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Eliseo Omar Basurto es uno de los personajes más geniales, despiadados, sibilinos y astutos que ha dado la televisión en la última década. Guillermo Francella ha logrado que seguir al portero de una comunidad de vecinos en Buenos Aires sea apasionante y divertidísimo. Pero ni su carisma salva a los derroteros que ha tomado El encargado en su exagerada y desmadrada cuarta temporada, que acaba de aterrizar en Disney+.
La nostalgia es como cualquier sustancia estupefaciente: algo que sería mejor no tomar, que tomado en exceso es letal, pero que, a veces, administrado con tiento y moderación y en el sitio y el momento adecuados, sienta maravillosamente. El problema es que, cuando todo esto último sucede, el cuerpo y la mente nos piden repetir, y tanto la nostalgia como los estupefacientes, cuanto más se repiten más crecen sus efectos nocivos y más se disipan los placenteros. Iván Ferreiro (Nigrán, Pontevedra, 55 años) pensó hace un tiempo que tal vez iba ya siendo buen momento de sucumbir a la nostalgia y celebrar los 20 años de Canciones para el tiempo y la distancia, su álbum más icónico. Luego, cayó -o le hicieron caer- en que pronto se iban a cumplir 35 años de su carrera musical. “Mira, no soy muy de mirar atrás, pero sí de hacer una fiesta. En mi cumpleaños no pienso que tengo un año más, pero sí que puedo hacer una fiesta”, recuerda el músico gallego. “Han pasado 35 años y me siento algo más viejo… Yo no pensaba celebrarlo, pero mi hermano Amaro, mi mujer y todos me animaron. Al final vi una buena oportunidad de mirar atrás y coger perspectiva”.

Mario Sanz Fernández-Vega (Segovia, 54 años) es el fiscal de sala coordinador de Seguridad Vial desde mayo de 2025. De él depende una red de más de 80 fiscales repartidos por toda España, 50 delegados en las capitales de provincia a los que se unen los fiscales de enlace en las grandes poblaciones. Su función es ver que se aplica el Código Penal en toda su extensión y que se defienden los derechos de las víctimas y de sus familiares. Licenciado en Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, aprobó en 2001 con una semana de diferencia las oposiciones de jueces y fiscales. Se decantó por los segundos porque quería ver “el Derecho Penal en todas las facetas, desde la instrucción al enjuiciamiento”. Ha pasado por las Fiscalías de Cádiz, Pontevedra y Collado Villalba (Madrid) hasta que recaló en junio 2012 en la unidad de Seguridad Vial como fiscal adscrito, donde supervisa junto con otros dos compañeros todos los casos con fallecimientos y lesionados de especial gravedad.
El único recuerdo que Casimira Moreno tiene de su padre, Eusebio, es una imagen borrosa. Estaba subido, esposado, en la parte trasera del camión que lo trasladó de su domicilio en Peñalsordo (Badajoz) a un lugar desconocido. Era el 31 de enero de 1940. Casimira —que no llegaba a los cuatro años— ni sus dos hermanos ni la madre, Blasa, volvieron a verle vivo. Casi año y medio después supieron que murió de “neumonía” el 9 de marzo de 1941 en el penal de Orduña (Bizkaia). Eusebio Moreno tenía 40 años. Casimira recuerda que se enteró cuando su hermana mayor, con ocho años, comentó al cartero del pueblo que su madre había llorado mucho con la última carta y el cartero le respondió que no habría más.
Hay un fantasma benévolo que sobrevuela cualquier integral de los conciertos para piano de Beethoven dirigida desde el teclado: el de Daniel Barenboim. Javier Perianes lo asume sin reservas estos días en el Palau de Les Arts de Valencia, donde graba para Harmonia Mundi el ciclo beethoveniano al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana. “Indiscutiblemente, él ha sido un modelo en esta manera de hacer los conciertos de Beethoven, y no solo para mí, sino para todos”, admitía el pasado viernes, pocos minutos antes de iniciar la segunda sesión de grabación.

Para cuando, en los primeros balbuceos de la democracia, aquel 4 de mayo de 1976, EL PAÍS salió a los quioscos, la ONCE llevaba ya casi cuatro décadas consagrada a una misión que muy pronto coparía las páginas más sociales del diario naciente: hacer de las personas con discapacidad, que por entonces sobrevivían de la beneficencia, ciudadanos de pleno derecho. La imagen más reconocible de la organización era la del vendedor ciego de cupones apostado en un rincón de la calle y vociferando las cantidades que los boletos repartían en premios; la síntesis de una red que sustentaba a las personas ciegas en un estado que apenas empezaba a hablar en alto sobre derechos sociales.


Los colores del logo, al que cariñosamente se refieren como Oncelio, representan cada una de las ramas de trabajo que, a lo largo de los años, el Grupo Social ONCE ha ido sumando a sus labores para la formación, empleo e integración de las personas con discapacidad.

Un leve tintineo anticipa la llegada de Eugenia Martínez de Irujo (Madrid, 58 años), vestida con un conjunto blanco salpicado de lentejuelas bordadas y diminutos cascabeles. Es una de las propuestas de Felicità, el nombre de la línea que ha creado junto a la firma francesa Antik Batik. Las 22 piezas de esta colección cápsula presentan como hilo conductor los dibujos florales de la duquesa de Montoro, plasmados en forma de bordados en vestidos, blusones y hasta en un chaleco inspirado en “el típico traje de corto” utilizado para montar en Andalucía y que conecta con su madre, la recordada duquesa de Alba, de quien este año se conmemora el centenario de su nacimiento. “Gabriella [Cortese, fundadora y directora creativa de Antik Batik] me dijo que quería también un toque del sur, y por eso están representados los volantes y en las faldas de rayas hay una enagüilla de puntilla”, explica Martínez de Irujo sobre las prendas.


A mediados de los ochenta, The Clash no atravesaban su mejor momento. En un giro pasmoso, el líder Joe Strummer (Ankara, Turquía, 1952, fallecido en 2002 a los 50 años) y su controvertido mánager, Bernard Rhodes, prescindieron de media banda –el guitarrista Mick Jones y el baterista Topper Headon– por, presuntamente, mala conducta profesional. Mientras preparaba Cut The Crap (1985), álbum final del grupo, por el que recibiría sus peores críticas, Strummer se refugió en Andalucía para “sanar y curarse las heridas”, según contó al Diario de Granada en su única entrevista allí. También para recobrar ese anonimato que, por lo dispar de la situación geográfica, hacía pasar a una de las mayores estrellas de rock planetarias por un extranjero borracho en un bar cualquiera.


El nuevo lujo de la belleza no es silencioso, es algo más básico, que la piel funcione. Y, por fin, TikTok parece haberse dado cuenta. Por el retrovisor vemos cómo algunas modas virales se alejan: muchas inocuas (aunque caricaturescas), como pintarse pecas con brócoli o aplicarse rubor con remolacha, y otras algo más peligrosas, como el face taping, que consistía en ponerse tiras adhesivas en el rostro para prevenir las arrugas y tensar la piel. “Lo poco gusta y lo mucho cansa”, advierte el refranero popular. Y esto es extrapolable a la belleza, que empieza a mostrar signos de fatiga viral.