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A la lingüista Emily M. Bender (Washington, 52 años) y la ingeniera, matemática y socióloga Alex Hanna (California del Sur, 40 años) les une un sentimiento mutuo: su “deseo de desinflar el bombo que se le está dando a la inteligencia artificial (IA)”. Así lo declaran en las primeras páginas de La estafa de la IA, que Paidós publica en España esta semana. El libro surgió como una respuesta a la continua exaltación de las capacidades y virtudes de la IA, a la que las autoras prefieren llamar “máquinas generadoras de contenidos sintéticos”.
Las poderosas mafias albanesas del narcotráfico, las que controlan el negocio de narcóticos de forma global, persisten en su intento de utilizar el puerto de Vigo como medio de introducción de alijos de cocaína. Agentes de la Guardia Civil y funcionarios de Vigilancia Aduanera de la Agencia Tributaria, en una operación conjunta, detuvieron hace unos días a dos integrantes de estas redes, de nacionalidad albanesa, cuando pretendían acceder al recinto portuario vigués para rescatar 80 kilos de cocaína que se encontraban ocultos en el sistema de refrigeración de un contenedor procedente de Ecuador.
Hi ha paraules que canvien de sentit al llarg del temps. Baiser volia dir en francès, encara al segle XVIII, “fer un petó”; ara vol dir fer una cosa més grata, llarga i complexa. Un cínic, segons el DEC, és: “Aquell que, impúdicament, fa gala de no creure en la rectitud i la sinceritat”. Però aquest mateix diccionari, que és millor que el de l’Institut d’Estudis Catalans, defineix oportú, com a primera accepció de la paraula: “Relatiu o pertanyent a l’escola cínica”. Després, a la mateixa veu, explica amb molta precisió què era l’escola cínica: “Escola filosòfica grega que aspirava a l’autosuficiència moral de l’individu, lligada a una crítica de la civilització i de les convencions socials i a una apologia de l’estat natural”.
Italia ha asestado un golpe importante al tráfico de residuos ilegales, sobre todo de desechos textiles. En el marco de la operación internacional JCO Demeter XI, impulsada por la Organización Mundial de Aduanas (OMA), se interceptaron un total de 1.176 toneladas de residuos textiles en 25 países, de las cuales más de 900 toneladas correspondieron a Italia. En el país transalpino, la Guardia de Finanza incautó principalmente tejidos que se intentaban exportar de forma fraudulenta como ropa de segunda mano hacia Asia y África. De las 1.030 toneladas interceptadas en Italia, aproximadamente 905 toneladas eran desechos textiles clasificados falsamente como ropa usada.
“Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”, asegura el replicante Roy Batty justo antes de desaparecer. Con algo menos de poesía que la película Blade Runner, pero con mucho más poderío, China mostró este lunes en la Gala de la Fiesta de la Primavera sus avances tecnológicos. Un despliegue de robots humanoides hiperrealistas con el que el gobierno ha querido dejar patente su poder en esta industria frente a Estados Unidos y alzar la voz sobre el potencial de la inteligencia artificial física en un momento en el que la IA generativa, las inversiones de las grandes tecnológicas y su impacto en los mercados centran el sentimiento inversor.
Miles de obras de arte fueron separadas de sus dueños durante la Guerra Civil y la dictadura. Con el paso del tiempo, y del régimen, jamás regresaron. Acabaron en ministerios, museos, domicilios privados, universidades o a saber dónde. Se les perdió la pista, junto con la esperanza de recuperarlas. Hasta que la Ley de Memoria Democrática, en octubre de 2022, prometió llevarlas de vuelta a casa. Para eso, amplió la condición de víctima del franquismo a quienes “padecieron la represión económica con incautaciones y pérdida total o parcial de bienes […]”; reconoció “el derecho al resarcimiento”; garantizó que el Estado “promoverá las iniciativas necesarias para la investigación de las incautaciones”, incluidos una auditoría y un inventario; y se comprometió a implementar “las posibles vías de reconocimiento a los afectados”. El texto fijaba, como límite, un año. El Gobierno tenía prisa por entregar al fin respuestas, justicia y, con suerte, obras. Sin embargo, el plazo venció en octubre de 2023. Ha dado tiempo incluso a llegar al año en que se cumplen 90 del estallido de la guerra. Las víctimas, mientras, siguen esperando.
