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La pesadilla del tertuliano es el tiempo. Un cronómetro que no le indica, sino más bien le ordena, que tiene menos de medio minuto para resumir una idea. Un sujeto con predicado que resuma cualquier asunto. Los accidentes de trenes ayer, la dana de antesdeayer, el burka de hace un cuarto de hora. La pesadilla del tertuliano es el tiempo y el bálsamo son los lugares comunes. El aborto siempre es un asunto “complejo y con muchas aristas”, dirán aquellos que no saben muy bien de qué lado toca ponerse esta vez. Estamos hablando de un asunto muy “delicado”, dirán cuando toque hablar de agresiones sexuales. Y delicada es una blusa de seda, no una violación.

Las niñas y los niños merecen crecer libres de abusos y explotación. Pero en los lugares más peligrosos del mundo, la infancia suele ser la primera víctima.
Desde 2026 es difícil acercarse sin cierta suspicacia a temas tan manoseados por la ficción como el machismo en el ámbito legal o en la historia queer. Allí donde nos habían prometido una relectura lúcida de opresiones vividas, nos han colado demasiadas veces una trama netflixera de superación banal. En Un asunto de familia, la primera novela de Claire Lynch, esta voluntad de rescatar realidades marginales del olvido es evidente: estamos en los años ochenta y Dawn, una mujer casada, se enamora de otra mujer y deja a su marido. Con este ejemplo ficticio la autora rememora los procesos humillantes que se daban en este tipo de divorcios y, como en este caso, a menudo acababan con la mujer obligada a abandonar a los hijos. Pero la gracia es que el resultado del juicio es conocido desde el principio de la novela (desde la contraportada, de hecho), no es una conclusión trágica. La historia se intercala con el relato del 2022, cuando a la hija, Maggie, que es una mujer adulta y muy unida a su padre, Heron, le llega el momento de desenredar la historia familiar que le han ocultado. En este doble tiempo está toda la profundidad de la novela: el pasado reciente queda tan lejos, en un sentido moral, que la incomprensión es absoluta.


Su nombre es historia viva de la moda. Cindy Crawford logró acabar con algunas reglas no escritas de una industria reacia a grandes cambios y es de las pocas que ha logrado imponerse al edadismo en un sector que ignora a las mujeres cuando van cumpliendo años. Este viernes, 20 de febrero, celebra sus 60 compaginando su trabajo como modelo con su faceta de empresaria al frente de la marca cosmética Meaningful Beauty, orientada a mujeres más maduras.
Spotify arrancó el año con un movimiento de calado. El 1 de enero, su histórico consejero delegado, el sueco Daniel Elk, dejaba su puesto para pasar a ser presidente de la compañía. El puesto de mando ejecutivo lo ocupan ahora los anteriores copresidentes, Alex Norström y Gustav Söderström. El relevo llega en un momento delicado, algunos dirían que incluso paradójico, para el gigante de la música en streaming. Y es que la maquinaria del negocio sigue bien engrasada, pero el mercado desconfía de que pueda seguir avanzando al ritmo actual a medio y largo plazo.
La primera foto de la Tierra hecha por un ser humano desde la Luna llegó, antes que a ningún otro lugar del planeta, a Fresnedillas de la Oliva, un pueblo de la Sierra Oeste madrileña que en 1968 tenía pocos habitantes —menos de 500, la tercera parte que ahora—, pero magníficamente bien pagados, porque la NASA había instalado una antena parabólica tipo Cassegrain que era imprescindible para controlar sus misiones tripuladas. De hecho, siete meses más tarde, el 20 de julio de 1969, todas las comunicaciones con el módulo lunar Eagle de la misión Apolo 11 se recibieron a través de la estación de Fresnedillas, incluida la que contenía la celebérrima frase de Neil Armstrong: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”.
Los pop-up no son ninguna novedad, pero que cocineros que no tienen restaurante propio donde expresarse se sirvan de otros locales para compartir sus propuestas (y a precios razonables) se ha convertido en uno de los fenómenos culinarios más refrescantes de Madrid. Se anuncian solo por redes sociales, algunos tienen un séquito de fans que les siguen y llenan sus mesas en horas. Otros se dan a conocer gracias a los establecimientos que los programan como chefs invitados, como si se tratara de artistas, y utilizan las cocinas ajenas para probar cómo recibe el público su cocina sin demasiado riesgo.

“Me dieron un puñetazo en la cara durante el servicio”. “Recuerdo la primera vez que vi a René golpear a un cocinero en las piernas”. “No podía pegar a la gente durante el pase, así que los apuñalaba por debajo de la mesa con un tenedor de barbacoa”. “Renuncié después de que una becaria se quemara la cara y, en lugar de llamar a una ambulancia, se rieron de ella por tonta, por abrir la vaporera. Llamé a la ambulancia y me largué.”
El reloj no había marcado las 20.45 cuando un tren de la R4 (la que une Sant Vicenç de Calders con Manresa pasando por Martorell, Molins de Rei, Barcelona, Sabadell y Terrassa) partía, el pasado 20 de enero, de la estación de Sant Vicenç. En la cabina de ese tren (el 77456) circulaban cuatro personas. El conductor titular, otros dos maquinistas que estaban acumulando horas de formación y Fernando Huerta, un joven maquinista sevillano de 27 años que estaba en Barcelona completando su periodo de prácticas en Renfe. Pasaban de las 21.20 cuando el tren abandonó la estación de Sant Sadurní d’Anoia. A las 21.23, muy cerca de la parada de Gelida, la cabina impactó contra un muro de hormigón que sujetaba la AP7. El temporal que castigaba Cataluña provocó que la pared se inclinara 45 grados sobre la vía. El maquinista solo tuvo cinco segundos para reaccionar. El tren circulaba 60 kilómetros hora. El muro quedó incrustado en la cabina. Huerta falleció, los otros tres maquinistas resultaron heridos graves y 38 pasajeros quedaron afectados por el impacto. Las primeras investigaciones mantienen que el muro cayó como consecuencia del temporal. Con esta tragedia mortal comenzó la peor crisis ferroviaria vivida en Cataluña. Una crisis a la que nadie se atreve a marcar una fecha final.