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Muchos conocen a Jessica Goicoechea (Barcelona, 29 años) por ser una de las influencers españolas más destacadas. Solo en su perfil de Instagram, la catalana acumula casi dos millones de seguidores. Pero cuando Goicoechea atiende esta videollamada a EL PAÍS, la conversación no gira tanto en torno a las redes como a patrones, tejidos, campañas y nuevos lanzamientos. En 2019, se metió de lleno al mundo empresarial y fundó Goi, una firma de trajes de baño reconocida por sus sensuales diseños. “La idea fue completamente mía, se me ocurrió porque odio las marcas que suelen dejar los bañadores después de tomar el sol y siempre me ha costado mucho encontrar piezas de biquini más pequeñitas y que favorecieran la figura”, explica desde la oficina de su empresa en Barcelona.
Años de frustración acumulada por la corrupción y la falta de oportunidades han estallado este mes en la India con manifestaciones masivas de estudiantes, que han desencadenado una violenta represión policial y han acabado forzando al primer ministro, Narendra Modi, a concesiones inimaginables hasta hace unos días. La dimisión este fin de semana del ministro de Educación, Dharmendra Pradhan, representa una victoria inapelable del llamado Partido Popular de las Cucarachas y del movimiento que empezó tras la filtración de exámenes para la escuela de Medicina. Hoy la protesta va más allá de las reclamaciones originales y recoge el amplio descontento ante la ausencia de perspectivas y las esperanzas incumplidas. Modi, que ha encadenado victorias electorales con su divisivo nacionalismo hindú y ha intentado redoblar la influencia global india como potencia intermediaç, afronta por primera vez un desafío serio a su poder.
La democracia es, ante todo, una forma humilde de organizar el poder: humildad hecha institución. Es un régimen pensado para gente que sabe que puede equivocarse. Y de esa humildad nacen, en un solo movimiento, dos advertencias, dos monstruos que hoy acechan con fuerza a todas las democracias.
El fuego se ha convertido en compañero de nuestros veranos. Lo ha sido siempre, se apresuran a decir quienes se resisten a llamar las cosas por su nombre. Convengamos que la presencia del fuego no es por sí sola una novedad. Cualquiera con edad de andar por el mundo sin chupete a finales de los ochenta recordará la cancioncilla: “Todos contra el fuego, todos contra el fuego. Tú lo puedes evitar”. La cantaba un grupo risueño de gente famosa en aquellos anuncios del Instituto de Conservación de la Naturaleza, el ICONA, responsable desde 1971 de las campañas de prevención de incendios forestales, mientras simpáticos excursionistas coqueteaban con acciones peligrosas para el monte. Tras el segundo de duda, la colilla terminaba en el cenicero, la cerilla se apagaba y la parrilla quedaba sin rescoldos, limpísima. Tú lo puedes evitar.
La habilidad de Aliança Catalana en las redes sociales es innata. Siguiendo el manual del extremismo político, el partido xenófobo se lanzó a exprimir sus posibilidades para hacer frente al desdén de la prensa tradicional. La estrategia ha dado sus réditos: ahí está el rosario de encuestas de los últimos meses, con una clara tendencia a desplazar a Junts per Catalunya. La última, publicada este lunes, estaba llamada a agitar su caja de resonancia en X pero otro asunto, promovido desde sus propias filas, se interpuso en el camino. ¿Se tiñe Oriol Junqueras?
Aunque sepamos que la historia no se repite y que las circunstancias siempre son otras, es inevitable leer el pasado como espejo del presente, intentar comprender cómo pudo ocurrir lo que ocurrió y establecer paralelismos con lo que sucede ahora. Victor Klemperer era un brillante filólogo alemán que, conforme Hitler se iba haciendo con el poder, fue tomando notas para un ensayo excepcional que analiza tanto los giros lingüísticos de lo que pronto empezaría a denominarse Tercer Reich, como su difusión y normalización entre la ciudadanía; pero, al mismo tiempo, escribió un diario clandestino por su condición de judío en el que explicó minuciosamente cómo se institucionalizó el terror nazi. Mihail Sebastian era un escritor rumano también de ascendencia hebrea, aunque del todo secularizado, y en su extraordinario diario, que abarca desde 1935 a 1944, contó el modo en que el fascismo antisemita se fue extendiendo en su país incluso entre amigos como Cioran o Mircea Eliade.
El servicio militar obligatorio en España se extinguió por la presión de los jóvenes, cuyas objeciones al sistema eran lógicas y razonables. Se había extendido la figura del recluta como criado de los mandos superiores, pero también resultaban intolerables los excesos y el capricho cruel de los mandos intermedios, generando para los forzados al servicio un año de suspensión de todo derecho, lo que acarreó numerosos suicidios, abusos e incluso violaciones. Mirado con perspectiva, ahora que el negocio de las armas pretende volver a reclutar entre los jóvenes la carne de cañón, lo mejor del servicio militar era la convivencia entre distintos, el encuentro entre personas de diferentes estatus, regiones y sensibilidades. Ese cruce social ahora tan sólo se produce en dos circunstancias: el examen teórico de conducir y el ingreso en la UCI hospitalaria. Por ello, quizá, mejor que plantear la reimplantación militarista, sería más interesante tratar de encontrar una buena razón por la que los chicos y las chicas españolas fueran convocados a una convivencia de meses, formativa y enriquecedora. Y la respuesta puede estar en lo que sucede en este verano atroz de incendios. Y el otoño que le seguirá, de nuevo otro año más, con lluvias monzónicas e inundaciones en regiones del Levante. Por desgracia, la catástrofe climática nos lleva a convertir en rutina anual estos desastres naturales.

Ricardo Piñero ha venido a hablar de belleza. Como filósofo y catedrático de Estética y Teoría del Arte de la Universidad de Navarra es un profesor polivalente en las facultades de Económicas, de Filosofía, de Arquitectura y de Ciencias, donde ha visto pasar generaciones de jóvenes. Nacido en León en 1965, saltó de la universidad pública de Salamanca a la privada porque no podía ni comprar libros. Recibe a EL PAÍS en la Universidad Menéndez Pelayo de Santander, donde ha impartido un curso sobre la aventura de divulgar ciencia en español.


Las siete prisiones madrileñas, que albergan alrededor de 6.600 reclusos, tienen sin cubrir más de tres de cada cuatro plazas de la plantilla estructural de médicos, los profesionales encargados de la Atención Primaria de los internos. En total, faltan 61 facultativos para completar una dotación de 80 profesionales, un déficit del 76%. Así se desprende de la relación de puestos de trabajo del Ministerio del Interior publicada en el Portal de Transparencia con datos de junio. El mapa de la escasez sanitaria penitenciaria lo encabeza la cárcel de Valdemoro, donde la plantilla médica estructural existe solo sobre el papel: sus 12 plazas están vacantes. En Meco falta por cubrir el 92% de los efectivos previstos y en Estremera, el 89%. Les siguen Soto del Real (69%), Navalcarnero (68%), Aranjuez (56%) y el centro Madrid I Mujeres (43%). “Los presos no tenemos libertad, pero sí derecho a sanidad”, insiste un hombre que salió de la cárcel de Navalcarnero en 2025 y que ahora se encuentra en tercer grado tras ser condenado por estafa y fraude fiscal, motivo por el que prefiere mantener el anonimato.