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Una periodista, Janet Murray, escribió en X una irónica y poco original crítica contra la serie House. Y el protagonista, Hugh Laurie, contestó con pura flema británica que Murray, inglesa, asumió con resignación. Fue un intercambio cargado de veneno, pero educado, sin descalificaciones. Y algo más importante que eso: con público. Además, un público no sometido a las restricciones habituales de la convivencia. Se hizo ver algo sustancial, que es la diferencia de seguidores y de fama. Debería poder responderse a alguien a pesar de eso, pero en X es exponer a ese alguien, si se trata de una simple periodista, a los miles de fans de una estrella. El caso es que Laurie pidió disculpas. Y lo hizo confesando que, cuando se puso a escribir su respuesta, estaba “ligeramente borracho”. Tengo para mí, por mi vieja experiencia en X, que lo que provocó la borrachera de Laurie no fue escribir su tuit (quizá pasado de sarcasmo pero impecablemente escrito, una contestación correcta —si escribes cosas, bien lo sabemos los articulistas, te expones a que te contesten—) sino la decisión de publicarlo. Ese empujoncito al que ayuda el alcohol, que no es mal empujoncito si no provocase la tradicional tormenta de mierda alrededor. Hay que alabar de Hugh Laurie que, con su sinceridad, haya abierto públicamente una puertita interesante: la de quien, en los espacios públicos y a salvo de miradas (es decir, a salvo de que su rostro o su voz lo delate), escribe borracho o animado, y provoca crisis de todo tipo, no solo las relacionadas con su reputación. Es el que borra el día después, o decide no borrar porque el mismo coraje que te dio el alcohol, te dignifica tenerlo también sobrio. Tengo por lo demás una teoría: el que escribe bebido textos que comprometen a alguien más que a ti, lo hace como esos borrachos que conducen a 30 por hora; es decir, con una prudencia ridícula y fatua. Pero si se trata de tuits es más fácil que salga la agresividad, supongo que excitada por el anonimato (de haberlo). Lo que hizo Hugh Laurie “ligeramente” fue sobreexcitar, con seguridad, a los que no estaban ni “ligeramente” ni dispuestos a admitirlo. Y también a los peores: los que ni siquiera tienen la excusa de haber bebido.
Casi un tercio de los estudiantes de Medicina se mueve de su ciudad para estudiar el grado de sus sueños y el 95% lo ha ha hecho con una nota media entre el 12 y 14 (lo máximo), cuatro puntos porcentuales más que hace una década. Pero estas cifras están llamadas a menguar en septiembre con la apertura de seis nuevas facultades de Medicina, tres públicas (más una nueva sede en Teruel) y tres privadas, con 477 plazas (un 5% más). Y a estas hay que sumar los puestos que amplíen en otros sitios que han echado a andar en los últimos años y que aumentan su oferta con tiento por la complejidad práctica de estos estudios. Este curso han impartido clase 36 facultades públicas y 16 privadas.


Torrejón de Ardoz se ha colado en las conversaciones de familias y docentes, preocupados porque los niños se achicharran en las aulas y hartos de reclamar medidas que no llegan. En el municipio de 143.526 habitantes ha ocurrido algo sorprendente: el Ayuntamiento, en manos del PP, ha puesto aire acondicionado en los 21 colegios públicos de la ciudad. Lo anunciaron un día antes de las polémicas palabras del consejero de Cultura, Mariano de Paco, sobre el calor en clase. “Es fuente de inspiración”, dijo, y fue aplaudido por sus compañeros de partido. La Comunidad de Madrid defiende que van “poco a poco” y que han hecho mejoras en 450 centros. En la práctica, son las familias, los profesores y los directores quienes hacen frente a las altas temperaturas. Desde sprays de agua a ventiladores pagados de su bolsillo. La falta de acciones a gran escala por parte del Gobierno autonómico deja en manos de los ayuntamientos aplicar ―o no― medidas concretas.



