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Dormir bajo los mismos techos que cobijaron a Leonor de Aquitania y Ricardo Corazón de León y, siglos después, a los presos más peligrosos de Francia ya es posible. La abadía de Fontevraud, el mayor complejo monástico de Europa, fundado en el siglo XII, ha culminado una metamorfosis que estira sus hilos desde el románico hasta el diseño industrial más limpio del siglo XXI. Clasificado como monumento histórico en 1840, el monasterio es Patrimonio Mundial de la Unesco desde el año 2000. Este histórico recinto del Valle del Loira, que llegó a ser una pequeña ciudad, se postula como un faro de hedonismo contemporáneo, si entendemos hedonismo por desconexión y por silencio.
Franco ya ha muerto y una desconocida Enriqueta Lewy Rodríguez pasea junto a su nueva amiga Estela Galván por las calles de Madrid. Es una de las mejores escenas de Relaciones peligrosas, el tebeo de Koldo Azpitarte (1970) y Mikel Bao (1971) que puede leerse como una biografía de quien fuera secretaria de Santiago Ramón y Cajal. Las gentes se cruzan con Lewy y no saben quién es esa mujer de apellido polaco, que ya está más cerca de los setenta que de los sesenta, pero en su memoria ella preserva un antiguo tesoro: el recuerdo de una etapa memorable de la ciencia española, al que suma las experiencias de un sufrido destierro que la llevó del Moscú estalinista a la China comunista enmarcadas en la situación del PCE en el exilio. Antes del fin de la dictadura, gracias al apoyo de viejos amigos, Lewy volvió a España, pudo reintegrarse en el CSIC y su principal proyecto intelectual fue restituir la memoria del maestro: redacta Así era Cajal. Durante el proceso de escritura del libro, tal como imagina esta ficción histórica, descubrió aspectos de la vida del Premio Nobel y amor platónico que hacían su figura más compleja y menos pura. Estela le pregunta a Enriqueta si los incluirá. Mejor no. “Nadie sería capaz de enfrentarse a su pasado sin ayuda de ese olvido. Y, yo, mucho menos que nadie”.

Pregunta. Tengo plaza de garaje y trastero en una comunidad. ¿Tengo que asumir una derrama importante por vicios de construcción en zona comunes cuando por no tener vivienda se me veta el uso de la piscina? Además solo uso el garaje dos meses al año. F. García
Cuando era niño hubo una imagen relacionada con la comida que se me quedó grabada en la mente. Se trataba de unos sesos de mono servidos directamente en el cráneo del animal que aparecen en la escena del banquete del marajá de la película Indiana Jones y el templo maldito. Un ágape terrorífico en el que también se servían escarabajos gigantes, serpientes vivas o una sopa de ojos que, al removerla, miraba fijamente a la protagonista femenina, Willie Scott.

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Cuando llega el frío y los termómetros se desploman, el número de capas de ropa que nos ponemos a diario aumenta considerablemente. Son esas mismas capas que, tras unos minutos en el transporte público, sentimos la necesidad de quitarnos una a una para no asfixiarnos de camino a nuestro destino. Sin embargo, aunque confieso que yo también era una de esas personas, hace tiempo que abandoné el grupo.








Nunca supimos que lo que se cocía en nuestras casas en aquellas noches de invierno iluminadas por una Philips en blanco y negro era una flor. Demasiado lirismo para tan triste cena, demasiadas ínfulas hortícolas para acabar inundando el piso de aquel pestilente olor a azufre y ajo frito. Pero así eran las cosas, las verduras y las lamentaciones: inútiles, banales, desabridas y repetitivas. Si no querías coliflor rebozada con huevo y pan rallado, coliflor al ajoarriero, coliflor con fideos, coliflor con mahonesa, mejor ni te sentaras a cenar.




Las reglas del juego están cambiando drásticamente para el vino y éste busca cómo adaptarse. Pese a ser una bebida con una larga tradición en nuestro país, su consumo está en retroceso. Además, la creciente variabilidad climática ha hecho que cultivar uva se haya convertido en un reto mayúsculo. Los viticultores son uno de los eslabones del sector vitivinícola que más están acusando este nuevo escenario y asisten impotentes ante el desplome del precio de la uva.
Este martes los 10,4 millones de internautas brasileños que forman el ejército digital de Lula han recibido a primera hora un mensaje del presidente, todavía en el gimnasio tras su sesión diaria de ejercicio. En un vídeoselfie, hablando directamente a la cámara, el mandatario reelecto ha pedido que “la sociedad civil siga de cerca” la audiencia pública en la que el Tribunal Supremo empezó a analizar la constitucionalidad del decreto presidencial que vetó las apuestas digitales en plena campaña electoral. Con ese mensaje directo al móvil de uno de cada 20 brasileños media hora antes del inicio de la vista judicial, Lula recurre a un instrumento para comunicarse con sus votantes —y hacer política— que demostró su poderío en los comicios. Esa tropa digital es considerada un ingrediente clave de la épica victoria hace nueve días.