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“Yo no tengo nada importante que contar; llevo una vida muy apartada”, me decía Dámaso Alonso, poeta, filólogo, director de la Real Academia. “Todas las mañanas, desde hace cinco años, doy un paseo. Me voy hasta la plaza de Castilla, bajo por la Castellana, rodeo el estadio de fútbol y vuelvo a casa por detrás. Este paseo ayuda mucho a la manera de ser de mi cuerpo. Pedro Sainz me quiso regalar un bastón, pero no lo necesitaba todavía. Pedro Sainz Rodríguez, ése sí que ha pasado de todo”, decía Dámaso Alonso, no sin un leve matiz de envidia.
El miércoles, tras marcar al Stuttgart su primer gol de la temporada con el Atlético de Madrid, Julián Alvarez subió al autobús del equipo acompañado por su compatriota Juan Musso, el guardameta suplente. El tanto fue un punto de inflexión que Diego Pablo Simeone, el plantel y la dirigencia esperan que sea definitivo en su reanimación anímica y en la ardua y compleja empresa del atacante argentino por reconciliarse con la hinchada rojiblanca. Todos se han implicado en que el goleador recupere su condición de estandarte del proyecto. Las heridas por su fallido intento de forzar su marcha al Barcelona este verano aún siguen abiertas. El gol al Stuttgart supuso las primeras puntadas para cerrarlas.
Un partido de fútbol nunca es solamente un partido de fútbol. Mucho menos un Barça-Madrid, dos poderosos fenómenos sociológicos marcados por una fiera rivalidad desde hace muchas generaciones y que trasciende lo deportivo.

Shaquille O’Neal abrió el melón hace unos días. “Los americanos saltan más alto, los europeos juegan con cabeza”, sentenció el mítico expívot que jugó 19 temporadas en la NBA y se enfundó tres anillos de campeón con los Lakers y otro con Miami. “El juego en Europa es mejor que el de la NBA, los europeos tienen fundamentos de baloncesto mucho más fuertes que los estadounidenses”, comentó Shaq en una visita a Kaunas para presenciar el Zalgiris-Olympiacos de la Euroliga. En primera fila, O’Neal saludó a Arvydas Sabonis y fue testigo de un choque de trenes entre dos de los mejores equipos del continente (91-93), un buen reflejo del nivel de la mayor competición europea de clubes. Los partidos en la cumbre se repiten cada semana en Europa y alimentan el debate sobre la calidad del juego en una orilla y otra del océano.
El Real Madrid batió el pasado domingo ante el Bilbao Basket su récord triplista en un partido de la ACB: 20 aciertos de 42 intentos. El jueves repitió cumbre en la Euroliga: 21 de 40. En total, 41 bingos en 82 lanzamientos, un 50% de eficacia. El método de Pedro Martínez ya convirtió al Valencia en el equipo con más valoración, puntos, rebotes, asistencias y triples el curso pasado en la competición doméstica. Esta temporada, el Madrid lidera en la ACB esas mismas estadísticas excepto la de tiros de tres puntos convertidos, en que es segundo por detrás del Casademont Zaragoza.
Llull anotó cinco triples ante el Surne Bilbao pero no jugó en la Euroliga. Frente al Maccabi, Campazzo sumó cinco dianas desde el perímetro por cuatro de Andrés Feliz y tres de Abalde y de Luwawu-Cabarrot.

Osasuna debutó en Primera en la temporada 1935-36. Menos de un año después, el presidente que aupó al club a la élite, Natalio Cayuela, fue ejecutado en la matanza de Valcaldera, el primer fusilamiento masivo en Navarra tras el golpe militar de Franco del 18 de julio del 36. Ese día, este jurista y militante de Izquierda Republicana se presentó en el Gobierno Civil de Pamplona para tratar de frenar el pronunciamiento, pero, lejos de lograrlo, fue detenido y, en agosto, asesinado junto a su hermano Santiago y otras 51 personas al sur de la comunidad. “Su hermano Enrique se salvó escondiéndose en el reloj de la antigua estación de autobuses”, afirma Marissa Weinstein, sobrina nieta de Natalio.
