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Los “precios por goteo” son una práctica para engañar a los consumidores, que ven que un billete o servicio vale, por ejemplo, 20 euros y, cuando va a hacer el pago por internet, se le suman otros dos o tres de gastos de gestión. Desde el pasado diciembre, la normativa española obliga a mostrar esas cantidades —que son legales— al inicio de la compra, pero muchas empresas siguen sin cumplirla. Por eso, Consumo ha abierto expediente sancionador a una empresa de autobuses (cuyo nombre no revela) precisamente por mostrar el precio de sus billetes de forma engañosa y por aplicar cláusulas abusivas para no devolver el importe completo de viajes anulados. Es el segundo expediente abierto al sector de la movilidad.

A veces cuando teletrabajamos desde casa el escritorio se nos queda pequeño y el sofá empieza a ponernos ojitos. No siempre apetece pasar la jornada sentados en la misma silla y frente a la misma mesa y empezamos a plantearnos trabajar con el portátil sobre las piernas o tener los pies colgando y no es lo más adecuado.




















Más de dos años después de firmar el acuerdo con patronales y sindicatos para articular el anticipo de la jubilación en los sectores más penosos de la economía, los que acumulan más muertes y bajas laborales, ningún sector ha accedido al mismo mediante ese nuevo procedimiento. Varios han reclamado esa mejora a la Seguridad Social, hasta sumar peticiones que interpelan a unos dos millones de empleados, pero el Ejecutivo no ha resuelto ni una sola solicitud. Ni las planteadas por sindicatos y patronales de la mano (en el transporte por carretera) ni las que solo llevan la firma de las centrales, con un gran retraso en los plazos que estableció el propio Gobierno.
A Branko Milanovic no le gustan esos campus universitarios en espacios más o menos bucólicos y, sobre todo, lejos de cualquier zona urbana. Cree que los estudiantes, al menos los que se dedican a ciencias sociales como es la economía, deben estar en el centro de las ciudades, “tomar el metro cada día, ver cómo cruza la calle la gente, arriesgar a que les estafen cinco dólares… eso es el mundo real”. Milanovic (Belgrado, 73 años) forma parte de esa estirpe de economistas obsesionados con que la academia no pierda el contacto con la vida real, es uno de los principales referentes internacionales en el estudio de la desigualdad y, durante 20 años, fue economista principal del Banco Mundial. En la actualidad, el investigador serbioestadounidense enseña en la City University of New York (CUNY) y tiene su despacho en el corazón de Manhattan, en pleno bullicio de la Quinta Avenida, que da para varios doctorados de macroeconomía.
La violencia política ha vuelto a golpear a Guatemala la noche del viernes. El diputado Julio Portillo, del partido Unidad Nacional de la Esperanza (UNE), ha sido asesinado este viernes tras un ataque armado que ha dejado otros tres muertos, dos policías y un escolta del legislador, según las autoridades. El suceso ocurre a dos semanas del asesinato a balazos del reconocido exfiscal Juan Francisco Solórzano Foppa, un hecho que ha reabierto en este país centroamericano las sombras del crimen político. Debido a ese crimen, el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo, destituyó a el director y subdirector general de la Policía Nacional Civil, en medio de críticas por las actuaciones policiales durante el crimen del exfiscal.
A Mallorca gairebé no hi va haver Guerra Civil, vàrem aprendre de nens, només una batalla curta per devers Porto Cristo. Amb el temps, vàrem descobrir que Mallorca, potser amb poca batalla, va ser escenari d’una repressió ferotge. La “batalla curta” va ser el desembarcament republicà del capità Bayo, la crònica canònica del qual va escriure Josep Massot a El desembarcament de Bayo a Mallorca: agost-setembre de 1936, un llibre reeditat fa no res (Publicacions de l’Abadia de Montserrat). La repressió ferotge té el seu relat primerenc i més famós en Els grans cementeris sota la lluna, també acabat de reeditar (Nova Editorial Moll), del francès George Bernanos, un catòlic conservador que no va poder suportar en silenci tanta carnisseria. I acabem el tríptic de novetats editorials sobre la qüestió amb La isla brutalizada, de l’historiador Joan Maria Thomàs, que retrata un escenari que ja descriu el títol a partir de la història familiar pròpia (Documenta Balear).
