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La escritora chilena Mariana Callejas (Monte Patria, 1932- Las Condes, 2016) no ha caído en el olvido, aunque cueste encontrar sus libros. Sobre ella y su obra pesa una sombra densa y macabra por su trabajo como agente de la DINA y coautora de atentados. Tuvo tres matrimonios, cinco hijos, un buen puñado de relatos y algunos libros publicados, hoy descatalogados, pero lo cierto es que es su propia vida lo que parece la trama de una novela.


Esta entrevista se hizo en dos asaltos para cuadrar el sudoku de la agenda del entrevistado con la actualidad de su trabajo. La primera, hace semanas, en la sala Michael Jackson de la sede de su discográfica en Madrid, un ultramoderno espacio poblado de artistas y sus respectivas cortes de asistentes, donde Drexler, coqueto, posó largamente para el fotógrafo. La segunda, hace un par de días, por teléfono, desde la soledad de su habitación de hotel en Ciudad de Guatemala, donde actuaba esa noche antes de volar a Costa Rica y finalizar, el 12 de septiembre, su larguísima gira americana antes de empezar, el 26, en Madrid, la española. Pero empecemos por el principio. Estamos solos, dos sesentones frente a frente, en el estudio Michael Jackson, con sus paredes de satén repujado, sus fotos del gran ídolo del pop caído como hombre, y su bola de discoteca en el techo.

Cuando Jorge Drexler (Montevideo, Uruguay, 61 años) se reconoció a sí mismo como "cancionista", ya había escrito varias canciones de éxito para él y para otros. Pero no fue hasta 2004, con la composición y el éxito instantáneo de su tema Todo se transforma cuando se aceptó a sí mismo como tal. Antes, había estudiado y ejercido la medicina, en la especialidad de otorrinolaringología, en su Uruguay natal. Diecisiete Grammy Latinos y un Oscar a la mejor canción original después, estrena ahora la gira española de su disco 'Taracá'.
La ficció ha arribat per ajudar en la comprensió d’uns fets que han marcat, potser massa silenciosament, la història del país: els atemptats gihadistes de Barcelona i Cambrils, que l’agost del 2017 van deixar 16 morts i centenars de ferits. Cronos, la pel·lícula dirigida per Fernando González Molina i protagonitzada per Enric Auquer, narra amb una extraordinària i commovedora fidelitat als fets els quatre dies de caos i malson entre l’atropellament a la Rambla i la captura de l’últim membre de la cèl·lula de Ripoll, Younes Abouyaaqoub, el conductor de la furgoneta. És un thriller vibrant que, en la mesura que posa emocions al que, fins ara, només coneixíem a través de la investigació (policial, judicial, periodística), fa reviure la tragèdia des d’una nova mirada, alhora propera i respectuosa. Però Cronos no és només una pel·li de bons i dolents, de policies i terroristes. També planteja interrogants, que nou anys després segueixen sense esvair-se, sobre la capacitat integradora de la nostra societat. Ho fa a partir de la perplexitat que causa, especialment entre la gent de Ripoll, la participació en la massacre d’uns joves nascuts i criats a la vila que, a ulls de tothom, participaven de la comunitat. El 17-A va portar, de fet, a una reinterpretació del concepte mateix d’integració i va obligar a reformular, també, les polítiques públiques aplicades per prevenir els processos de radicalització. La ficció, com passa amb Cronos, pot ajudar també, i fins i tot de manera més eficaç, a digerir ferides que mai han acabat de tancar-se.

Desde hace unos meses, el Govern va dejando caer la idea de que es necesario reformar el sistema de escuela inclusiva, que propugna la escolarización de alumnos con trastornos y discapacidades en centros ordinarios y no de educación especial. Es un debate incómodo, pero se ve obligado a abrirlo ante los graves fallos del modelo: el número de alumnos con necesidades no para de crecer, pero los recursos no aumentan al mismo ritmo. La consecuencia es que,en muchos casos, esos alumnos no están bien atendidos y los maestros se sienten desbordados y exhaustos; la escuela inclusiva ha sido, de hecho, el principal detonante del conflicto educativo que arde con fuerza desde el curso pasado en Cataluña.

