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La ratificación parlamentaria en Libia de un acuerdo firmado con Turquía para delimitar sus Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y su plataforma continental ha resucitado el conflicto por el control del Mediterráneo oriental, que hace un lustro provocó graves encontronazos entre los países implicados y sus aliados. Grecia, Chipre y Egipto han rechazado este acuerdo, que reduce significativamente sus pretensiones sobre estas aguas. Y la Unión Europea ha condenado su ratificación.

Jaime Martínez Porro (Palencia, 37 años) llegó a Berlín hace una década para estudiar el Irán antiguo, su especialidad académica. Terminó dedicándose también a la política e incluso entrando en la dirección de Die Linke, el partido de la izquierda radical que hace solo dos años parecía condenado a desaparecer y hoy se dispone a gobernar la capital alemana tras ganar las elecciones regionales de septiembre.

“Visto a posteriori, estaba demasiado cansado para hacer ese vuelo”. Es lo que reconoce la mitad de los pilotos que han respondido a una encuesta de la European Cockpit Association (ECA), la federación europea de asociaciones de pilotos, que preguntó este verano a más de 7.000 comandantes y segundos cómo gestionan la fatiga sus aerolíneas. El 52% se dio cuenta de que, al menos una vez en los tres meses anteriores, había volado cuando estaba demasiado cansado para hacerlo. Uno de cada cuatro (24%) va más allá: cuando está demasiado cansado, lo normal es que vuele igualmente. Entre los pilotos de aerolíneas españolas, esa proporción llega al 42%, la más alta de todos los países analizados. Destacan también por malos los datos de las aerolíneas de Malta e Irlanda, según refleja la encuesta a la que ha tenido acceso EL PAÍS antes de su publicación. Los resultados apenas han cambiado desde la anterior edición, fechada en 2023.

Los precios desbocados están poniendo en riesgo la llegada y permanencia de investigadores a las grandes ciudades como Madrid. Una de las principales causas es la crisis habitacional, como reconoce el Plan Regional de Investigación 2026-2029, que dedica una frase al alojamiento de enorme calado: “El elevado coste de la vida, especialmente de la vivienda, puede dificultar la atracción de personal investigador si no hay apoyos económicos suficientes”. Estas palabras se convierten en historias en las tiendas de la Puerta del Sol, donde en las últimas semanas han dormido algunos científicos en protesta por la precariedad que les dificulta pagar un techo, y que se han encontrado con la indiferencia de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, que llegó a decir que los acampados estaban ligados al terrorismo.


La primera vez que se documentó de forma oficial que el siluro ―especie exótica invasora― nadaba por el pantano de Iznájar (Córdoba), el mayor de Andalucía, fue en 2011. Pero los pescadores ya habían detectado años antes, en 2003, la presencia de ejemplares pequeños de medio kilo. No se trata de un pez cualquiera: puede superar los dos metros y pesar 100 kilos, como algunos de los ejemplares que se pescan ahora allí. Y tiene un apetito voraz, ya que se estima que consumen diariamente entre un 2% y un 4% de su peso; en los ejemplares de mayor tamaño, equivale a entre dos y cuatro kilos.
El objetivo es el confort y la sostenibilidad. Lograr que la temperatura de las viviendas oscile entre los 19 y los 27 grados, intervalo térmico en el que no haría falta el uso de aparatos de refrigeración o calefacción. Pero los arquitectos se debaten entre dos modelos diametralmente diferentes.

Marta Tello es una farmacéutica de 23 años que trabaja en una oficina de Algete (Madrid). Hace seis meses, cuando completaba su formación en un equipo de atención primaria en Sevilla, se topó con un caso clínico que recordará durante toda la carrera profesional que ahora empieza: “Esta persona tomaba 18 medicamentos distintos, algo llamativo incluso para alguien de 80 años con varias patologías de base. Analizando el caso, detectamos algunas cascadas terapéuticas que convenía revisar”, afirma.


Cae la noche. Cerca de las cumbres de Tenerife y La Palma, el cielo se ha llenado de estrellas y los vecinos se disponen a descansar. Pero a 2.400 metros de altura, donde la atmósfera es menos densa y el mar de nubes queda bajo los pies, un grupo de profesionales se prepara para empezar una nueva jornada laboral. Son los astrónomos y operadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que se enfrentan al frío, la humedad extrema y a sus propios ritmos biológicos para sacar adelante otra laboriosa noche de observación.

“Mira, este era de Manhattan Transfer”. Vadym Glynarskyy, de 73 años, lanza al suelo carbonizado los restos de uno de los 25.000 vinilos de su colección que estima se han echado a perder en un bombardeo ruso sobre el popular mercadillo de Pochaina (Kiev). “La guerra es un desastre”, deplora ante el desolador panorama que impera entre decenas de negocios arrasados por el fuego al igual que el suyo. Va mostrando objetos metálicos chamuscados que solo él identifica: un altavoz, una mesa de mezclas, un tocadiscos, un amplificador… y hasta el esqueleto de una bicicleta que corrió el Tour de Francia en 1978 y que le habían regalado a uno de sus hijos. A su evaluación, el comerciante añade varios miles de CD y cientos de cintas de casete que también se perdieron.





Narrado por el célebre paleóntologo Juan Luis Arsuaga, el documental Homo Plastic explora cómo los plásticos, microplásticos y nanoplásticos han dejado su huella devastadora en los ecosistemas más vulnerables del planeta. “Es un material fundamental e indispensable en nuestra vida, el problema es el uso que le damos”, apunta a este periódico Julio Pérez del Campo, el director de la película, ya disponible en el catálogo de Movistar Plus.