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Los barrios de mayor renta del país y los distritos con mayor dinamismo turístico suelen concentrar una mayor proporción de contribuyentes que declaran en su IRPF ingresos por el alquiler de inmuebles. En algunas de las urbanizaciones más acomodadas y exclusivas del país, aproximadamente una de cada tres personas perciben rendimientos inmobiliarios. Dos ejemplos llamativos de Madrid son Fuente del Fresno (San Sebastián de los Reyes) y La Moraleja (Alcobendas), donde los porcentajes de caseros alcanzan el 39% y el 36%. La proporción también supera con holgura el 30% en otros barrios acomodados como Pla del Remei (Valencia), Ciudalcampo (San Sebastián de los Reyes) o Pedralbes-Sarriá y Vallvidrera-Tibidabo i Les Planes (Barcelona), en los que la renta media total por contribuyente supera los 100.000 euros.
Los procesos de rejuvenecimiento de las plantillas que llevan a cabo muchas compañías con el objetivo de ahorrar costes no siempre salen a cuenta. La consultora de recursos humanos Talengo ha calculado, con datos estadísticos oficiales del Ministerio de Trabajo y el INE, que las empresas se gastaron alrededor de 27.000 millones de euros en 2025 para reemplazar a los trabajadores más séniors (de más de 45 años) a los que habían despedido un año antes.

Hay una pregunta que David Broncano realiza con cierta frecuencia a la que los invitados a La Revuelta se muestran reticentes a contestar. Y no, no es ninguna de las clásicas referente a relaciones sexuales en el último mes y dinero en el banco. Versa sobre el tiempo que pasa con el móvil el entrevistado. La respuesta llega a sorprender en algunos casos a la persona interpelada, que asegura no ser consciente de pasar tanto rato mirando el dispositivo.
Los europeos nos la jugamos. La elección del próximo presidente del Banco Central Europeo (BCE) no es un concurso de belleza entre españoles y holandeses. Optan, sí, sendos expresidentes de sus bancos centrales nacionales, Pablo Hernández de Cos, y Klaas Knot.

“Tenemos suerte”, suspira Volodímir, de 77 años, asomado al balcón de su casa medio destruida en Kramatorsk. Delante, los hierros retorcidos y roídos por las llamas de lo que hasta una semana antes eran dos de los autobuses de línea de la ciudad. Una bomba planeadora rusa cayó en medio de ambos y mató a 30 personas el 8 de octubre. Volodímir y su mujer, Ludmila, de 67 años, habían salido unos minutos antes al mercado. Al regresar, se toparon sin esperarlo con el infierno en la calle Yuvileina, que transcurre delante de su edificio. “Tenemos suerte”, repite incidiendo en los cuantiosos daños que sufre su apartamento al tiempo que acaba de cubrir las ventanas con tablones facilitados por unos soldados.








Para un mandatario con ambición, gobernar en la tierra de los faraones debe ser una fuente de inspiración y un lastre a la vez. Prácticamente cualquier obra que decida acometer, por muy colosal que sea, quedará lejos de poderle hacer sombra a las célebres construcciones de los dirigentes que le precedieron hace miles de años: el templo funerario de la reina-faraón Hatshepsut, los templos de Abu Simbel de Ramsés II, la Gran Pirámide de Keops.
Llevamos unas semanas muy conflictivas. Sobre todo en las calles de Francia, pero no solo allí. Lo que empezó como una protesta estudiantil por los recortes en la educación pública ha derivado en una revuelta con múltiples focos, a la que se han sumado grupos antisistema, los temidos chalecos amarillos y aficionados a los saqueos. El incendio del Ayuntamiento de Limoges, un monumento del siglo XIX, da una idea del nihilismo que se apodera de las masas enfurecidas. Se ha impuesto el toque de queda en distintos puntos del país, en un momento crítico que representa la agonía del macronismo. Podríamos apelar a la pulsión revolucionaria que ha marcado la identidad francesa, pero es que el malestar por las estrecheces y por el coste de la vida está cruzando fronteras. El fenómeno ha contagiado a Italia, con noches de destrozos y saqueos en Milán, donde Giorgia Meloni ha desplegado soldados, y otras ciudades. También en Bélgica se sublevan los estudiantes, también en Albania. En España y en Portugal, los jóvenes se levantan por la vivienda inaccesible: la acampada de la Puerta del Sol va camino de cumplir su primer mes; las de Lisboa y Oporto han sido desalojadas, como le gustaría a Isabel Díaz Ayuso que se hiciera en Madrid. Muy lejos de aquí, en la India, la última protesta del movimiento de las “cucarachas” se ha saldado con un millar de detenidos.
Media Europa vuelve a salir a la calle este sábado. Hay convocatorias desde Grecia hasta Bélgica, pasando por Albania, Francia, Portugal y España. Son las últimas de un otoño de movilizaciones: entre el 15 de septiembre y el 23 de octubre, 12 países europeos suman al menos 177 protestas o manifestaciones. La cifra es parecida a la media de 190 protestas mensuales entre septiembre y octubre de los otoños más intensos de la crisis del euro (2010, 2011 y 2012), según los registros de PolDem, un proyecto universitario que recopila protestas a partir de noticias de agencias. Francia, España, Italia, Portugal y Bélgica concentran la mayoría de las movilizaciones contabilizadas.

A Paloma le dijeron que su hija, con altas capacidades, era neurodivergente. Poco después le sugirieron que su hijo, con hipersensibilidad emocional, quizá entrara también en esa categoría, que a Paloma le sonó sugestiva y misteriosa, con un toque exclusivo, como de mente fuera del rebaño. En ambos casos se lo comunicaron en el colegio donde lleva a sus retoños, durante sendas reuniones con el equipo de psicopedagogía. Paloma se lo comentó entonces a su psicóloga, quien aportó una nueva evaluación: con dos niños así, lo más probable era que la madre fuese, asimismo, neurodivergente.