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Manuel Pellegrini le suplicaba a Bartra que no subiera al área del Lille a rematar un córner en el minuto 85. El catalán quería más. Cubrirse más de gloria en un partido donde sus dos goles de cabeza, o más bien con el alma, allanaron el fantástico estreno del Betis en la Champions 21 años después. Pellegrini dejó a su chico de oro en Lille subir a rematar. Por supuesto. Como manejó muy bien a un equipo que pagó caro sus errores en defensa en el primer tiempo para luego remontar con fútbol y goles. Este estupendo Betis, con sus defectos, se trajo tres puntos muy importantes para alegría de una afición que volvió a apoyarlo en Lille y, también, para cimentar un excelente inicio de temporada. La victoria en Lille tiene valor, sobre todo, porque asienta la idea del técnico y sus jugadores, capaces de no perder los nervios con el 2-1 al descanso. Fue entonces cuando mostró una excelente personalidad para remontar con goles de Bartra y Parrott. También, hay que decirlo, contó con la inestimable ayuda de Mbappé, que vio la roja por agredir a Natan justo después del 2-3. La Champions no perdona ese tipo de ingenuidades.
Un Villarreal muy maduro, pero poco afilado, dejó escapar la oportunidad de ganar o empatar en uno de los estadios más temidos de la Champions, el Westfalenstadion. El equipo castellonense equilibró el duelo en la segunda parte y cuando tuvo al Borussia Dortmund panza arriba, perdonó buenas ocasiones y acabó desmoronándose en los minutos finales, aunque aún tuvo tiempo de volver a empatar.
El Real Madrid perdió el viernes contra el Betis su mejor partido y ganó contra el Inter el peor, una función desorientada y desesperante en la que se vio dominado por los italianos y sostenido por Courtois. El equipo de Mourinho se adelantó castigando dos fallos del Inter con sendos goles de Mbappé y Valverde y luego acumuló su propia colección de fallos ante la puerta de Josep Martínez, una colección nutridísima. Y así comenzó el Real su camino en la Champions con una victoria difícil de deducir de lo que vio y sintió el Bernabéu, pero que vale los mismos tres puntos que se le escaparon en La Cartuja en Liga.
A finales de los setenta, cuando la chilena Verónica Uribe y la venezolana Carmen Diana Dearden se aventuraron a crear una editorial infantil en Caracas, prácticamente no existían autores del género a los que pudieran echarle mano. Los ojos estaban puestos en Europa y Estados Unidos, pero ellas, que habían crecido leyendo a los grandes del boom latinoamericano, querían volcar la mirada al entorno de la región. Que los niños se empaparan de sus ciudades, personajes y cultura a través de libros con imágenes atractivas. Como la escasa oferta existente estaba cargada a educar desde la mirada de un adulto, acudieron a la tradición oral y a la poesía. La puerta de entrada fueron los pueblos originarios de Venezuela y desde ahí comenzaron a elaborar textos desde la mirada inexperta de los pequeños lectores. La fórmula vanguardista dio resultado. La editorial Ekaré lleva casi medio siglo alimentando bibliotecas, salas de clase y estanterías de casas en distintos rincones de América, y este martes ha recibido el reconocimiento al Mérito Editorial de la Feria del Libro de Guadalajara “por ser un referente en el mercado editorial infantil en Iberoamérica”.