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En España hay municipios donde el impuesto de circulación puede ser hasta 350 euros al año más barato que en otros. Esa enorme diferencia fiscal ha creado un fenómeno peculiar, marcado por pequeños pueblos que concentran decenas de miles de vehículos matriculados, muchos más de los que podrían circular o aparcar por sus calles. Son los llamados paraísos fiscales del motor, localidades que han convertido el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica (IVTM) —conocido popularmente como impuesto de circulación— en una inesperada fuente de ingresos al atraer a grandes empresas y flotas de coches que registran allí sus vehículos para pagar menos impuestos.
Cada vez que la tensión escala en Oriente Medio, ya sea por el enfrentamiento entre Israel e Irán, la inestabilidad en el Mar Rojo o la retórica militar en el Golfo Pérsico, el mundo dirige su mirada al Estrecho de Ormuz. Y no es para menos. Por ese angosto paso transita diariamente alrededor del 20% del petróleo mundial y una cuarta parte del gas natural licuado (GNL). Ante la posibilidad de un bloqueo, la reacción mediática y política en España se centra en su preocupación por el precio de la gasolina, las diversas alertas sobre el recibo de la luz y los debates sobre el nivel de nuestras reservas energéticas estratégicas.

Laime Arold, haitiano de 26 años, compra barras energéticas en una pequeña tienda a la orilla de la carretera Panamericana, en el sur de Chiapas, en México. José Adán, hondureño, reza en voz alta en un parque de Tapachula: le pide a Dios que lo libre de los secuestradores y de la policía en el camino. Gerardo Aguilar, venezolano, viaja a 90 kilómetros por hora, acostado sobre dos asientos en un autobús con rumbo a Guatemala, mientras habla por teléfono con la mujer que dejó en Caracas.



La moda no suele ser un tema de conversación en Washington, ciudad tan obsesionada con la política y el poder como poco interesada en la ropa como vehículo de expresión personal. Esta semana, la excepción llegó en la forma de unos zapatos con los que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, está fascinado.
Toca ir a escuchar los resultados de la biopsia. El diagnóstico llega como una escena absurda y desconcertante. Las palabras carcinoma de mama caen de pronto como un objeto extraño. ¿Cómo? No puede ser. Nadie está preparado para ese momento. Los estudios muestran que el impacto inicial suele vivirse como un estado de shock cognitivo y emocional, con dificultades para procesar la información. Se cruza entonces una frontera invisible. De persona normal a “enferma”. Mientras se escucha al médico, la mente intenta procesar cifras, tamaño del tumor y tratamientos posibles. La información científica, aunque clara, puede sentirse abstracta y distante. Y enseguida llegan las preguntas en bucle. ¿Por qué? ¿Cuánto tiempo lleva eso ahí? ¿Es culpa mía? En ese instante, la manera de comunicar importa. En la Unidad de Patología Mamaria del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid recuerdan que acompañar el diagnóstico implica tiempo, escucha y presencia. La neurociencia afectiva ha demostrado que el contacto físico seguro activa mecanismos de regulación emocional y libera oxitocina. Profesionales como la radióloga Irene Vicente Zapata resaltan que el contacto ayuda a reducir el impacto del estrés y hace recuperar cierta sensación de control.
A pocos días del 50° aniversario del inicio de la última dictadura militar argentina, la justicia federal de la provincia de Córdoba confirmó la identificación de los restos de 12 personas que fueron desaparecidas durante ese período, entre 1976 y 1983. Estaban enterrados en un predio militar que funcionó como un centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como La Perla, ubicado en las afueras de la ciudad de Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires. Los nuevos hallazgos son un revés para las ideas negacionista que, alentadas por miembros del Gobierno de Javier Milei, comenzaron a permear en los últimos años. Es una nueva evidencia concreta de un sistema de terrorismo estatal que confronta con el discurso que intenta suavizarlo.
El martes por la noche, José M. G. fue hasta la casa de su expareja y empezó a apilar colchones en el bajo de ese bloque de viviendas en Miranda de Ebro, en Burgos. Al poco empezaron las llamas. El fuego mató a esa mujer, Dolores, de 58 años; a su madre, Antonia, de 78; y a una vecina de 24, Laura Valentina. Otras cuatro personas, entre ellas un niño de 7 años y otro de 11, acabaron hospitalizados durante unas horas. Este ya es el caso con más víctimas implicadas ―heridas y mortales― desde que hay estadística, en 2003; siete por ese incendio provocado por un hombre de 60 años, que se entregó el miércoles por la mañana sabiendo que la policía lo buscaba y sabiendo que iba a volver a la cárcel de la que había salido hacía no mucho tiempo. Esta, cuando se produzca, será la tercera vez que entre en prisión por un delito relacionado con la violencia de género.
La pequeña ciudad nigeriana de Igbo-Ora presume de un título singular: el de “capital mundial de los gemelos”. Basta un paseo por sus calles, en este territorio de cerca de 200.000 habitantes, para advertir una presencia inusual de parejas idénticas que caminan, compran o juegan en las plazas. Si a escala global se registran en torno a 12 nacimientos gemelares por cada 1.000 partos, según un estudio publicado en 2021 en la revista Human Reproduction, la proporción en esta urbe del suroeste de Nigeria es muy superior.
Lourdes Hernández (Madrid, 39 años) sigue siendo un rostro inolvidable entre la multitud. En la cafetería en la que nos hemos citado nos espera —ojos de heroína manga, una cola de caballo alta llena de lazos juguetones, una cinta translúcida a modo de choker en el cuello— sentada junto a su marido, el californiano Zach Leigh. En solo dos semanas, la cantante que un día fue solo Russian Red presentará en el Café Berlín de Madrid y El Molino de Barcelona un cabaret titulado Rojo relativo, en el que deja salir las muchas identidades que cultivó en los años en Estados Unidos, aunque en la que se sienta más realizada hasta hoy es en la pareja: “En verdad creo que es la mejor cosa que he hecho en mi vida. Puedo decir: esto está bien hecho, bien elaborado, bien trabajado, bien comunicado, bien evolucionado. Me reconozco absolutamente en mi relación”.

Romanticismo (publicada en 2001) convirtió Madrid en una ciudad del mundo que, a la muerte de Franco, se veía de otra manera. El cogollito, es decir, el centro neurálgico de lo que había sido la capital, se estaba preparando para el futuro democrático. El autor del libro, Manuel Longares (Madrid, 1943), periodista y narrador, ya había escrito en abundancia: La novela del corsé, Soldaditos de Pavía, Operación Primavera… Romanticismo marcó el pasado y el resto de su obra y él es ahora un clásico que tiene como antecedentes a Pérez Galdós, a Valle-Inclán o a Juan Benet. Ahora es autor de un libro que parece salir de las entrañas de las monarquías de los Austrias, pero que hoy, con sus risas y sus pareados, convoca, a veces cruelmente, a veces a carcajadas, siempre con risas, a la sátira contemporánea. Cortesanos (Galaxia Gutenberg), esta nueva obra suya, sucede en el siglo XVIII de Madrid, pero en este tiempo puede ser contada como una evocación despiadada de lo que sucede en la corte de estos días.
