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“Lo que más nos cuesta es delegar”, responden Jack McCollough (Tokio, 47 años) y Lazaro Hernandez (Miami, 46). Lo dicen casi al unísono y sin pensar cuando se les pregunta cómo ha cambiado su vida desde que son directores creativos de Loewe. Durante más de dos décadas, el dúo creativo tomó sus propias decisiones sin apenas contar con la opinión de terceros. Desde la pasada primavera lideran un emblema de la artesanía con centenares de empleados, entre artesanos, diseñadores, gestores, productores…, “y hay que decidir sobre cualquier pequeño detalle y dejar que los equipos también decidan, claro, porque al final muchos llevan más tiempo aquí que nosotros. Todo es más rápido y, a la vez, los procesos son más lentos, porque implican a mucha más gente”, explica McCoullough. Han tenido tanto trabajo desde que llegaron a París que les ha llevado casi ocho meses encontrar una casa. “Sabemos cuándo llegamos a la oficina pero nunca cuándo vamos a salir. Y solemos llegar temprano, ¿eh? Pero estamos disfrutando, porque es todo nuevo para nosotros”, dice Hernandez. Por ahora, no echan de menos Nueva York, aunque París tenga poco que ver con Fort Greene, el residencial pero moderno barrio de Brooklyn donde han vivido desde hace más de una década. “Los dos estábamos en un punto de cambio. Sabíamos que había llegado el momento de dar un paso diferente en nuestras vidas y se presentó esta oportunidad. Nos lo pensamos, por supuesto, pero nos lanzamos”, apunta Hernandez.
Pablo Sáez.
Juan Cebrián.
Andrey Sebaoun & Sebastien Bascle (Calliste Agency).
Beauïse Genç (Platform).
Jussi Vuorenlehto.
Cristina Serrano.
Giulia Bona & Pedro Aguilar de Dios (CAP Dept).
Federico Vinocur.
Paula Alcalde.
Alexandre Gimenez.

Lorenzo Mariani (61 años, Roma) no ha conocido otro oficio que el de la defensa. Tras más de tres décadas entre cazas, misiles y radares navales, acaba de alcanzar el puesto más alto de Leonardo, el gigante italiano de la aeronáutica, la electrónica militar y los sistemas de seguridad. Sin embargo, su nombramiento como consejero delegado, que deberá pasar por la junta de accionistas del 7 de mayo, ha irritado a no pocas figuras de la política italiana, sobre todo porque llega para relevar a Roberto Cingolani, un antecesor que en tres años quintuplicó el valor bursátil de la compañía. Mariani es, en la expresión de la prensa italiana, un prodotto interno de la galaxia Finmeccanica-Leonardo. Hijo de Aureliano, sanitario, y de Concetta Vicari, farmacéutica, creció en un entorno de clase media-alta profesional. Desde 1997 está casado con Alessandra Balzani. Ingeniero electrónico de formación, se licenció con la máxima calificación en 1990 por La Sapienza de Roma con una tesis sobre procesamiento de datos radar vía satélite. Un año después cumplió un breve periodo como oficial en la marina militar. En 2008 completó un máster en gestión y tecnología en el Imperial College London.
Cumplió el servicio militar como oficial de la Marina en Livorno, en el Instituto Mariteleradar. Se licenció primero de su promoción, tras especializarse en electrónica aplicada a la navegación y la defensa.
Cuando el 27 de febrero pasado Susan Wilkerson volvió de hacer los recados, no encontró a su marido, el ingeniero astronáutico y general retirado del ejército William McCasland, en su casa de Albuquerque (Nuevo México). Sí estaban sus gafas de ver y su teléfono. Faltaban su cartera, el revólver del .38 y las botas de monte. Han pasado 58 días, y sigue sin haber rastro de él.

“Lo que más nos impactó al entrar”, recuerda a EL PAÍS la inspectora de la Policía Nacional que coordinó la redada contra la secta La Chaparra, “fue el mural de Peter Pan en la habitación del líder. Ocupaba toda la pared detrás de la cama. Era duro imaginarse a los niños allí...”.

