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La Audiencia Nacional investiga una supuesta trama de falsificación de visados con epicentro en el consulado de España en Argelia. La Policía Nacional detuvo a primera hora de este viernes al número dos de esta representación diplomática en la capital del país norteafricano, el canciller Vicente Moreno, y a un trabajador de nacionalidad argelina, como avanzó The Objective y ha confirmado EL PAÍS en fuentes jurídicas. Ambos quedaron en libertad con medidas cautelares horas después.
Desde el interior del salón, en el que los periodistas, políticos y famosos estaban cenando, se escucharon cinco disparos a la altura del primer plato. El área en la que se produjo el incidente, un piso por encima del lugar del evento, fue acordonada inmediatamente. El exterior del hotel, adonde se evacuó a los asistentes, se llenó de policías. El tirador fue identificado como Cole Allen, californiano de 31 años y, según las primeras informaciones, se había alojado como huésped en el hotel.

Ya estamos en primavera, y nos encanta, y en nada llega el verano con todas sus cosas buenas: los días largos, los vestidos ligeros y las terrazas. Pero también el calor y el sudor haciendo de las suyas. ¿El resultado? Las temidas rozaduras en los muslos, que pueden convertir algo tan simple como caminar en una penuria.



En EL PAÍS Escaparate siempre andamos a la búsqueda de los productos más profesionales (y de precio ajustado al bolsillo) en un montón de categorías. Entre ellas, la que tiene que ver con el cuidado y el mantenimiento de nuestro vehículo. En esta ocasión, no os vamos a hablar sobre cómo dejar los faros bien pulidos, las llantas limpias o qué hay que hacer para poner el coche a punto antes de pasar la ITV. A cambio, os compartimos una de las soluciones más prácticas para dejar la carrocería con un brillo superior y un aspecto que acaparará las miradas de vecinos y amigos: nos referimos al poder de la cera de carnauba de alta pureza en una tarea tan técnica como el detailing.




Todo sucedió muy despacio y muy deprisa al mismo tiempo. Todo era muy normal en un momento, y se volvió surrealista en el siguiente. Acababa de empezar la cena anual de corresponsales de la Casa Blanca en la sala de baile del hotel Hilton de Washington. Los más de 2.200 comensales terminábamos el primer plato, una ensalada de burrata y guisantes frescos, y charlábamos, emperifollados en nuestros vestidos largos de gala nosotras, en esmoquín y pajarita ellos, en cientos de conversaciones amables o socarronas —“encantado de conocerle”, “es la primera vez que viene a esta cena?”, “¿apostamos cuántas veces Donald Trump utilizará algunas de sus frases habituales?“—. Desde una de las puertas se oyó una serie de sonidos secos.

La llegada de la primavera trae consigo una gran variedad de actividades al aire libre que, año tras año, se convierten en ese momento ideal para compartir con nuestros seres queridos. Las barbacoas, por ejemplo, son una oportunidad para reencontrarse con amigos y familiares mientras se disfruta de carnes, pescados o verduras preparadas a la parrilla.













Si conduces a diario para ir a trabajar o porque vives apartado de la ciudad y necesitas el coche para moverte con mayor facilidad, seguro que conoces tu coche a la perfección: los ruidos del motor, el truco para abrir la puerta del maletero, el lugar exacto para colocar el parasol para que no queme el volante, el botón que tienes que apretar más fuerte de la radio o cualquier sonido que hace cualquier parte del coche. Es cierto que de estas cosas hay muchas a las que te puedes acostumbrar fácilmente, pero otras son insoportables: el zumbido constante de la radio en carretera, las vibraciones en las puertas o esa pieza suelta en las paredes del maletero que hace ese ruido tan molesto que te pone de los nervios cada vez que haces un viaje largo.




Hay dos ojos que han condicionado la vida de los venezolanos durante más de dos décadas. Unos ojos simbólicos, que estuvieron en las fachadas, en las camisetas, en las escaleras de la ciudad. Eran los ojos de Hugo Chávez: una mirada diseñada para sugerir autoridad, vigilancia, omnipresencia. Una mirada que, incluso después de su muerte en 2013, seguía allí, como si el poder no necesitara ya cuerpo, solo presencia. Hoy esos ojos apenas se perciben en las calles de Caracas, la capital de Venezuela. Su rastro se ha ido borrando en las fachadas como se diluyó el aura que envolvió al chavismo. Ahora parece que hay otros ojos. Otra mirada que no está pintada en muros, pero que atraviesa decisiones, expectativas, miedos. Una presencia no física, pero igual de implacable: la de Donald Trump. El país que fue observado desde dentro ahora se siente observado desde fuera. Y en ese cruce de miradas, Venezuela sigue viviendo como siempre: mientras tanto.
