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Hace dos semanas, después de que el Celta tumbara al PAOK en Vigo y certificara su regreso a los octavos de final de la Europa League casi una década después, el entrenador que dirigió una gesta que no hacía tanto parecía imposible atendió a los micrófonos de Movistar+. “Estamos en un sitio que no nos corresponde, en el que no deberíamos estar por la juventud de nuestros jugadores y por la reconstrucción del club. Somos un club en crecimiento y estamos viviendo un momento muy bonito en el que hay un arraigo descomunal de la gente con los jugadores y de los jugadores con los aficionados. Yo nunca lo había vivido aquí en Balaídos, y llevo toda la vida viniendo. Todo es muy natural y muy bonito, y ese arraigo de la gente gallega hace que se viva algo muy especial y que noches como hoy nos queden en la memoria a todos”, resumió Claudio Giráldez, de 38 años.
La mayoría de los equipos femeninos de fútbol que están ahora en el primer nivel nacieron bajo el paraguas de clubes masculinos históricos. El FC Badalona Women es uno de los pocos de la actual Liga F que ha crecido como proyecto independiente, sin esa gran estructura detrás. Un club que empezó como equipo de barrio, y que se ha ido transformando a base de mudanzas, cambios de identidad y ahora también con inversión internacional. Mercury 13, grupo inversor multiclub, entra de lleno en el Badalona como su máximo accionista con una idea clara: profesionalizar el club, potenciar su desarrollo deportivo y aspirar a competir en la parte alta de la Liga F y, algún día, en Europa. “Es el comienzo de un proyecto de crecimiento. No pasará de la noche a la mañana, pero hay mucha gente con muchas ganas de elevar el nivel. Espero que llene de ambición a nuestras jugadoras, cuerpo técnico y comunidad de Badalona”, asegura Mario Malavé, cofundador de Mercury. La fecha del anuncio no es baladí: este jueves el Badalona, octavo clasificado de la Liga F, se enfrenta al Barça (21.00, Teledeporte y RTVE Play) en la primera semifinal de la Copa de la Reina de su historia.
Poco antes de morir José Guirao —Pepe para los amigos— reunió a su círculo más cercano y le contó dónde guardaba todo aquello que había escrito durante su vida y que nunca había publicado. Las letras dormían en diferentes pendrives y ordenadores, también en todos los cuadernos que le gustaba comprar, en la casa de Madrid, en su pueblo Pulpí, Almería, en La Vera, Cáceres, un refugio donde cuidaba su jardín japonés, paseaba con los perros y escribía para que nadie le leyera. Por ahí se encontraba desperdigada una obra dispersa e inconclusa consistente en poemas de juventud, apuntes, notas, alguna obra teatral, algún intento de novela. “Haced con ello lo que creáis conveniente”, les dijo.
Hace casi 40 años, en 1988, Aitana Sánchez-Gijón (Roma, Italia, 57 años) se subió al escenario del Teatro Español de Madrid para interpretar a Acacia, una mujer de la que se enamora su padrastro en La malquerida, la obra cumbre de Jacinto Benavente. Tenía apenas 19 años, casi nulo recorrido en la interpretación y no auguraba la dilatada y exitosa carrera que le esperaba. “Era una actriz jovencita, era mi segundo montaje teatral. Me sentía un poco apabullada por todo: el elenco, el lugar, el texto…”, recuerda. Este viernes volverá a la misma obra y al mismo teatro, pero con el papel de Raimunda, la madre de aquella a la que interpretó tantos años antes, en una nueva producción dirigida por Natalia Menéndez.

Una noche, mientras escribía, la poeta y escritora Maggie Smith (Columbus, Estados Unidos, 49 años) reparó en el maletín de su marido, abierto encima de la mesa del comedor. Atraída por ese descubrimiento, se acercó a él, hurgó entre las carpetas y blocs de notas, y encontró una postal dirigida a una mujer que vivía en la ciudad que él había visitado últimamente por trabajo. El descubrimiento de esa —en aquel momento hipotética— infidelidad fue el principio del fin de su matrimonio y de la familia que habían creado juntos.