Durante muchos años, Catalunya en miniatura ha sido una vía fácil para descubrir el patrimonio arquitectónico catalán, con su recorrido de maquetas que muestran también la geografía y la cultura del país. En 1983, cuando este parque se inauguró, debió ser un proyecto fascinante, pero hoy en día la experiencia se queda solo en la superficie si se compara con las posibilidades de la realidad virtual. Esta tecnología ha redoblado las posibilidades de conocer y comprender el patrimonio y la Generalitat de Catalunya ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para ofrecer una nueva forma de ver y vivir los monumentos bajo el nombre de Els ulls de la història, una mirada inmersiva que permite completar la experiencia de las visitas, aprendiendo cómo se vivía y cómo eran en el pasado monumentos históricos.
El 11 de septiembre del año pasado, Brasil enviaba un potente mensaje al mundo. La condena a Jair Messias Bolsonaro por liderar un complot golpista tras perder las elecciones demostraba que la justicia puede castigar a quienes socavan desde dentro el orden constitucional y las instituciones. Los jueces del Supremo brasileño soportaron estoicos la formidable presión del estadounidense Donald Trump. Los demócratas, con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, paseaban su orgullo. Un año después, Brasil se prepara para unas elecciones muy disputadas, con muchas caras conocidas y la corrupción, de vuelta, como tema central. Un tsunami en los moldes del escándalo Lava Jato que dio la vuelta como un calcetín a la política brasileña antes de ser enterrado por la justicia.
El pueblo de Widow’s Bay es tan, tan raro que sigue teniendo teléfonos fijos. Hay, incluso, cabinas públicas. Y no es solo que existan: es que se usan. Sin cobertura para móviles, no hay otro remedio. Esa curiosidad, hoy inquietante, que provoca una sonrisa con la cabeza ladeada por la extrañeza, se traslada a toda la serie, que tiene como telón de fondo ese pueblito de ficción del este de Estados Unidos. Porque La maldición de Widow’s Bay despista. Entre el susto, la fantasía, la carcajada, el hiperrealismo y lo desconocido, el espectador está a la expectativa de lo que pase en ese rincón raro y remoto.
La política española está en precampaña y la izquierda se mueve ya para tomar posiciones de cara a la gran batalla que serán las generales previstas en 2027. En un escenario de división y mucho más débiles que hace tres años, Podemos se sacudió ayer la enorme presión para acudir en una papeleta unitaria a las urnas —lo que permitiría rentabilizar votos en un contexto muy difícil— con el lanzamiento de la candidatura de la eurodiputada y exministra de Igualdad, Irene Montero, y su propuesta para celebrar primarias abiertas. Esto es una fórmula que acogería a candidatos de otras organizaciones y en la que todo el mundo, no solo la militancia de Podemos, podría votar para elegir al aspirante a la presidencia y el resto de la lista. El movimiento permite además al partido que dirige Ione Belarra marcar el paso a las formaciones de Sumar en el Gobierno, que llevan meses trabajando en una candidatura conjunta, pero aún no han decidido ni marca electoral ni candidato, y las obliga a pronunciarse respecto a su iniciativa.
No soy partidario de las sinopsis porque inducen al peor equívoco: que las historias tratan de algo. “¿De qué va?” —expresión hermana de “no me hagas espóiler”— es la demanda de información más grosera que se puede hacer para valorar una narración. Ante la pregunta “de qué va Guerra y paz” solo cabe la respuesta de Woody Allen: “Va de Rusia”.
“Lo único que se interpone entre mis vacaciones y yo son ustedes”, bromea Zohran Kwame Mamdani al recibir a El País Semanal la tarde de un viernes. Está a punto de tomarse una semana libre, su primer descanso desde que llegó a la Alcaldía de Nueva York a principios de año. Será una pausa necesaria. No solo porque desde enero ha llevado un ritmo frenético con una agenda pública abarrotada y cronometrada hasta el último segundo, sino porque la vida de este milenial de 34 años se ha visto completamente transformada en muy poco tiempo. Hace un año vivía junto a su esposa en el apartamento de una habitación de renta regulada en el condado de Queens que alquilaba desde 2018. Ahora reside en una mansión construida en 1799 al otro lado del East River, en Manhattan, y es uno de los políticos más influyentes de Estados Unidos.