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En los últimos años, han cambiado muchas cosas en nuestra forma de consumir. En un entorno acelerado como el de hoy, cada vez es más habitual buscar (y encontrar) productos y servicios diseñados para cumplir con lo justo, a partir de procesos simplificados y menos atención al detalle. Una tendencia que ya se conoce como cutrificación. No hace falta mirar muy lejos para detectarla: móviles que ya no incluyen cargador ni auriculares, aerolíneas que cobran por llevar equipaje de mano... Todo se estandariza, todo parece responder a la misma lógica: hacer y ofrecer lo justo. Son cambios pequeños, pero repetidos, que terminan dejando una impresión clara: la calidad y el detalle se diluyen poco a poco.

Manu Pascual y Rosa Rodríguez forman una de las parejas más longevas en la historia de Pasapalabra. El 1 de septiembre de 2025, se convirtieron en la pareja que más veces se ha visto las caras en el concurso, superado entonces los 197 enfrentamientos que protagonizaron Rafa Castaño y Orestes Barbero. Desde entonces, esa marca no ha hecho más que crecer. Esta semana, uno de los dos va a lograr superar la prueba de El Rosco y llevarse el bote más grande de la historia del programa.
En Sumirago, el tiempo se mide en metros. Uno y medio por hora. A veces menos, según la complejidad del dibujo y los hilos que entren en juego. Es lo que tardan en urdirse algunos de los característicos tejidos de Missoni. En ese pueblo lombardo a 40 minutos de Milán, encaramados a una colina con el Monte Rosa de fondo, están los cuarteles de la firma italiana. Músculo creativo y textil, es el lugar donde la enseña se instaló en 1969 —15 años después de que Rosita y Ottavio empezaran la andadura familiar a la que pondrían su apellido con un taller textil en el sótano de su casa—. Y donde siguen repiqueteando sus telares. Máquinas que diluyen la gruesa línea que solemos dibujar entre lo industrial y lo artesano, con nombre propio. Raschel, que permite construir directamente el dibujo en la estructura del tejido. Jacquard, el histórico sistema de tarjetas perforadas que en 1801 hizo posible mecanizar dibujos complejos. Y Caperdoni, un telar especial, diseñado para combinar técnicas.

El Ministerio para la Transición Ecológica ha citado para el 17 de febrero a las comunidades autónomas a una reunión del Comité de Flora y Fauna que puede ser clave para el futuro de la supervivencia de una enigmática y amenazada especie, la anguila europea (Anguilla anguilla). El departamento de Sara Aagesen llevará a esa reunión la propuesta para incluirla en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría de “en peligro de extinción”, y vetar así la pesca de la anguila y de su alevín (la angula), que todavía se sirve en algunos restaurantes como un carísimo manjar. Transición Ecológica irá a ese encuentro con un informe del Comité Científico encargado de evaluar si una especie reúne los requisitos para ser incluida en el catálogo para su protección. Y la conclusión de esos expertos es favorable: “Se recomienda la inclusión de la anguila europea (Anguilla anguilla) como en peligro de extinción”.
La taquilla global ha tenido su mejor inicio del año desde la pandemia gracias a un enero en el que han aguantado bombazos como Zootrópolis 2, Avatar: fuego y cenizas y La asistenta, así como el tirón en España de Aída y vuelta. Pero en febrero toca hacer borrón y cuenta nueva, y volver a llenar las salas de nuevos estrenos. Será un mes con pocas superproducciones y no demasiadas secuelas que llenen las salas.
En los cines de Estados Unidos, antes de Marty Supreme, proyectan un sustancioso reportaje sobre el personaje real en el que se inspira la nueva película de Josh Safdie. Marty Reisman, campeón estadounidense de tenis de mesa a finales de los años cincuenta, fue un jugador carismático y excéntrico cuya pícara personalidad trascendió un deporte minoritario que, hasta entonces, poco o nada importaba en su país. Una edición de segunda mano de sus memorias, The Money Player: The Confessions of America’s Greatest Table Tennis Champion and Hustler, publicada en 1974, fue el detonante de una película que en ningún caso es un biopic, porque, como el propio Marty Reisman, va por libre.
Dirección: Josh Safdie.
Intérpretes: Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A'zion, Géza Röhrig, Kevin O'Leary.
Género: drama. Estados Unidos, 2025.
Duración: 149 minutos.
Estreno: 30 de enero.

Para María Ángeles Espinosa Bayal (Madrid, 60 años) la imagen del fracaso es una niña boliviana de unos 13 años, embarazada y con un bebé de un año ya en los brazos, que conoció hace años durante una misión en el país latinoamericano. Para la nueva presidenta de Unicef España, la protección de la infancia vive su momento más complicado en décadas y los derechos de las niñas corren especial peligro en un momento de recortes globales de la financiación al desarrollo.

Es de día o de noche, no importa. En el cayuco hay veinte personas, treinta, tal vez más. Hombres, mujeres, algún niño o niña. El mar no muestra sus fronteras, pero las tiene. Desde ese puerto africano, esperan llegar a Europa, pero saben que puede pasar cualquier cosa. Se preguntan quién los socorrerá si la embarcación se detiene o se quiebra. ¿Podrán sus familiares recuperar sus cuerpos si naufragan y mueren o desaparecerán en el mar o en una fosa común? Mientras la política antiinmigración de Donald Trump sigue dando titulares a los medios de comunicación internacionales, la escritora y periodista Taina Tervonen viene a recordarnos en Los vigías. Cinco centinelas de las fronteras que la tragedia migratoria continúa a las puertas de Europa.

En cierto sentido y por el momento, la principal innovación de la IA es estética: tiene que ver con nuestra sensibilidad mucho más que con la capacidad de cálculo incrementada. La tecnología posutópica normaliza los afectos tristes —el tipo de sentimientos que nos paralizan y reducen nuestra potencia política— y legitima la desconfianza y el miedo como motor de la historia. El ciberutopismo nos proporcionaba un simulacro de sociabilidad, un Prozac tecnológico con el que sobrellevar el menoscabo de los vínculos sociales en el mercado. El cibercatastrofismo es una especie de licencia de armas generalizada: la ganancia en poder individual se traduce en un escenario de pánico y desconfianza mutua asegurada y, así, pérdida de libertad.