Aponiente, el restaurante tres estrellas Michelin capitaneado por el cocinero Ángel León, ha logrado que el universo gastronómico mire hacia el gaditano Puerto de Santa María. En este año, además ha salido del molino de mareas del siglo XIX donde se ubica y la experiencia que supone comer en él se expande hacia las marismas que lo rodean, ubicadas en el parque natural de la Bahía de Cádiz, el mismo lugar que sirve de inspiración desde hace años para este chef.
“Nunca había visto tanta gente en la cola”, afirma sorprendida una asistente a la 080 Barcelona Fashion a escasos minutos del comienzo del desfile de Benavente. No le falta razón: son las dos de la tarde de un jueves y bajo un sol digno de julio, cantidad de fashionistas esperan su turno para ver las propuestas del valenciano y, podríamos decir, también sus historias. En cada costura, Paco Benavente (Valencia, 35 años) cuenta una. Una historia que no entiende de géneros, pero sí de sastrería y de patronaje. Cuando en 2015 se hizo con el premio a la mejor colección de diseño emergente dentro de la Valencia Fashion Week, pasó a pasar a formar parte de esas “jóvenes promesas” que a los medios y a la industria de la moda tanto gustan. Pero su propia historia dio un giro inesperado: se retiró y se dedicó a la docencia. Así descubrió lo que ahora ya sabemos: que lo suyo es narrar mediante colecciones, patrones y emociones, no a través de lecciones. Y por eso, en 2024, la marca renació. Esta es su tercera colección presentada en la 080 Barcelona Fashion. Hablamos con él, horas antes del desfile, sobre la última, de título muy adecuado: Nomeolvides.
Ante los incendios forestales cada vez más intensos y peligrosos, quizá haya llegado el momento de mirar más allá de la extinción y replantearnos también cómo gestionamos el territorio una vez apagado el fuego. En los últimos tiempos asistimos a un paulatino cambio de paradigma que supone abandonar la estrategia de supresión total propia de la época del “todos contra el fuego”. Empezamos a asumir que siempre va a haber igniciones, ya sean naturales o accidentales, y que cuanto más continua e inflamable sea la vegetación, menos manejables serán los incendios y peores sus consecuencias. Esa es la lógica que inspira las quemas prescritas, que no pretenden eliminar el fuego, sino utilizarlo para reducir la biomasa y, por lo tanto, la severidad de los incendios.
He de reconocer que, hasta ahora, creía que la postura escorada de los gobiernos autonómicos en favor de los centros de datos se debía a la misma injusta mezcla que nos afecta a buena parte de los españoles: la falta de información por parte de las grandes corporaciones promotoras y la diseminación por estas de algunos datos confusos y sobredimensionados en empleo e inversión. La labor que he tratado de desempeñar estos últimos meses, como investigador predoctoral del CSIC y de la UC3M, ha sido precisamente tratar de poner la información a disposición de los vecinos y las administraciones afectadas por estas instalaciones. Es por ello que recibí con ilusión la invitación de Unidas por Extremadura para comparecer en la Comisión de Economía, Empleo y Transformación Digital de la Asamblea de Extremadura con el objeto de ofrecer un análisis científico de los beneficios y riesgos asociados a los proyectos de instalación de grandes centros de datos en esta tierra. La misma tierra que cultivaron mis abuelos y de la que emigraron con la intención de que sus nietos pudieran estudiar en las instituciones en las que a día de hoy trabajo.
Siempre he tenido un problema irresoluble con el teatro y es que pocas veces he logrado creérmelo. Tampoco acostumbra a suscitarme esa emoción, esas sensaciones, que me provoca el gran cine. El problema debe de radicar en mí. Exagero un poco. Hace infinitos años vi al extraordinario Vittorio Gassman en un escenario. Sin ninguna compañía. Recitando a Shakespeare, a Pirandello, a Herman Melville. Me resultó hipnótico. También me fascinó Albert Finney interpretando Hamlet. Fueron excepciones.