Los detalles de la negociación entre el PP y Vox en Extremadura y Aragón permanecen bajo siete llaves porque todavía pervive el pacto de silencio entre ambos partidos, enfrascados aún en sacar adelante un tercer acuerdo, el de Castilla y León. Pero durante semanas Génova insistió en que las conversaciones no estaban atascadas en ningún escollo programático, sino que el retraso obedecía solo a una estrategia de dilación de Vox. Así que la controvertida “prioridad nacional” que ha aparecido en los acuerdos no supuso un gran tira y afloja, aunque en el PP aseguran que Vox sí pretendía una “redacción diferente” de la que se plasmó en el texto. La dirección del PP aceptó incorporar un marco conceptual identitario que procede de la extrema derecha francesa, convencida de que “es una cesión barata” a Vox, insisten en Génova. Fuera del núcleo duro, sin embargo, se utilizan otros calificativos, como “sapo” o “trampa” de Vox. “Nos han colado un gol”, se escucha también en el PP sobre el último límite que los conservadores han desdibujado con la extrema derecha.

Aulas medio vacías. Cada vez con más estudiantes que aparecen apenas en fechas muy señaladas por el profesor o ya ni esto. Lo que hasta hace unos años era un problema puntual vinculado a dificultades económicas o necesidad de compaginar trabajo y estudios se está convirtiendo en una constante en las universidades. Un alarmante porcentaje de alumnos va a clase poco o muy poco. Un estudio de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) hecho público esta semana ha puesto cifras al problema: en algunas asignaturas se alcanza hasta el 60% de inasistencia. Entre la falta de interés y la imposibilidad de asistir hay una amplia gama de factores que explican esta tendencia, que se afianzó tras la pandemia.
José Luis Ábalos, Koldo García y Víctor de Aldama han asistido durante tres semanas como espectadores al serial sobre sus años de auge, poder y caída en el que se ha convertido el juicio que se celebra en el Tribunal Supremo. Sentados en la última fila del estrado, los tres acusados han escuchado en silencio un relato que ha pasado del vodevil bochornoso de las primeras sesiones, centradas en los enchufes a amigas del exministro y casas compradas para él por empresarios, al desfile de funcionarios y antiguos altos cargos que han detallado cómo el antiguo asesor de Ábalos promovió en los peores días de la pandemia la compra de mascarillas a la empresa vinculada a Aldama, un comisionista con influencia y presencia constante en el núcleo de poder del Ministerio de Transportes. Los tres romperán su silencio esta semana, cuando la vista entra en la fase final, que incluye, a partir del miércoles, los interrogatorios a los acusados. El resultado es imprevisible por el enfrentamiento abierto entre el ministro y su antiguo asistente con el empresario con el que supuestamente se asociaron para hacer negocio.
La vista oral sobre el caso Kitchen ha sumado su tercera semana de sesiones. Aunque aún queda mucho camino por delante (no se prevé que acabe hasta finales de junio), casi 50 testigos han desfilado ya ante el tribunal de la Audiencia Nacional que enjuicia la operación activada en 2013 en el seno del Ministerio del Interior para espiar a Luis Bárcenas, a su familia y a su entorno. En estos días, los magistrados han podido escuchar, entre otros, al propio extesorero popular; a Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y del PP durante el despliegue policial; y a María Dolores de Cospedal, antigua secretaria general del partido. Pero, también, a más de una veintena de agentes, que ofrecieron datos que refuerzan buena parte de la tesis de las acusaciones sobre la trama.


La leyenda de Héctor Manuel Mejía, dominicano de 33 años crecido en el distrito madrileño de Villaverde y afincado en Seseña (Toledo), se truncó el 11 de julio de 2023. Leyen o El Leyenda, filiado desde su tierna juventud en los archivos policiales como líder conocido y respetado de la banda juvenil violenta de los Dominican Don’t Play (DDP), recibió aquella calurosa tarde de verano un disparo en el abdomen que le reventó el bazo y le atravesó un pulmón antes de que la bala se alojara en una de sus vértebras lumbares. Hoy, reconvertido en un tiktoker que relata cómo vivir en silla de ruedas, acude al juicio por aquellos hechos, ocurridos en un narcopiso de Ciempozuelos.

El ejército israelí ha ensayado varios nombres para referirse a los territorios que ocupa en el sur de Líbano: “línea de defensa avanzada”, “zona de seguridad”. Finalmente ha dado con el más revelador sobre sus intenciones allí: “Línea Amarilla”. Como en Gaza, designa una divisoria —en teoría, temporal— que separa el 52% de la Franja bajo su control, convertida ya en un territorio despoblado y en ruinas, del 48% restante, en manos de Hamás. Es el proyecto en el que el Gobierno de Benjamín Netanyahu se ha embarcado para mantener a Hezbolá lejos de su frontera. Una suerte de reedición de fallidas experiencias pasadas (el mapa se asemeja al del 6% del país que ocupó durante 15 años, hasta su retirada en 2000), pero en versión limpieza étnica y en medio —al menos sobre el papel— de una tregua recién prorrogada tres semanas.