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Las mujeres que vivían durante la dominación romana de la actual localidad de Millares (Valencia) peregrinaban hacia la Cova Dones, situada en sus inmediaciones. Cruzaban en silencio 200 metros de gruta, sin tocar nada, y accedían a una pequeña salita más íntima. En sus paredes rocosas, realizaban, solas o con ayuda, inscripciones de sus nombres en ofrenda a la diosa Malaci, hasta ahora desconocida entre los expertos en Historia romana. También apuntaban el motivo de sus plegarias y dejaban anillos, brazaletes o fuyasolas ―los topes de cerámica de los husos de madera― en pago del favor recibido. La pequeña cueva, de unos 50 metros cuadrados, se convirtió así en un santuario frecuentado por mujeres y dedicado a una diosa. Cerca de 2.000 años después, también es la cueva-templo con mayor número de inscripciones de todo el Imperio Romano, con 120, muchas de ellas ya documentadas como femeninas. Muy por encima del siguiente, la cueva de La Griega en Pedraza (Segovia), con 107 firmas, todas, menos una, masculinas.
El primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, vuela hacia Washington para reunirse con Donald Trump por primera vez desde que lanzaron juntos la guerra contra Irán, el pasado febrero. Aunque las entrevistas entre ambos no son excepcionales (el presidente de EE UU no se ha reunido tanto con ningún otro líder internacional, ocho veces desde que regresó al poder en 2025), sí lo es su impacto. Más aún al llegar un mes después de las nada secretas broncas (insultos incluidos) que Trump dedicó a Netanyahu cuando sintió que la ofensiva de Israel en Líbano ponía en peligro el alto el fuego con Irán. Las divergencias no parecen enteramente cosa del pasado, a tenor de las declaraciones del dirigente republicano de cara a la visita. Israel, ha dicho, “no sobreviviría” sin la ayuda de EE UU (“Bibi [Netanyahu] está viniendo, él os lo dirá”, agregó). Y dijo que “nadie” puede dictarle qué armamento vender a Turquía, en referencia a su oposición a la posible transferencia a Ankara de cazas F-35, que solo Israel tiene en la región.
El juez de derechos humanos chileno Álvaro Mesa realizó la útima diligencia que faltaba para confirmar la identidad de Bernarda Rosalba Vera Contardo, una mujer de 80 años hallada viva en Argentina en 2025 que figuraba en el listado de las 1.162 personas detenidas desaparecidas durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Y, este lunes, el magistrado ha dado a conocer los resultados de una prueba de ADN, que ha acreditado que “la probabilidad” de identificación Vera “es superior al 99,9999%”.

Berna León (Atenas, 30 años) estaba muy a gusto en Harvard trabajando como profesor ayudante de Michael Sandel, uno de los grandes críticos del ultraliberalismo. Filósofo y Sociólogo por la Sorbona, máster en Teoría de las Relaciones Internacionales por la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, doctor en Sociología por Sciences Po y experto en políticas públicas, siempre se había imaginado en una clase o una biblioteca, entre libros y papers. Pero una llamada le hizo cambiar de opinión y salir del claustro. Al otro lado del teléfono estaba Manuel Escudero, recientemente fallecido, ofreciéndole la dirección ejecutiva de la Fundación Avanza, el laboratorio de ideas del PSOE. La propuesta llegó en un momento vital para León: en plena embestida del trumpismo contra centros progresistas como el suyo, Harvard, y en pleno repliegue internacional de las izquierdas y avance de las fuerzas iliberales. “Tuve algunas dudas, pero no podía dejar pasar esta oportunidad”, reconoce.

El Reino Unido ha destinado cerca de 25.000 millones de libras esterlinas (unos 30.000 millones de euros) a ayuda militar para Ucrania desde 2022. Boris Johnson fue el primero en mostrar un firme compromiso de apoyo a Kiev, más efusivo en sus inicios que el de Washington o Bruselas, y su fervor ha sido heredado y mantenido por sucesivos primeros ministros.