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Enrique Arias Gil, un profesor español contra el que la Audiencia Nacional ha dictado una orden internacional de busca y captura por un delito de sabotaje con finalidad terrorista, se dedica desde Rusia a reclutar a ciudadanos españoles para combatir como soldados en las filas del Ejército ruso, participar en ciberataques remunerados con criptomonedas o facilitar información confidencial sobre funcionarios españoles. Así lo asegura un estudio de Golden Owl, una startup vinculada al Parque Científico de la Universidad de Alicante y especializada en el análisis de inteligencia de fuentes abierta. El informe ha recopilado 54.737 elementos y cartografiado 10.773 cuentas de las principales redes sociales entre el 20 de agosto y el pasado miércoles 5 de noviembre, además de examinar 528 documentos de la dark web.
Si a un consultor político le dijeran que un presidente y candidato a la reelección puede decir —sin mentir— que su país crece más que sus vecinos y rompe récords de empleo, y que además su ministro de Economía es el político mejor valorado, probablemente diría que tiene el trabajo medio hecho. Pero las cosas pueden no ser tan fáciles. Sobre todo si al consultor no le mencionan un factor que altera toda la ecuación: la inflación.
Ana A. llegó al Hospital de La Paz para dar a luz el 23 de diciembre de 2021 feliz y confiada. “El nacimiento de mi primera hija había ido muy bien y el embarazo de Oliver había sido estupendo, así que estaba tranquila y con toda la ilusión del mundo”, recuerda. Solo 24 horas más tarde, sin embargo, el bebé permanecía en la UCI con gravísimas lesiones en las cervicales que han provocado que sufra tetraplejia y necesite un respirador para sobrevivir. Una cadena de errores del ginecólogo que atendió el parto, cuyo último eslabón fue un uso desmedido del fórceps, causó las secuelas. “Fue el fórceps más agresivo que he visto en mi vida”, resume Marta, una enfermera que presenció lo ocurrido (el nombre ha sido cambiado para proteger su privacidad).


“Ojalá los moros que defiendes te violen”. Esta amenaza la recibió hace poco la guionista y cómica Marina Lobo por una de sus publicaciones: “Hice una parodia de la hija del dueño de Mercadona, ¡y me amenazaron de muerte!“, lamenta. Con 73.000 seguidores en Instagram, esta leonesa de 34 años que suele subir vídeos sobre política y feminismo lamenta el tremendo desgaste que supone exponerse en redes a los insultos y mensajes de odio dirigidos contra voces incómodas como la suya. Pero por ahora no se ha planteado denunciar los numerosos ataques de los que es objeto: “Tendría que dejar mi trabajo para atender tantas denuncias judiciales que te cuestan salud mental, dinero y tiempo. Es un rollo. Tiene que ver con que soy mujer, hago comedia y doy mi opinión política de izquierdas”.



El Consejo Científico Consultivo Europeo sobre Cambio Climático (ESABCC, por sus siglas en inglés) es un órgano creado por la Ley Europea del Clima de 2021 y formado por 15 especialistas independientes que asesoran a la UE para alcanzar los objetivos contra el calentamiento del planeta. Dentro de este grupo de cerebros está la ingeniera química y economista Laura Díaz Anadón (Oviedo, 45 años), que también ocupa el puesto de vicepresidenta. Estos 15 expertos están obligados a actuar de forma independiente y tienen otros trabajos a tiempo completo. En el caso de la asturiana, ella es catedrática de Políticas Climáticas de la Universidad de Cambridge (Reino Unido), donde también dirige el Centro para la Gobernanza del Medio Ambiente, la Energía y los Recursos Naturales, un instituto de investigación con una cuarentena de abogados, economistas y científicos que analizan, entre otras cuestiones, la mejor forma de progresar en la expansión de las tecnologías verdes. Díaz Anadón participó esta semana en Madrid, como vicepresidenta del ESABCC, en una jornada de la Fundación Naturgy y el Real Instituto Elcano sobre geopolítica y transición energética, a dos días del comienzo de una nueva cumbre climática en Antalya (Turquía), la COP31.