El 13 de junio de 1977, Ana salió de clase y pasó por su casa. “Vamos a ir a ver a Felipe González al Rayo, ¿te vienes?”, le dijo a su padre. “¿Al Rayo? ¡Ni loco!”, respondió él. Faltaban dos días para las primeras elecciones democráticas en España en más de cuarenta años. El PSOE cerraba su campaña en Vallecas. Décadas antes, ese estadio había sido un campo de concentración por el que pasaron más de 9.500 prisioneros. Su padre fue uno de ellos. Y no pensaba volver a entrar ahí.




Es alcalde de un pueblo cacereño de 500 vecinos (Salorino). Y la voz del PSOE en Extremadura desde el pasado 11 de abril. Álvaro Sánchez Cotrina (Cáceres, 39 años) lanzó este martes un discurso contundente y fuera de lo común en tiempos muy polarizantes. Cotrina ofreció al Partido Popular aprobar los Presupuestos de 2026 de la región, que se debaten estos días en la Asamblea de Mérida, a cambio de que cese a los miembros de Vox que integran el Gobierno de la presidenta María Guardiola. “Llega tarde”, zanjó después la portavoz y consejera de Hacienda, Elena Manzano.
La inusual sucesión de borrascas y lluvias torrenciales que golpearon España en marzo de 2025 provocó, entre muchos otros efectos, una gran crecida del río Guadalete que inundó parte de su cuenca en la provincia de Cádiz y obligó a desalojar a cientos de personas. Poco después, el Hospital de Jerez atendió un goteo de habitantes de la zona afectados por una infección grave y poco frecuente, la leptospirosis, que históricamente ha provocado epidemias en países tropicales asociadas a catástrofes e inundaciones.
Considerado el evento astronómico del siglo en España, porque será total en casi el 40% de su territorio, el eclipse solar del 12 de agosto tiene el inconveniente de que sucederá demasiado cerca de la puesta de sol, en torno a las ocho y media de la tarde. Eso hará fácil que montañas y hasta pequeñas elevaciones del terreno en el horizonte, además de árboles y edificios, nos puedan tapar la visión del fenómeno; sobre todo, en el este peninsular y Baleares, pues allí el sol estará aún más bajo durante el máximo del eclipse.


Ana Conseglieri (Jaén, 48 años) es jefa de Sección de Psiquiatría del Hospital Universitario Infanta Cristina de Parla, y presidenta de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN). Llega a la entrevista después de una mañana en consulta y con un discurso que hilvana mientras bebe un café americano. Autora de varios libros sobre la historia de la psiquiatría en el franquismo, asegura: “La atención que ejercemos en la salud mental es el resultado de la justicia social que tiene nuestra sociedad y nuestro país. Y las instituciones necesitan entender que debemos rescatar la memoria de nuestro país, los silencios y todas las experiencias traumáticas para poder abordar un futuro”.
¿Qué dicen los chatbots cuando se les pregunta por España? Dicen, claro, muchas cosas. Pero algunas las dicen más veces. La IA no da una imagen equilibrada de España, sino que ofrece un mapa lleno de jerarquías. Hay cuatro comunidades autónomas que son España por encima de todo, por este orden: Cataluña, Madrid, Andalucía y País Vasco. En otras preguntas también tienen cierto peso la Comunidad Valenciana y Galicia. A partir de ahí, otras regiones aparecen menos o lo hacen por una puerta estrecha, con tópicos que sirven casi como su único motivo: turismo, vino, huerta, agua, despoblación, el Camino de Santiago, minería, paisaje verde, dehesa o España vaciada.

Tenía cinco años cuando estalló la Segunda Guerra Mundial y 11 cuando un general le mostró un baúl lleno de fotos con las atrocidades de aquel salvaje conflicto. Paolo Gasparini (Gorizia, Italia, 92 años) llegó a Venezuela siguiendo a su padre y a sus hermanos en 1951, y hoy recuerda que un libro de poemas de Pablo Neruda, Canto general, con el que regresó a Italia, funcionó como un sortilegio. Tres años después acabó por fijar su residencia en el país sudamericano y por definir su vocación como fotógrafo en lo que él llama “los Tristes trópicos”.
