Home Investigacion en Intelligencia Artificial y Desarrollo de Algoritmos Desarrollo de Energia Nuclear y Avances en Fisica Nuclear Innovacion en Tecnología de Vanguardia
En el verano me propuse tomarme el tiempo de otra manera, como si fuera posible tomarlo a él y no a la inversa. Me propuse que septiembre sería esta vez distinto, convencido de que el verano podía ser una actitud o un estado de ánimo, igual que lo escribe Albert Camus en sus libros. Una filosofía: un verano invencible. Me propuse alargar al invierno esa manera estival de mirar, suave y mediterránea, que disculpa los retrasos y las tareas pendientes mientras se repite que nada es tan importante, que vivir era otra cosa. Me propuse volver a la ciudad a mi ritmo, quizá creyendo que lo tenía.
Los alumnos españoles sacaron este martes la peor nota de su historia en el Informe PISA. Los resultados se sitúan en su nivel más bajo desde que el examen internacional comenzó a publicarse hace 26 años. Pese a su valor como termómetro, los expertos en educación disienten de su trascendencia para calibrar el estado del sistema educativo de España.

Francia ha vivido el verano más caluroso de su historia. Desde mayo ha encadenado olas de calor que han elevado la temperatura hasta rozar los 43 grados en un país que no está preparado para el calor extremo, especialmente en la parte norte. “Francia se está convirtiendo en España”, lanzó el ministro de Trabajo, Jean-Pierre Farandou (Burdeos, 69 años), el pasado junio. “Pero en Madrid, con 40 grados, la sociedad sigue funcionando”, subraya tres meses después en su despacho, durante una entrevista con EL PAÍS.

Cuando los montes empezaban a dejar atrás la herida del incendio de Riotinto de 2004, que calcinó 27.839 hectáreas de 13 municipios de Huelva y Sevilla y se convirtió en el mayor de Andalucía, el fuego de Niebla de agosto de 2026 ha golpeado de nuevo el corazón forestal de la provincia de Huelva y ha tomado el relevo como el peor hasta ahora con 33.000 hectáreas quemadas. Entre la recuperación incompleta de un bosque que tardó décadas en levantarse y la amenaza de desaparición de la última cooperativa corchera andaluza, vecinos, técnicos y responsables públicos se preguntan si el territorio llegó realmente a recuperarse.

Ya sea por cansancio de los propios profesores, por la inconveniencia de convocar una huelga justo cuando arranca el curso o por falta de sintonía con los sindicatos convocantes, la huelga de ayer en Cataluña fue un fracaso. Ojo: lo que pinchó fue la huelga, no la protesta de los docentes, a los que no les faltan motivos para manifestarse, cortar carreteras o hacer notar su malestar con los métodos que estimen oportunos. Pero una huelga es una cosa muy seria y, a tenor de los datos, incluso de los propios convocantes, se ha frivolizado con ella hasta límites insospechados. Un seguimiento del 12% según Educación y del 30% según los sindicatos es para que, quien la convoca, se ponga a pensar.
Las penas para los autores de los incendios forestales son duras. El Código Penal prevé condenas de entre 10 y 20 años de cárcel cuando el fuego pone en peligro la vida o la integridad física de las personas. Pero son pocos los incendios provocados, bien de forma intencionada o por imprudencias o accidentes, que llegan a juicio, porque son casos difíciles de demostrar. Se cometen generalmente en extensas zonas forestales y, aun cuando se logre dar con el presunto autor, hay que reunir pruebas suficientes para sostener la acusación ante un tribunal.
La agenda de la Comunidad de Madrid recogía que Isabel Díaz Ayuso asistía el lunes a primera hora a un desayuno informativo “protagonizado” por Juan Jesús Vivas. El presidente de Ceuta, sin embargo, no actuaba solo: compartía cartel con el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, que de hecho fue el primero en tomar la palabra. Incluso había más gente, aunque los hubiesen invisibilizado. Los presidentes de otras seis comunidades, todos del PP, también se sentaban en una de las mesas del Four Seasons, frente a una taza de café, un zumo de naranja y un croissant. De todos ellos, solo le ofrecieron el micrófono a Ayuso, que en un minuto y medio le hizo un traje al Gobierno de Pedro Sánchez y a Marruecos por la avalancha de inmigrantes que ha provocado una crisis humanitaria en la ciudad autónoma.

Los vecinos de Montecarmelo llevan tres años estudiando planos, presentando alegaciones, acudiendo a los tribunales y saliendo a la calle para intentar frenar el cantón de basura que el Ayuntamiento de Madrid quiere construir cerca de sus casas, frente a la escuela infantil Sol Solito, el Colegio Alemán y muy próximo al Colegio Santa María La Blanca. Su principal argumento ha sido siempre que no se oponen a esta infraestructura, sino al lugar escogido, y aseguran haber planteado al Consistorio numerosas alternativas. A unos 20 kilómetros de allí, en el polígono industrial de La Cuqueña, en Vicálvaro, hay otro cantón de basura —o parque de maquinaria— idéntico al proyectado en Montecarmelo que les sirve para ilustrar la diferencia entre levantar una instalación de estas características en un entorno aislado o hacerlo en el corazón de un barrio, rodeada de viviendas y centros educativos.
El silbido de los vientos de montaña resuena por las frías callejuelas de Kibber, un remoto pueblo en Spiti, un desierto frío de gran altitud situado en el Himalaya indio, a más de 1.600 kilómetros de Nueva Delhi. Es una mañana de principios de abril. En el patio de la escuela del pueblo, un grupo de niños juega al críquet. Cerca de allí, con las montañas nevadas como telón de fondo, las mujeres del pueblo inspeccionan sus campos de cultivo, fríos y áridos. Una de las mujeres, Chhering Lanzom, cuenta que lleva toda su vida dedicándose a la agricultura en Kibber, mientras quita la hierba seca del suelo para prepararlo para su labranza.