Cómo sería el sentimiento que avivaba Pepita de Oliva, la bailarina malagueña que en el siglo XIX causó furor en París, fiebre en Berlín, locura en Viena y delirio en Praga, que hasta se inventó el nombre de “la enfermedad del entusiasmo” para explicar lo que esta chica desataba.




La historia del pop y el rock ha conocido innumerables casos de músicos engañados: por discográficas, por managers, por sus propios compañeros. Ni gigantes como The Beatles o The Rolling Stones se libraron. Existe una práctica recurrente: firmar un contrato sin leer bien la letra pequeña, “porque éramos muy jóvenes y ya solo sacar un disco nos colmaba”. Pasado un tiempo, llega el éxito, el dinero y… qué pasa con mis ingresos, porque no me llega nada. “Mira lo que firmaste, novato”. Otra variante habitual se desarrolla en la pelea por registrar el nombre del grupo: quien tiene la lucidez de acudir al Registro de Marcas y Patentes se puede considerar prácticamente el dueño, aunque su función en la banda no fuera la más relevante. Estos días ha estallado el caso de Los Romeos, más atípico aún. Tanto que ya no se pueden llamar Los Romeos en algunos foros: han tenido que adoptar el nombre de La Vida Rosa, título de su canción más popular.
Hace años, Mackenzie Crook (55 años, Maidstone, Reino Unido) leyó algo que se le quedó grabado en la memoria. En un pasaje de las novelas El cuarteto de Alejandría de Lawrence Durrell, el autor mencionaba un fragmento escrito por el alquimista medieval Paracelso donde describe cómo crear homúnculos, una especie de criaturas en miniatura que podían vaticinar el futuro. Desde que lo leyó, Crook supo que tenía que encontrar la forma de hacer algo con ello. Durante más de una década fue construyendo en su cabeza una historia en la que encuadrar a esos homúnculos, una trama llena de realismo mágico, situada en el presente y en un barrio residencial de lo más mundano donde la magia podía surgir de repente.




La náusea. Es algo físico y emocional. Es la sensación que me asalta desde hace demasiado tiempo sobre el estado de las cosas. No es nueva. La sentí con la misma intensidad en el franquismo. También con casi todos los gobiernos. Pero ahora alcanza estados alarmantes, en vísperas y apogeo del teatro más infecto. Bueno, imagino que en el fondo se trata de mantener el sueldo o acceder a él en nombre de las ideologías, eternamente fieles al que más les pague, aunque sea tapándose la nariz. Qué mentira tan pragmática, qué incomodidad lo de obstruir las fosas nasales en nombre de la presunta verdad. Y que la movida económica finalice con eso tan democrático de las urnas. Pero que dejemos de observarnos como bichos, con eso tan falsario de los buenos y los malos, para legitimar el gobierno de los fulanos de toda la vida, de los que siempre se mantienen insomnes pensando en el bien común.
Adolfo Suárez sacó un papelito del fondo de su terno gris marengo y se lo entregó con mucho misterio a su fontanero en jefe, José Manuel Otero Novas. Abogado del Estado, ministro en dos ocasiones y en el verano de 1977 mano derecha de Suárez, Otero tiene hoy 86 años y recuerda con retranca en su domicilio madrileño aquella conversación con el presidente. “Yo era listo, ambicioso y con formación jurídica, y le estaba ayudando a montar el primer Gobierno democrático. Suárez se pensaba mucho las cosas. Un par de días después de ganar las elecciones del 15 de junio me confió en La Moncloa, donde todavía andábamos con andamios y obreros porque nos habíamos mudado en Navidad: ‘¿Te das cuenta de la cantidad de gente con la que voy a quedar mal?’. Habíamos ganado, pero solo había 20 ministerios y la UCD [Unión de Centro Democrático] era la suma de 16 partidos. No llegaba para todos. Suárez me dio una lista y me dijo: ‘He prometido o dado a entender a todos estos que serían ministros. Y no va a ser posible. Y se van a sentir traicionados. Quiero que suavices las posiciones y consigas que sigan siendo mis amigos. Tú ya sabes lo que puedes ofrecer. Engánchales a otras cosas”.