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La historiadora y crítica de arte María del Mar Arnús (Badalona, 1945) ha reunido el grueso de sus textos periodísticos publicados entre 1982 y 2026 en La fiebre del arte (Anagrama), un recorrido por la cultura barcelonesa moderna, desde la pintura de Tàpies a la arquitectura de Gaudí o Eusebio Güell.
Pocas confesiones musicales hay tan incómodas como admitir que te gusta Muse. La banda británica lleva más de dos décadas llenando estadios y escribiendo algunos de los himnos más reconocibles del rock del siglo XXI, pero nunca ha conseguido algo que, sobre el papel, debería haber resultado mucho más sencillo: prestigio. En Muse, el éxito nunca ha servido como argumento a favor. Más bien al contrario. Cuanto más grande se ha hecho la banda, más fácil ha sido ridiculizarla.
Sabemos de la tentación que puede llegar a sentir este verano de sacar esa foto que muestre dónde está, con quién, haciendo qué y que, al mismo tiempo, es tan parecida a las fotos que usted mismo ha visto en su feed. Aquí nuestro top cinco de fotografías que aconsejamos evitar si no quiere que la suya sea una más en un mar de imágenes clónicas.
Nos subimos a una tabla de pádel surf mi hijo, mi pareja y yo, y el cachorro, que se había quedado en la orilla con dos amigas, empezó a pasearse nervioso. Llevábamos varios días tratando de que se metiese en el agua sin resultado. Pone la cara de aquel francés que citaba Iñaki Uriarte en sus Diarios cuando vio por primera vez el mar: “Tal cantidad de agua es indecente”. Yo lo bajo a la playa nada más amanecer, cuando no hay nadie, y me baño (ese baño de las ocho de la mañana en el de Atlántico, el baño que anuncia una vida).
El Partido Nacionalista Vasco es un partido católico, apostólico y romano. No en vano, los lehendakaris del PNV juran su cargo bajo la fórmula: “Ante Dios humildemente, en pie sobre la tierra vasca, en recuerdo de los antepasados, bajo el árbol de Gernika, juro cumplir fielmente mi mandato”. Es de suponer, por tanto, que muchos de sus votantes estarán escandalizados por la medida que acaba de tomar el alcalde de San Sebastián, el también nacionalista Jon Insausti. El lunes por la tarde, ordenó a la Guardia Municipal que se presentara en los tres lugares —Plaza de la Constitución, Plaza de Gipuzkoa y alrededores del estadio de Anoeta— en los que varios grupos de voluntarios vienen dando de cenar desde hace años a las personas que viven en la calle. El mensaje de los policías fue tajante: quedan prohibidas las cenas solidarias.
Hay ramos de flores en la entrada; los trae una vecina varias veces por semana. Fotos en los pasillos. Las sillas de ruedas descansan en la puerta. Salvo que sean imprescindibles, las personas se mueven de la forma más autónoma posible. Esto es un centro de día, pero también mucho más. Hay una guardería, una sala de rehabilitación, un comedor para los vecinos de la comarca, un huerto, y se puede ir al podólogo y a la peluquería. “Hemos llegado a tener problemas con inspección porque nunca hemos encajado dentro de lo que la legislación hasta ahora recogía”, cuenta Carmen Bohórquez, coordinadora del centro de desarrollo rural de O Viso, en Lodoselo, una parroquia perteneciente al municipio ourensano de Sarreaus, de poco más de mil habitantes. “Pero seguimos en lucha”, desliza. Y así llevan años, ahora esperanzados porque la nueva ley de dependencia, que se está tramitando en el Senado con visos de aprobarse definitivamente tras el parón veraniego, por fin les da un paraguas bajo el que cobijarse.


Pocos recuerdan que Inés Hernand (Madrid, 34 años) comenzó en redes sociales haciendo vídeos sobre, por ejemplo, consejos jurídicos para la vida cotidiana (como estudió Derecho, Google dice que es abogada). Ahora, esta comunicadora que combina compromiso, humor y torrencialidad, tiene un pie en las cuestiones sociopolíticas con óptica progresista (como el videopodcast Saldremos mejores, con Nerea Pérez de las Heras) y otro en el entretenimiento puro y duro (ganó una edición de MasterChef Celebrity, ha presentado el Benidorm Fest).


La escalada abierta entre Argentina y Brasil tras los últimos insultos de Javier Milei a Luiz Inácio Lula da Silva representa más que un nuevo episodio de tensión entre dos dirigentes que nunca ocultaron sus diferencias ideológicas y personales. En una visita a São Paulo para apadrinar la candidatura de Flávio Bolsonaro a las elecciones del próximo octubre, el dirigente argentino calificó a su homólogo brasileño de “corrupto”, “basura socialista” y “presidiario”. Son ataques que tal vez recojan los aplausos de su parroquia de simpatizantes, pero reflejan un deterioro deliberado de las relaciones internacionales y una visión aberrante de la diplomacia por parte de Milei, en la que el cálculo político interno, la provocación gratuita y la más descarada irresponsabilidad pesan más que el respeto entre gobiernos y la buena vecindad.
La democracia no se agota en la celebración periódica de elecciones. Depende, ante todo, de la existencia de instituciones capaces de garantizar que la voluntad popular pueda expresarse libremente. Entre esas instituciones, ninguna desempeña un papel más decisivo que el poder judicial. Cuando la Justicia deja de actuar como garante de los derechos fundamentales y comienza a interferir en la disputa política, la democracia se vacía de contenido.

Bravos y valientes, nuestros patriotas sulfurosos ya luchan a brazo partido por imponer la “prioridad nacional” y hacer España grande (y una, y libre) otra vez. Para ello, no temen enfrentarse a los más temibles enemigos. Impasible el ademán, acaban de protagonizar un hito en la lucha por la españolidad: la delegación aragonesa de Vox le ha quitado la paga a un grupo de chavales extranjeros bajo la tutela del Gobierno autonómico. La Administración, en un dispendio woke intolerable, les concedía una propina semanal de 17 eurazos (quién los pillara), para que llevasen algo en el bolsillo si salían a darse un garbeo y tenían que pillar el autobús de vuelta. Pues se acabó lo que se daba. Los 17 euros serán solo para los menores españoles tutelados. Los extranjeros, que recurran al trueque o que los roben.