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El 6 de octubre de 1970, el buque de perforación en aguas profundas Glomar Challenger regresó al puerto de Lisboa, Portugal, con un cargamento que cambiaría la historia. Durante su viaje de 54 días, el Challenger había perforado 28 agujeros en el fondo del mar Mediterráneo. Las muestras recuperadas apuntaban a una conclusión sorprendente: hace unos 6 millones de años, el mar se había convertido en un desierto: una vasta cuenca árida y salina de más de dos kilómetros de profundidad. Medio millón de años después, el océano Atlántico irrumpió por lo que hoy es el estrecho de Gibraltar y desató la mayor inundación de la historia.



Fatih Akin es lo más parecido que tiene Alemania a Pepito Grillo. El cineasta, nacido en Hamburgo hace 52 años, de familia turca, lleva décadas susurrando al oído de su país las cosas que están mal, los traumas que no han logrado superar y las huellas del pasado que atenazan sus decisiones en el presente. Desde que lograra la fama con su cuarto largometraje, Contra la pared (2004), Akin no ha levantado el pie del acelerador. Ha cambiado de géneros (thriller, infantil, drama histórico) y de formato (documental, ficción); sin embargo, no ha perdido la rabia, su pulcra forma de rodar, ni su potencia. Y todavía, cuando se apagan las luces de las salas, el público oirá su cuchicheo: “Así hemos llegado hasta aquí; así somos”.


Un sol sonriente que dice: “¿Nuclear? No, gracias”; los pañuelos blancos de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo, y los verdes, símbolo de la lucha por el derecho al aborto en Argentina; una bandera con seis franjas: roja, naranja, amarilla, verde, azul y morada; una bata blanca con una pintada: “Sanidad pública”; una pancarta que exclama: “¡Manolo, la cena te la haces solo!”... Todos, símbolos reconocibles de movimientos sociales, algunos con muchas décadas de trayectoria. Estas reclamaciones forman parte de la historia, la que construyen los ciudadanos, no la que se escribe en los centros de poder, desde la oficialidad. Una memoria que merece ser guardada, cuidada, difundida y reconocida. Con estos objetivos, surge en 2021 en España el Archivo Histórico de los Movimientos Sociales (AHMS), aunque no es hasta 2025 cuando echa a andar con el nombramiento de su directora.



Estamos de celebración: cuatro meses después, una serie española producida por RTVE llega al horario de máxima audiencia de La 1. Hemos tenido que esperar hasta abril para que la televisión pública apostara, por fin, por llevar una serie española de producción propia a su prime time (programó Anatomía de un instante en febrero, pero fue una adquisición de Movistar Plus+). La elegida —en realidad, casi la única opción que tenía, porque solo tiene en cartera la coproducción Los 39 y, en rodaje, el policiaco Rojo sobre blanco, y pare usted de contar— ha sido Barrio Esperanza, que, tras su estreno este domingo, se emitirá los miércoles después de La Revuelta.