Mientras la directora de la Berlinale, Tricia Tuttle, sigue poniendo sacos terreros para intentar que la marea de indignación sobre cómo se trata la invasión de Gaza en el certamen no le inunde las salas de cine, las proyecciones de la 76ª edición del festival prosiguen. El certamen alemán siempre ha sido el festival de cine más politizado, pero el terremoto del año pasado ha mantenido su onda expansiva en 2026, provocando la sensación de que existen víctimas de primera clase (ucranianos e iraníes) y de segunda (gazatíes). Tuttle ha hablado mucho más de política que de comisariado fílmico.
Los límites entre la vida y el espectáculo resultan cada vez más borrosos. También en el propio negocio del audiovisual: recordemos cómo la reciente gira de promoción de Wicked: Parte II se convirtió, casi desde el primer día, en un show paralelo a la propia película, tal y como se concibe en los tiempos de la Web 3.0. Es decir, en una gran mina de memes, vídeos virales y artículos de prensa digital alrededor de la relación entre las protagonistas, Cynthia Erivo y Ariana Grande. El tono oscilaba entre la burla y la suspicacia, lo que no ocurría por primera vez: ya en 2024, con el estreno de la primera parte del musical, el comportamiento de ambas actrices se había leído como ridículo o patológico. Cierto es que, en sus apariciones públicas, las dos parecían instaladas en un estado de hipersensibilidad emocional que resultaría agotador para cualquier psique humana. Y que la pulsión protectora de Erivo sobre Grande generó algunas situaciones desconcertantes, como cuando la primera asía y besaba el brazo de la segunda después de que un entrevistador lo agitase con excesivo entusiasmo.
Balzac escribió que la novela es la historia privada de las naciones y ¿Qué buscas, lobo? de Eva Viežnaviec puede leerse desde ese punto de vista. Viežnaviec es el seudónimo literario de la periodista Sviatlana Kurs, que vive exiliada en Polonia tras ser despedida por motivos políticos de la radio estatal de su país. La novela, galardonada con el premio Jerzy Giedroyc, es un relato fascinante y duro sobre el siglo XX en Bielorrusia. Comienza con el regreso de Ryna, que lleva ocho años en Alemania, a su aldea. Ryna, alcohólica (“como cualquier otra ocupación, el alcoholismo tiene sus secretos y requiere cierta práctica”) y que lleva una existencia deprimente y solitaria, acaba de perder su trabajo en una residencia de ancianos y vuelve porque ha fallecido su abuela, que fue quien la crio.

El cine brasileño disfrutó en los años sesenta de esa cosita tan vistosa pero también efímera llamada moda. Y recuerdo haberme sentido impresionado (todavía era sensible a las críticas de cine y al nacimiento continuo de cinematografías exóticas que iban a revolucionarlo todo) por Dios y el diablo en la tierra del sol. Por si acaso, no he vuelto a verla, admitiendo su exotismo y su militancia. También recuerdo haberme aburrido notablemente con otras. Y después, en los años setenta, ese país sufrió una dictadura, tan asquerosa y salvaje como todas ellas, y consecuentemente también prohibió el cine que intentara hablar del estado de las cosas. Pero no pudieron anular la maravillosa música que se creaba en ese país. Ahí estarán para siempre las canciones de Caetano Veloso, Vinicius de Moraes, Chico Buarque, Antônio Carlos Jobim.
Dirección: Kleber Mendonça Filho.
Intérpretes: Wagner Moura, Tánia Maria, Hermila Guedes Kaiony Venâncio, Udo Kier.
Género: drama. Brasil, 2025.
Duración: 161 minutos.
Estreno: 20 de febrero.