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Si alguna vez ha visto la Vía Láctea en el cielo nocturno, habrá observado que parece turbia. Esto se debe a que, hacia el centro de nuestra galaxia, así como de la mayoría de las galaxias, hay enormes cantidades de polvo que dificultan la visibilidad, haciendo que una gran franja del universo esté oculta para nosotros, ya que aproximadamente la mitad de la luz procede de galaxias enterradas tras ese polvo. La mejor forma de observar el interior de estas regiones ocultas es utilizar un gigantesco telescopio de ondas submilimétricas que detecte la radiación situada entre las ondas de radio y el infrarrojo.
Ens cita Josep Pons (Puig-reig, 69 anys) al jardí de l’hotel Alma Barcelona. Duu un trajo lleuger de cotó blanc que recorda el de Gustav von Aschenbach a La mort a Venècia. Tots els senyals apunten irremeiablement a Mahler, un dels compositors fetitxe de Pons i autor de la Simfonia núm. 8, ‘Dels mil’ amb la qual divendres es va acomiadar de l’orquestra del Gran Teatre del Liceu després de 14 anys dedicats a crear un so propi. “Cada simfonia de Mahler conté un món sencer”, explica el mestre català. “No se m’acut una partitura més adequada que la Vuitena per tancar aquesta etapa en la qual hem abastat tant”.

Las cárceles están diseñadas para que nada escape. Tampoco el calor. La convivencia ya es compleja en bloques de hormigón y las ventanas con escasa ventilación, pero todo empeora con escenarios de calor extremo como los que ha vivido Cataluña este verano, ya con tres olas de calor a cuestas y con máximas que han alcanzado los 43 grados en ciudades como Lleida. “Hay tardes en que han caído cuatro gotas y ha empezado a salir vapor de todo el hormigón, de todo el calor acumulado”, explica Montse Balaguer, portavoz de UGT Presons y funcionaria destinada actualmente en Lledoners. Con el cambio climático y los veranos cada vez más marcados por temperaturas récord, trabajadores penitenciarios y colectivos de apoyo a personas presas coinciden en que los centros “no están preparados para los episodios extremos”.
Una vez pasada la conmoción inicial por el atentado perpetrado en el centro de Berlín en el que una mujer polaca perdió la vida y 29 personas resultaron heridas de diversa consideración, llegó el momento de debatir sobre cómo evitar que algo así vuelva a ocurrir y surgieron las primeras críticas por el hecho de que el presunto autor, Abdul Ballout, que fue abatido a tiros el domingo tras una intensa búsqueda y que era conocido como un islamista peligroso, estuviera en libertad.
En apenas cuatro años, el capitán Ibrahim Traoré, presidente de Burkina Faso, ha pasado de ser un oficial del ejército desconocido para el gran público a convertirse en un auténtico icono global del panafricanismo antiimperialista. Su rostro se imprime en camisetas, vídeos laudatorios se viralizan en las redes sociales y sus frases lapidarias y discursos soberanistas circulan a velocidad de vértigo.
De repente, el motor se paró. Se hizo el silencio en medio del mar Egeo y la embarcación neumática dejó de avanzar. A bordo iban unas 20 personas hacinadas, entre ellas dos hermanas sirias, Yusra y Sara Mardini, que habían abandonado Damasco en 2015 por la guerra en Siria con el sueño de encontrar un lugar donde pudieran vivir sin miedo.


David Lowery dice que Mother Mary es su película más personal, pero también que es “muy, muy rara”. La idea se le vino a la cabeza durante una conversación entre su personalidad y su vida creativa, a través de la cual intentaba reconciliar una contradicción que veía en sí mismo. “A veces me preguntaba: ‘¿He traicionado mis ideales como artista? ¿Me he decepcionado? ¿He herido mis propios sentimientos?“, cuenta a través de videollamada. La conversación consigo mismo se convirtió en un guion, que a su vez se convirtió en una película protagonizada por Anne Hathaway y Michaela Coel, con la cantante FKA Twigs como actriz secundaria y compositora de la música original, junto a Jack Antonoff y Charli XCX. Mother Mary llega a los cines españoles este viernes 31 de julio.
En los últimos dos meses, el dramaturgo Ramón Paso fue detenido por una agresión sexual a una niña de 15 años; el productor de cine Xavier Atance pasó a disposición judicial tras la denuncia de tres mujeres; Canal Sur finalmente destituyó a Gustavo Fuentes, el directivo acusado de agresión y acoso sexual por una trabajadora; el cantante Francisco Javier Álvarez Beret, de 29 años, fue detenido y luego puesto en libertad como presunto autor de una agresión sexual en Sevilla; la fiscalía pidió 13 años de cárcel para el rapero El Jincho por otro asalto sexual a una menor de edad, cargo del que ha sido absuelto por “dudas razonables”; Wim Wenders por fin retiró de las plataformas Falso movimiento tras décadas de quejas de Nastassja Kinski por salir desnuda a los 13 años; y el artista francés Patrick Bruel fue interrogado por las acusaciones de violencia sexual por parte de tres mujeres que relatan hechos cometidos entre 1997 y 2001.
Ubicado en Gualta, un pequeño pueblo del Baix Empordà (Girona), el pajar tenía de partida una localización y una estructura inmejorables para convertirlo en vivienda. Su enorme altura permitía sacar dos niveles y crear espacios abiertos. Sin embargo, sus propietarios, Lluís Morillas (Barcelona, 67 años) y Gloria Montasell (Campins, 54 años), tomaron el camino menos obvio. Conocían el trabajo del arquitecto Lluís Jubert, que con uno de sus primeros proyectos había sido galardonado con un premio FAD por una vivienda en la cercana Púbol, en la que había construido de manera subterránea generando un patio que proporcionaba privacidad y protección frente a la Tramontana. Este aislamiento era el que buscaba la pareja, solo que en sus motivaciones estaba más bien la idea de que ese nivel bajo tierra funcionara como un espacio de recogimiento. Como un templo. Un lugar en el que desconectar y, al mismo tiempo, conectar con uno mismo. En esa parte de la vivienda ubicarían los dormitorios.

Mis veranos en la ciudad siendo una niña nunca fueron la envidia de mis compañeros del colegio: ni aire acondicionado en casa, ni pueblo en La Mancha al que escapar los findes, ni urba con piscina para celebrar mi cumpleaños a mediados de junio. Tampoco me gustaba ir de campamentos ni tenía hermanos con los que jugar y pelearme por el trozo de chocolate más grande. Sin embargo, aunque lo haya pintado regular, disfrutaba las vacaciones como nadie. Y mucha culpa de ello la tenía la tele, y en especial la programación de Disney Channel.