Hace dos años, este actor no era actor sino un veinteañero encerrado en un cuarto de alquiler, tan bloqueado por el miedo a haber echado su vida a perder que no se atrevía a salir a la calle. Ahora, sin embargo, Milo Quifes (Palos de la Frontera, Huelva, 25 años) se ha convertido en la piedra sobre la que la pareja de directores y guionistas conocida como Los Javis construye el edificio narrativo de La bola negra: esa iglesia que suma ya millones de feligreses por el mundo, se ha coronado como la película española más taquillera del año (y una de las diez más taquilleras de la historia) y tiene la vista puesta en los Oscar. El diario The New York Times la ha calificado de “íntimo drama con envergadura épica e histórica, y unas aspiraciones aún más grandes”, y la revista Variety la ha posicionado como el rival para el Oscar a mejor película de La Odisea, de Christopher Nolan. Sería el primero de Netflix, su distribuidora en EE UU.
Realización: Fátima Monjas. Maquillaje y peluquería: Ricardo Calero (Uno Artists). Asistente de fotografía: Ayub El Kadmiri. Asistente de estilismo: Lidia Lara.
Módulos de madera. Virutas como aislante térmico y corcho para el exterior. Viejas traviesas de ferrocarril reutilizadas y remates en acero inoxidable. Es un brevísimo sumario de los materiales que conforman Casa Bosc, vivienda prefabricada instalada a las afueras de Camprodon (Girona, 2.570 habitantes) por el estudio de arquitectura Ágora. Escondida entre una pequeña arboleda y asentada en una parcela renaturalizada, la construcción ha ejercido de proyecto cero que, a partir de ahora, se podrá replicar en cualquier parte y con distintas adaptaciones gracias a un manual de instrucciones. Seis años de trabajo resumidos en el encargo que les hizo un cliente: “Yo quiero esa casa en mi terreno”.
Cuando el pasado verano Javier Bardem anunció que iba a debutar en el teatro, cabía imaginar que lo haría con un papel estelar en una gran producción. Es lo que se espera de una estrella del cine con un Oscar, un Globo de Oro y muchos otros reconocimientos internacionales. Pero Bardem ha preferido hacerlo a su manera: en una sala de barrio con apenas 100 butacas, con textos breves de Chéjov, un reparto coral y un director prestigioso, Juan Carlos Corazza, pero no mediático.
El 14 de mayo de 1964, a las 15.30, el señor Socker se presenta en el internado Monte Rosa de Montreux (Suiza) sin cita previa. Pide ser recibido por un asunto urgente. Es un tipo “simpático”, de mediana estatura, pelo negro peinado “a la moda”, y con un “excelente alemán”. A sus 33 años, dice ser estudiante en la Universidad de Jerusalén y miembro del Congreso Judío Mundial, pero “arrinconado” por las preguntas sobre su persona, admite ser del “servicio secreto israelí”. Busca al criminal nazi Josef Mengele, cuyo sobrino estudia en el internado suizo. El informe policial sobre el intento de conseguir pistas en torno al paradero del macabro médico del campo de exterminio de Auschwitz, huido tras la II Guerra Mundial, concluye en un apartado de “características generales”, que Socker es un “mal mentiroso”, sin más. El supuesto espía fue despedido con una advertencia policial de no dedicarse a indagar más en Montreaux, según los documentos sobre el incidente, que forman parte de un archivo sobre Mengele del servicio de inteligencia suizo (NBD, en sus siglas en alemán) que no iba a ver la luz hasta 2071.