos como síntoma algo melancólico de una sociedad convencida de que hay belleza en los números y sospecha en los adjetivos; de conciertos históricos, los mejores que ha vivido jamás la humanidad, que se olvidan hasta que llega el siguiente, que siempre es un poco más grande y pelín más histórico. En este contexto, la banda irlandesa Fontaines DC es a la vez parte del problema y parte de los que ven que hay un problema. Este Dopamine Chamber, su quinto disco, confirma su tránsito hacia la grandilocuencia, la ambición desmedida, los estadios, Rosalía y el yo estuve ahí y lo voy a estar pagando en cuotas hasta 2030. Y a la vez, es solitario y distópico, oscuro y tristón. Es como ir solo a un concierto en un estadio y perder el último metro de vuelta a casa.

No sé si a Isabel Díaz Ayuso le ha gustado siempre el flamenco como parece gustarle hoy. Para la Falange, desde luego, el arte jondo no fue nunca un gusto genuino.
Tal vez celebre con su plato favorito: una tosta de alubias cocidas. O quizás se conceda alguna galleta de chocolate con naranja, el otro manjar que adora. Lo cierto es que este sábado Lara Croft se merece al menos una pequeña pausa entre tantas aventuras. Está acostumbrada a sumar hitos, pero hoy festeja uno especial: 30 años desde el lanzamiento del primer Tomb Raider. Tan apasionada de historia, la arqueóloga lleva tres décadas escribiendo la del videojuego, junto con la suya. Y, probablemente, de la cultura popular, a juzgar por los 100 millones de copias vendidas, las 2.300 portadas de revistas, las exposiciones, películas o canciones que ha protagonizado. “Te asombraría lo persuasiva que puedo ser, incluso con hombres peligrosos”, afirmaba en uno de sus juegos. Sobran los hechos para darle la razón. Ni siquiera hace falta que saque sus célebres dos pistolas.
“Yo no tengo nada importante que contar; llevo una vida muy apartada”, me decía Dámaso Alonso, poeta, filólogo, director de la Real Academia. “Todas las mañanas, desde hace cinco años, doy un paseo. Me voy hasta la plaza de Castilla, bajo por la Castellana, rodeo el estadio de fútbol y vuelvo a casa por detrás. Este paseo ayuda mucho a la manera de ser de mi cuerpo. Pedro Sainz me quiso regalar un bastón, pero no lo necesitaba todavía. Pedro Sainz Rodríguez, ése sí que ha pasado de todo”, decía Dámaso Alonso, no sin un leve matiz de envidia.
Fue una de las muertes más sonadas ocurridas durante el confinamiento de 2020. Y eso que el asesinado era un oso, Cachou, plantígrado poco querido por los ganaderos del Valle de Arán porque en los meses anteriores a su muerte se había cebado con la ganadería equina. Pero el crimen escondía conflictos lastrados, enfrentamientos soterrados y dio pie a una investigación judicial con secreto de sumario incluido, un cóctel que ha acabado convertido en serie, Matar a un oso, liderada por los hermanos Sánchez-Cabezudo, y que Movistar Plus estrena el 10 de diciembre, aunque antes se ha proyectado, este viernes, en la primera jornada de la Seminci. Ha llegado antes un producto audiovisual que una sentencia: los dos acusados por el asesinato del plantígrado aún siguen a la espera de juicio.
Aponiente, el restaurante tres estrellas Michelin capitaneado por el cocinero Ángel León, ha logrado que el universo gastronómico mire hacia el gaditano Puerto de Santa María. En este año, además ha salido del molino de mareas del siglo XIX donde se ubica y la experiencia que supone comer en él se expande hacia las marismas que lo rodean, ubicadas en el parque natural de la Bahía de Cádiz, el mismo lugar que sirve de inspiración desde hace años para este chef.
“Nunca había visto tanta gente en la cola”, afirma sorprendida una asistente a la 080 Barcelona Fashion a escasos minutos del comienzo del desfile de Benavente. No le falta razón: son las dos de la tarde de un jueves y bajo un sol digno de julio, cantidad de fashionistas esperan su turno para ver las propuestas del valenciano y, podríamos decir, también sus historias. En cada costura, Paco Benavente (Valencia, 35 años) cuenta una. Una historia que no entiende de géneros, pero sí de sastrería y de patronaje. Cuando en 2015 se hizo con el premio a la mejor colección de diseño emergente dentro de la Valencia Fashion Week, pasó a pasar a formar parte de esas “jóvenes promesas” que a los medios y a la industria de la moda tanto gustan. Pero su propia historia dio un giro inesperado: se retiró y se dedicó a la docencia. Así descubrió lo que ahora ya sabemos: que lo suyo es narrar mediante colecciones, patrones y emociones, no a través de lecciones. Y por eso, en 2024, la marca renació. Esta es su tercera colección presentada en la 080 Barcelona Fashion. Hablamos con él, horas antes del desfile, sobre la última, de título muy adecuado: Nomeolvides.
Los dos violadores eran siempre los mismos y la violencia y el modus operandi empleados, idénticos. Juntos cometieron dos olas de violaciones durante los años noventa en Cataluña, pero solo uno de ellos fue detenido y condenado, y nunca delató a su cómplice. Hace un año, tres víctimas de aquellas agresiones —hubo al menos 16, cuatro de ellas menores de edad— pidieron a la Fiscalía de esa comunidad que ampliara los análisis de ADN para tratar de identificar al cómplice. La fiscalía abrió unas diligencias preprocesales de investigación. Los análisis se ampliaron y se obtuvo el perfil genético del segundo autor, pero dado que los delitos han prescrito, el fiscal superior, Francisco Bañeres, archivó las diligencias el 27 de julio pasado. Y aunque en el decreto de archivo reconocía expresamente “el legítimo interés” de las tres mujeres en saber la verdad, en la práctica no se ha atendido.