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Se terminaban los años setenta y Sophie Calle se inventó un juego: “He pedido a algunas personas que me concedan unas horas de su sueño. Que vengan a dormir a mi cama”. A cambio, los extraños durmientes tenían que dejarse fotografiar. Su habitación propia estuvo ocupada sin interrupción por sueños ajenos durante casi una semana entera. Sophie tomaba notas de posturas y abrazos, como una etnógrafa de la vida íntima.
La imposición, como forma de liderazgo, ha saltado estos días al primer plano de la mano del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Él se ha propuesto, desde la presión, ordenar la escena geopolítica bajo su criterio y mando. Un patrón, el de ejercer el poder desde el ultimátum y la asimetría de fuerzas, incluso con el rechazo explícito del interlocutor, que se repite en algunas organizaciones. Pero encajar un no y atreverse con él exige una estrategia para impedir romper puentes, menoscabar la autoridad del superior y proteger las relaciones laborales. En la empresa, como en la geopolítica, el poder se negocia.
Un trabajador no está obligado a cumplir la orden de un jefe si es ilegal o vulnera un derecho fundamental. “El poder del empresario encuentra límites en la ley cuando atañe, por ejemplo, al respeto a la dignidad e intimidad de sus empleados. Es el caso de las denuncias formuladas por dos empleadas de Julio Iglesias al expresar que el cantante, presuntamente, solicitaba su acceso a efectos personales, como el móvil”, declara la presidenta de la Asociación Nacional de Laboralistas, ASNALA, Ana Gómez. La abogada aconseja documentar siempre y dejar por escrito el motivo de la oposición, incluido el formato en audio.
Si eres de mi generación –en el límite entre la X y la milenial– seguro que recordarás una de las escenas más míticas del clásico viejuno de Parchís La guerra de los niños. Esa en la que Carlitos se colaba en una pastelería, soltaba “no van a quedar ni las vitrinas, voy a estar comiendo hasta que se me gasten los dientes” y procedía a zamparse todos los dulces del mostrador antes de terminar en urgencias. Todo; menos la indigestión, claro, fue uno de los sueños más recurrentes de mi infancia. Me pierden los pasteles, qué le vamos a hacer.



El nuevo acuerdo de TikTok en Estados Unidos ha provocado la salida masiva de usuarios luego de que entrara en vigor una nueva política de privacidad que se debe firmar de manera obligatoria para seguir utilizando la plataforma. No hay una cifra exacta de la cantidad de personas que han desinstalado la aplicación, pero el llamado a hacerlo se ha vuelto viral en redes con miles de réplicas. El ajuste se hace para que la aplicación de origen chino pueda operar legalmente en el país, con una filial de nombre TikTok USDS Joint Venture LLC. La empresa cuenta con inversionistas estadounidenses cercanos al presidente Donald Trump, lo que ha encendido las alertas sobre el uso que se le dará a los datos de los usuarios.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, quería al fundador y director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, en el Congreso para que explicara “la posible violación masiva de la privacidad de millones de usuarios”, según comunicó el PSOE. Finalmente ha sido el director de Políticas Públicas de la multinacional para España y Portugal, José Luis Zimmermann, quien ha defendido este viernes en la Comisión de Economía, Comercio y Transformación Digital la actuación de su empresa frente a las sospechas de vulneración de la legalidad, las medidas de mediación para evitar la desinformación y el establecimiento de una mayoría de edad digital, como ha regulado Australia con un éxito cuestionable y aún por evaluar. El directivo ha minimizado el papel de las redes en la polarización social.