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Los precios desbocados están poniendo en riesgo la llegada y permanencia de investigadores a las grandes ciudades como Madrid. Una de las principales causas es la crisis habitacional, como reconoce el Plan Regional de Investigación 2026-2029, que dedica una frase al alojamiento de enorme calado: “El elevado coste de la vida, especialmente de la vivienda, puede dificultar la atracción de personal investigador si no hay apoyos económicos suficientes”. Estas palabras se convierten en historias en las tiendas de la Puerta del Sol, donde en las últimas semanas han dormido algunos científicos en protesta por la precariedad que les dificulta pagar un techo, y que se han encontrado con la indiferencia de la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso, que llegó a decir que los acampados estaban ligados al terrorismo.


La primera vez que se documentó de forma oficial que el siluro ―especie exótica invasora― nadaba por el pantano de Iznájar (Córdoba), el mayor de Andalucía, fue en 2011. Pero los pescadores ya habían detectado años antes, en 2003, la presencia de ejemplares pequeños de medio kilo. No se trata de un pez cualquiera: puede superar los dos metros y pesar 100 kilos, como algunos de los ejemplares que se pescan ahora allí. Y tiene un apetito voraz, ya que se estima que consumen diariamente entre un 2% y un 4% de su peso; en los ejemplares de mayor tamaño, equivale a entre dos y cuatro kilos.
El objetivo es el confort y la sostenibilidad. Lograr que la temperatura de las viviendas oscile entre los 19 y los 27 grados, intervalo térmico en el que no haría falta el uso de aparatos de refrigeración o calefacción. Pero los arquitectos se debaten entre dos modelos diametralmente diferentes.

Marta Tello es una farmacéutica de 23 años que trabaja en una oficina de Algete (Madrid). Hace seis meses, cuando completaba su formación en un equipo de atención primaria en Sevilla, se topó con un caso clínico que recordará durante toda la carrera profesional que ahora empieza: “Esta persona tomaba 18 medicamentos distintos, algo llamativo incluso para alguien de 80 años con varias patologías de base. Analizando el caso, detectamos algunas cascadas terapéuticas que convenía revisar”, afirma.


Cae la noche. Cerca de las cumbres de Tenerife y La Palma, el cielo se ha llenado de estrellas y los vecinos se disponen a descansar. Pero a 2.400 metros de altura, donde la atmósfera es menos densa y el mar de nubes queda bajo los pies, un grupo de profesionales se prepara para empezar una nueva jornada laboral. Son los astrónomos y operadores del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), que se enfrentan al frío, la humedad extrema y a sus propios ritmos biológicos para sacar adelante otra laboriosa noche de observación.

“Mira, este era de Manhattan Transfer”. Vadym Glynarskyy, de 73 años, lanza al suelo carbonizado los restos de uno de los 25.000 vinilos de su colección que estima se han echado a perder en un bombardeo ruso sobre el popular mercadillo de Pochaina (Kiev). “La guerra es un desastre”, deplora ante el desolador panorama que impera entre decenas de negocios arrasados por el fuego al igual que el suyo. Va mostrando objetos metálicos chamuscados que solo él identifica: un altavoz, una mesa de mezclas, un tocadiscos, un amplificador… y hasta el esqueleto de una bicicleta que corrió el Tour de Francia en 1978 y que le habían regalado a uno de sus hijos. A su evaluación, el comerciante añade varios miles de CD y cientos de cintas de casete que también se perdieron.





Narrado por el célebre paleóntologo Juan Luis Arsuaga, el documental Homo Plastic explora cómo los plásticos, microplásticos y nanoplásticos han dejado su huella devastadora en los ecosistemas más vulnerables del planeta. “Es un material fundamental e indispensable en nuestra vida, el problema es el uso que le damos”, apunta a este periódico Julio Pérez del Campo, el director de la película, ya disponible en el catálogo de Movistar Plus.
Como estos días el Pisuerga pasa por Salem, en Movistar Plus han creado la etiqueta “Halloween” para recopilar las películas de terror de su recámara. Cuando uno entra en la categoría, tiene que elegir, entre tres opciones, qué nivel de horror soporta. Ojalá el más alto, me digo mientras rebusco, lo proporcionara la ficción.
Las curiosidades alrededor de Barcelona se desperdigan por toda la provincia. Están presentes en ese Gaudí y modernismo tan típicos de la zona, pero también reúne otros característicos atributos, como la fuerza de la montaña, la genética de los viñedos y las bodegas y la singularidad de las poblaciones costeras. Barcelona confunde, pero es mucho más que la ciudad por la que se pierden cada año 26 millones de turistas. Ofrecemos aquí cuatro recomendaciones para quienes se acercan a la capital catalana, pero también quieren alejarse un poco de ella.


Como después de un truco mágico de David Copperfield en el que desaparece un edificio de la línea del cielo de Manhattan, un día —no sabemos si “un buen día”—, las recolectoras palestinas de flores en los invernaderos israelíes, los prisioneros palestinos, los conductores palestinos de autobuses en Tel Aviv, los propietarios palestinos de pequeños locales de hummus, desaparecen de Israel. ¿Será una huelga, una maniobra política por parte de la resistencia, una estrategia del ejército israelí, una conspiración? Existe una oposición dentro de Israel contra los desmanes de su gobierno a la que esta novela da voz; sin embargo, aquí la voz fundamental es la de los israelíes para quienes la desaparición constituye una ofensa y un alivio. Ibtisam Azem reflexiona sobre la usurpación de bienes, memoria y discurso; sobre la imposibilidad de asumir la franja gris en determinadas circunstancias históricas y políticas; sobre cómo se pervierte la racionalidad y se devalúa el significado de palabras como democracia. Lo más inquietante es que este libro fue publicado en 2014. Entonces, el pueblo palestino ya contaba con argumentos para denunciar una situación que, como poco, se remonta a 1948 con la creación del estado de Israel y la Nakba, la Catástrofe, que supuso la expulsión de más 700.000 palestinos. Hoy, en pleno genocidio, la lectura de El libro de la desaparición nos alcanza con pertinente vibración ideológica para recordarnos la dimensión ética y la oportunidad política de los textos literarios.
