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En los accesos a la plaza de Tiananmén, en Pekín, la capital de China, la multitud se pliega una y otra vez entre las vallas, mientras el gentío avanza lentamente hacia los controles de seguridad. Este miércoles se conmemora el 50º aniversario de la muerte del fundador de la República Popular, Mao Zedong, cuyo cuerpo embalsamado reposa en el imponente mausoleo que se alza en el corazón de la inmensa explanada. No queda ni una sola reserva disponible para acceder al sepulcro en toda la semana. “Hemos venido porque nuestros padres y abuelos sueñan con hacerlo, pero son mayores y no han tenido la oportunidad de viajar lejos”, contaban la víspera Pan y Wang, dos estudiantes de 22 y 24 años, respectivamente.
Soraya Eguizábal tiene 13 años, un apellido vasco y la piel oscura. Es ceutí de nacimiento. “Vamos, que su abuela también nació aquí”, añade su madre, Fátima Taieb. Suena a justificación, porque lo es. La niña fue agredida verbalmente en una manifestación porque la confundieron con una migrante el pasado domingo. Lo cuenta pausada, un día después de que ocurriera y también la víspera de regresar al colegio: “Ahora tengo miedo de que me vuelvan a insultar o agredir, no sé qué va a pasar cuando vuelva”, dice. La madre explica que la niña ha salido poco a la calle desde la entrada masiva de migrantes.
El Gobierno se ha tomado la decisión del Tribunal Supremo de paralizar el derecho al voto de los beneficiarios de la conocida como ley de nietos hasta que acrediten que son hijos o nietos de exiliados como una nueva afrenta de un tribunal con el que ha tenido varios choques importantes esta legislatura, desde la paralización de la ley de amnistía para que no se aplique a Carles Puigdemont a la condena del ex fiscal general del Estado. Esta vez no es la Sala de Lo Penal, con Manuel Marchena como hombre fuerte, sino la de lo Contencioso-Administrativo, pero el Gobierno hace un análisis político similar al de ocasiones anteriores.
Mikel Pérez Trejo (33 años) creció escuchando la historia de su abuelo, José Trejo Rodríguez, un niño nacido en San Mateo, un pueblo de Gran Canaria que con apenas 12 años tuvo que abandonar España huyendo del “alistamiento en el servicio militar”. Llegaron a Cuba, donde empezaron una nueva vida y, años después, conoció a su abuela con quien formó una familia. En 2022 la Ley de Memoria Democrática abrió una vía extraordinaria para que hijos y nietos de españoles accedieran a la ciudadanía como reparación histórica, pero la magnitud de la demanda —más de 2,4 millones de solicitudes— desbordó por completo a la red consular. La reparación a quienes sufrieron las consecuencias de la Guerra Civil y la dictadura franquista se encontraron con una barrera burocrática en un sistema que no da abasto y ahora con la decisión del Tribunal Supremo paralizar esa inscripción en el censo hsata que acrediten en los consulados que son descendietes de exiliados.
España ha obtenido un resultado desastroso en el Informe PISA, la mayor evaluación educativa del mundo. Pero el batacazo no ha sido igual para todos los alumnos. Si se les divide en cuatro niveles en función del perfil socioeconómico y cultural de la familia a la que pertenecen, el mayor hundimiento lo protagonizan los más ricos. Y no se trata de una diferencia menor. En lectura, el grupo de chavales más acomodado pierde 33 puntos respecto a la anterior edición de PISA, el doble de lo que empeoran los estudiantes de las otras clases sociales. De forma orientativa, la OCDE, responsable de la prueba, estima que 20 puntos equivalen a un curso académico de diferencia. En matemáticas, pierden 24,2 puntos -más del doble que los más vulnerables-. Y en ciencias, retroceden 12, cuando el cuartil anterior, el tercero, avanza 2,7 puntos. Ello no impide que los estudiantes más acomodados sigan siendo los que mejor resultado obtienen.
Madrid, Castilla y León y Asturias son las tres comunidades autónomas que mejores resultados obtienen en el Informe PISA, publicado este martes. Ello no quiere decir que no hayan sufrido. PISA calcula que 20 puntos de diferencia equivalen aproximadamente a lo que se aprende en un curso escolar. Y Madrid ha perdido 27 puntos en lectura respecto a la edición anterior, publicada hace tres años. Castilla y León 27 en matemáticas. Y Asturias, 26 en ambas competencias. Las tres se dejan más puntos que el promedio de las comunidades autónomas. Pero como estaban muy por encima de la media, ese colchón les ha permitido seguir ocupando los primeros lugares. Algunas características que les benefician educativamente coinciden, pero cada una tiene sus particularidades. Estas son las claves.

Los alumnos españoles son, con los de Malta, los que más usan la IA del mundo desarrollado para estudiar. Y no parece mejorar sus resultados. Hay un grupo de países donde el Informe PISA sí observa una asociación entre su uso y un mayor rendimiento en la prueba. Pero son solo 8 de 43 que forman parte de la OCDE o la UE, y España no está entre ellos. La gran evaluación internacional observa, en general, lo contrario: “Un uso más intensivo de la inteligencia artificial aparece asociado a un menor rendimiento”. Los cinco países donde los chavales menos usan la inteligencia artificial para fines escolares (Japón, Irlanda, Reino Unido, Finlandia y Canadá) figuran entre los 10 con mejores resultados en casi todas las competencias que evalúa PISA: matemáticas, lectura y ciencias.
España se hunde en el Informe PISA, la gran evaluación internacional que organiza la OCDE para medir el rendimiento de los estudiantes de entre 15 y 16 años. Se presentan casi 800.000 jóvenes de noventa países, 30.000 de ellos españoles, pero no se les mide a ellos individualmente: se mide un sistema educativo. Y España ha salido muy mal parada.
Las bebidas energéticas no se consumen por placer. No se sirven en una copa de balón, con hielos y pajita, no se sorben con lentitud gozosa. En el imaginario colectivo, se toman directamente de la lata, frente al ordenador, mientras se hace otra cosa. Más que una bebida son una poción, un brebaje que promete convertirnos en una versión más rápida y eficiente de nosotros mismos. Tienen sabores químicos y nombres absurdos como Focuss Passionate, Absolutely Zero o Lando Norris Zero Sugar edición limitada dorada. Llevan años arrasando entre los hombres jóvenes. Y ahora empiezan a dar el salto al resto de la sociedad.
En enero de 2020, Javier Marías se planteó recoger en un volumen una serie de textos que estaban dispersos en publicaciones periódicas, en obras editadas en otras lenguas, que eran de difícil acceso o que, por algún motivo, seguían inéditos. De todo ese material, en ‘Aquí me paro’ (Alfaguara), a la venta mañana jueves, aparecen 66 textos redactados entre los años 2001 y 2020. Los lectores de Javier Marías descubrirán al hombre que recupera recuerdos, al pensador literario, al cinéfilo entusiasta y al apasionado del fútbol. El que se reproduce a continuación, ‘Escribir un poco más’, es un encargo de la editorial Bloomsbury en 2015 por el IV centenario de la muerte de Shakespeare.