“Necesitamos ganar un título”, venía proclamando en público y en privado Diego Pablo Simeone durante los últimos meses. El sábado, en la sala de prensa del estadio de La Cartuja, con el dolor de la derrota en plena digestión, volvió a reiterarse cuando le demandaron que ejerciera, con uno de sus mensajes totémicos, de sanador y revitalizador del club, del vestuario y de los 25.000 hinchas rojiblancos desolados que asistieron a otra de esas tragedias que ya marcaron a fuego la historia del Atlético en otras finales pérdidas. “La gente no necesita mensajes, la gente necesita ganar”, zanjó con sequedad el preparador argentino.
De pronto un relámpago tremendo y feliz de la memoria en Sevilla: aparece en la televisión un hombre ya mayor en el palco del estadio de La Cartuja, parece que grabando con el móvil las celebraciones de los jugadores de la Real Sociedad. Conserva buen pelo y una mandíbula clásica, hollywoodiensemente dibujada, que no deja espacio a la duda: ese hombre alto y bien parecido es el responsable de que el portero de la Real, Unai Marrero, lleve la camiseta retro elegida para la final, responsable directo también de que la Real ganase la final de 1987 al Atlético y en los penaltis, responsable de que España llegase a la final de la Eurocopa en 1984 tras un torneo memorable empañado por una tragada en un disparo de Platini en la final; es, por encima de todo, un mito cuya fama en los 80 llegaba todas partes, y quien se ponía en la portería de cualquier colegio de España se exigía, también, el deber de ser él, el deber de ser Arconada.
Marie-Louise Eta debutó el sábado como primera entrenadora del Unión Berlín. Fue la primera vez que una mujer dirigía un banquillo de uno de los clubes de las cinco grandes Ligas europeas masculinas. “Espero que en los próximos años todo esto sea aún menos importante y que solo el fútbol sea el factor decisivo”, afirmó la técnica, de 34 años, antes de su estreno, en el que perdió 1-2 ante el Wolfsburgo. El nombramiento de Eta, una exfutbolista de élite alemana que hasta ahora estaba al frente del conjunto sub-19 del club y que ya contaba con experiencia como asistenta en el primer equipo, ha ocupado titulares en la prensa de todo el mundo. Su caso ha sido un hito y, como tal, una excepción. “Es histórico, un paso enorme hacia la igualdad de género, el respeto y el reconocimiento de competencias. Y una visibilidad que ayudará a nivel social a educar, a normalizar: si ya es visible, ya pasó, entonces es posible para cualquier otra mujer”, reivindica Vero Boquete, la primera mujer española en ganar la Champions y jugadora del Como. Natalia Arroyo, entrenadora del Aston Villa, coincide: “Es un hito y ojalá sea una puerta abierta. Es una maravillosa excepción, la consecuencia de un camino profesional que ha trazado muy bien y es el salto natural de cualquier entrenador. La diferencia es que se trata de ella, y no de él. Tenemos que subrayarlo como algo novedoso todavía, pero que ojalá sirva para abrir un escenario de futuro y que lo normalicen como un camino natural más: exjugadora, se forma y da los pasos adecuados para aprender hasta dar el salto”.
Uno de los aspectos más interesantes de las tertulias es que no se sabe cómo van a acabar. Aquella que se celebraba a mediados del siglo XX en una tienda de bicicletas de Bogotá terminó, por ejemplo, en la primera Vuelta a Colombia en Bicicleta. Casi nada. De repente uno de los tertulianos dice que se pueden unir los dos extremos del país recorriendo en bicicleta la distancia entre ambos puntos. Otro dice que, si le demuestran que es posible, se encarga de buscar la financiación y el apoyo necesario. Pero, ¿cómo se demuestra que es posible?. Pues como se demuestra el movimiento en el ciclismo: pedaleando. Así que para allá se fueron. Por caminos que ni tan siquiera el vehículo de apoyo pudo transitar, ascendiendo el Páramo de las letras, que alcanza 3.677 metros de altura y cuya cima se alcanza tras 80 kilómetros de subida por carretera. Lograron el apoyo del periódico El Tiempo y la historia de la prueba comenzó a andar. Hasta ahí, tal vez, un inicio como el de tantas y tantas grandes rondas. La principal diferencia es que todo esto sucedía en Colombia, un país en el que el ciclismo se convirtió en religión y fuente de orgullo nacional.
Si hasta hace no mucho los auriculares inalámbricos competían por conseguir la mejor calidad de audio, la mayor autonomía o el diseño más compacto, la última generación apuesta por incorporar capacidades complementarias a la reproducción de música. Hablamos de dispositivos que interpretan el entorno, procesan lenguaje en tiempo real y se adaptan activamente a lo que ocurre alrededor. Y hay especialmente dos tendencias que concentran esta evolución: la cancelación de ruido inteligente —cada vez más contextual— y la irrupción de la traducción simultánea integrada.
Han pasado 14 años desde que el PP congelara la carrera profesional sanitaria en Castilla-La Mancha. En 2012, el Gobierno de María Dolores de Cospedal adoptó esta decisión dentro de una oleada de recortes en los servicios públicos que la entonces presidenta regional justificó en la “ruinosa” herencia de su predecesor, José María Barreda. Recuperarla ha sido una reivindicación histórica de los sindicatos de la región y un objetivo del Ejecutivo del socialista Emiliano García-Page que, ha tardado, sin embargo, más de dos lustros en llegar. Este lunes, el Gobierno de Page y los sindicatos con representación en la Mesa Sectorial del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) rubricarán el preacuerdo alcanzado el pasado 14 de abril, apenas dos semanas después de que arrancaran las negociaciones y de varias protestas de los facultativos a las puertas de los hospitales.