Jesús Alba nunca ha hecho oídos sordos a las tradiciones y la cultura de su pueblo, todas ellas muy sonoras. Toca la trompa en una banda de música desde niño; detona el trabuco en las fiestas de Moros y Cristianos de la Vila-Joiosa, donde nació hace 54 años, y disfuta de las mascletà y de las fallas de Valencia y Gandia, en cuyo campus de la Universitat Politècnica trabaja como catedrático de Física Aplicada especializado en Acústica.

La confesión aparece en el peor lugar: el Boletín Oficial del Estado. Allí, la semana pasada, el Gobierno de España reconoce a ojos de todo el mundo que le debe al de Castilla-La Mancha 3.105,22 metros cuadrados desde hace 40 años. Es el fruto de la construcción de la España de las autonomías. A finales del siglo XX, el Estado traspasó a las distintas regiones personal, servicios, funciones y competencias. Eso debía ir acompañado, también, del uso o la propiedad de los edificios en los que se prestarían los distintos servicios a los ciudadanos. En el caso de Castilla-La Mancha, se acaban de traspasar 54,75 metros cuadrados pendientes desde 1983 correspondientes a la sede de la Delegación Provincial de la Consejería de Hacienda, Administraciones Públicas y Transformación Digital. Pero quedan muchos más pendientes: 2.434,97 desde que en 1984 se traspasaron las carreteras, 651 desde que en 1995 se traspasó la competencia en materia de casinos, apuestas y juegos; y 19,25 desde que en 1996 ocurrió lo mismo con agricultura.
Hay apellidos que imponen, sobre todo a sus portadores. El compositor Gabriel Prokófiev (Londres, 41 años) no llegó a conocer a Serguéi, el enfant terrible de la modernidad soviética, pero desde pequeño sintió una gran admiración y respeto por su abuelo. “Cuando mi padre [Oleg, pintor y escultor abstracto] emigró a Gran Bretaña tuvo mucho cuidado de no imponernos esa herencia”, cuenta en conversación telefónica. Su infancia no transcurrió, como cabría imaginar, entre estrictas clases de solfeo. “En casa sonaba siempre su música, pero la asimilábamos con cierta naturalidad”, recuerda. “Me encantaba su ballet Romeo y Julieta y el segundo de sus conciertos para piano”.



Dicen que las últimas palabras que pronunció el poeta alemán Goethe antes de morir fueron “Licht! Mehr Licht!” (“Lluz, más luz!”), aunque no se sabe si se debía a su ansia por adquirir más conocimientos o porque quería que alguien corriera las cortinas. Uno puede levantarse por la mañana, escribir un poema, dejar que la luz entre por la ventana y esperar tranquilamente la llegada de la muerte antes de que se ponga el sol. La figura del spoken word y persona no binaria Andrea Gibson reformula esa claridad poética en torno a la muerte en su documental Come See Me in the Good Light, en el que muestra los últimos momentos y conversaciones junto a su pareja, la también poeta Megan Falley, mientras atraviesan el cáncer terminal de Gibson.



Atendiendo al ruido, la noticia televisiva del trimestre es el paso de Marc Giró de TVE a La Sexta. No diré que se olía, pero sorprendió que, tras la baja de Buenafuente y Abril, no fuese el elegido para presentar las campanadas junto a Chenoa. Con su permanente actitud de cóctel queda fetén explicando protocolos de cuartos y carillones. Parecía más acertado que mezclar a Estopa y Chenoa, la pareja (trieja) con menos química de TVE hasta Tosar y Bandini. Vuelve a un grupo mediático que ya conoce, como Bertín, que retorna a Antena 3 tras más de 20 años, aunque yo habría jurado que nunca se había ido; igual es que lo mezclo con Joaquín, son la misma persona en distinto formato. Menos se ha hablado del acertadísimo fichaje de María Lamela por parte de Telecinco. Atresmedia ficha, pero también deja escapar e infrautiliza talentos. Si esto fuese fútbol, TVE estaría contraatacando con el fichaje de Iñaki López. Déjenme soñar a ser gerifalte.